En tiempos de Franco quienes tenían interés en ver películas porno, se veían en la obligación de cruzar la frontera y acudir a Francia a presenciarlo, porque aquí, en España, estaba prohibido.

Ahora no es preciso cruzar la frontera para eso, mas sí para vivir en paz. En España, y eso incluye Cataluña, se prohíbe hablar, y aprender y escribir la lengua oficial española en varias de sus comunidades, bajo pena de fuerte sanción administrativa. Se prohibe la exhibición de banderas nacionales en los balcones oficiales de los ayuntamientos españoles, y eso incluye Cataluña. Y, siempre que se puede, se evita y se sanciona, y se persigue su exhibición pública en cualquier lugar de Cataluña. Se quieren eliminar las muñecas flamencas, y luego vendrá el flamenco y todo lo demás que suene o huela a raíces españolas e históricas. 

En el resto de España, mientras, se prohíbe conducir a más de 120, 90, 60, 50  kilómetros por hora, o menos, en según que vías. Velocidades en vigor hace cerca de un siglo cuando las carreteras eran apenas caminos de cabras y los vehículos, bicicletas grandes con un pequeño motorcillo. Hoy día, casi cualquier vehículo alcanza los 180 kilómetros por hora, y muchos de ellos los 200 o más sin suponer ningún esfuerzo para su motor, y lo hacen sobre carreteras amplias, firmes, sólidas y de dos, tres o cuatro carriles. Pero las velocidades máximas, bajo sanciones desproporcionadas y despojamiento del permiso de conducir, son las que he mencionado más arriba.

Se prohíbe fumar. En una sociedad en la que, los de mi quinta, nos criamos con la imagen de nuestros padres con el pitillo en la boca todo el día y nuestros máximos referentes cinematográficos haciendo gala y exhibición de la hombría en unos casos, y la feminidad en otros que tal "hábito" suponía. Campañas multimillonarísimas de publicidad para convencer explícita o implícitamente de lo chulo que es el fumar y para generar beneficios desorbitantes que el Estado asume en la mitad de los ingresos de la venta del tabaco para ,ahora, que se siguen llevando buena parte del beneficio, prohibirlo en casi todas partes. 

Esta prohibido conducir sin cinturón, circular en moto sin casco -cuando es exlusivamente la propia seguridad la que está en juego-, hablar por el móvil en el coche -como si no se distrajera uno igual hablando mediante el manos libres-. Y beber. Y  leer, difundir, editar o escribir determinadas cosas. Esta prohibido pensar, en general, y de una forma que cuestione el sistema partitocrático, en particular. Incluso, en España, ¡ES DELITO!porque el Estado de las libertades no es sino EL ESTADO DE LA REPRESIÓN. 

Quienes me conocen saben que no soy especialmente aficionado a las Corridas de Toros. Hace unas semanas me invitaron unos amigos míos y, al atravesar el patio inferior de la plaza, todos ellos firmaron a favor de conservar la Fiesta Nacional. Yo no firmé. Pero respeto por encima de todas las cosas LA LIBERTAD. 
Los Toros, además de una Fiesta Nacional, que es lo que molesta en realidad, es un negocio que da de comer a miles de personas. Ninguna abandonará tal negocio sino que lo trasladará al resto de España provocándose con ello que los aficionados taurinos atraviesen los límites de Cataluña -cada vez más parecidos a una frontera por medio de los peajes- para disfrutar de su afición y su negocio. Como antes con el porno.

Casualmente quienes han apoyado LA PROHIBICIÓN de los Toros en Cataluña, son los mismos que han excluído de la misma la tortura que supone la fiesta de los correbous. En los municipios de las tierras del Ebro las celebraciones con toros son una tradición centenaria que ningún partido político, especialmente los nacionalistas catalanes, se atreve a cuestionar. Los correbous [corretoros, en traducción literal del catalán] son los encierros propios de las fiestas mayores en las localidades de la zona. En ellos, los animales son cercados y más o menos maltratados según el lugar, la tradición -en algunos pueblos se le ponen bolas de fuego en los cuernos- o las ocurrencias improvisadas de los jóvenes armados con palos y barrotes durante las fiestas.
Los políticos asumen que prohibirlos supondría un coste político impagable. Por ello desde el inicio del debate aseguraron a las bases locales que la prohibición a las corridas iría de la mano de una norma que blindaría a los encierros con una ley específica. El argumento consensuado es que a estos toros locales no se les da muerte...

No se les da muerte ante el público. Se hace mediante una descarga eléctrica en los correspondientes campos de exterminio

Son los mismos que apoyan la ley del aborto, y lo desean libre y gratuito, porque maltratar un animal, según quién lo haga y dónde, está bien o hay que prohibirlo. Pero el asesinato de bebés inocentes e indefensos en el seno materno hay que promocionarlo en cualquier lugar.

Son estos "progresistas" de palo, los que prohibirían de nuevo el alcohol, ya intentan prohibir el tabaco y prohiben el consumo de drogas del que se financian gobiernos y estados sobre la sangre de miles de hombres y mujeres inocentes y míseros, por su empecinamiento de no legalizarlo.

El toro y su final, a quienes han conseguido prohibir la fiesta, les importa un carajo. Sólo tratan de manipular, una vez más, a su antojo,  a las multitudes que les jalean mientra torturan a los mismos en los encierros y los  correbous, que después serán exterminados con una descarga eléctrica.

Hago mías las célebres palabras de Voltaire: "No estoy de acuerdo con lo que dices (o haces), pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo."

Frente a la HIPOCRESÍA Y la REPRESIÓN, yo abogo por la LIBERTAD.