III UN AÑO DE TRANSICIÓN

1932 fue una etapa de transición para aquella incipientes JONS. Los contactos que, en 1931, se habían establecido con los muchachos de Onésimo Redondo Ortega, que editaban en Valladolid el semanario "Libertad", cuajaron en la unidad de las JONS, cuyo manifiesto firmó, con Onésimo y Ramiro, Antonio Bermúdez Cañete, cordobés procedente de la derecha.

De aquel grupo de Onésimo, diría Ramiro en 1935, tras su separación de la Falange: "Este grupo no ofrecía muchas garantías de fidelidad al espíritu y a los propósitos de las JONS, pues estaba compuesto, en su mayoría, de antiguos "Luises" y con plena formación reaccionaria". Pero Ledesma y los demás fundadores consistas, deseosos de ampliar el radio de la organización y utilizar en lo posible el máximo de colaboraciones, en la creencia de que más tarde llegaría la formación consista de los militantes, no mostraron inconveniente en gestionar el ingreso de este grupo en las JONS, ofreciendo, además a Onésimo Redondo, un puesto en la dirección nacional de Partido.

El 2 de Abril de 1932, Ramiro Ledesma intenta la exposición de sus tesis consistas en la tribuna del Ateneo, pero el público hostil no le dejaba hablar y todo termina a mamporros. Pero se había hecho un acto público de valiente presencia en la forma más audaz que en aquella época era posible concebir.

Guillén Salaya, en su libro, "A las sombras de nuestras vidas", cuenta que la C.N.T. fue la única organización obrera de tipo extremista que permaneció neutral en la reacción izquierdista contra la audaz aparición de las JONS en el panorama político del país.

Dentro de la C.N.T, -sigue diciendo Guillén-, había muchos elementos que tenían grandes simpatías por el nacional-sindicalismo. Su odio al marxismo y su trato continuo con las mentalidades absurdas, obtusas y disparatadas de los ilusos cretinos o criminales anarquistas, los hizo ir percatándose de que era llegado el  momento de ir quemando las tiendas libertarias, con sus espesos sueños utópicos e ingresar en el Nacionalsindicalismo. De aquí que cuando apareció el primer manifiesto antijonsista, con en el que figura la firma de un vocal de la Regional de la C.N.T., esta se apresuró a conminar a quien había hecho tal cosa, haciendo con el ello el juego a los propagandistas de Moscú. Digamos que el firmante -añade Guillén- era un mandante de mucho cuidado. Se hacía llamar Wilkens -era maestro asturiano-, y estuvo condenado a muerte en Rusia en el año 21, ¡por pertenecer a una banda de ladrones de cadáveres!. De la cárcel de Moscú lo sacó el profesor judío marxista Fernando de los Ríos. Wilkens, sin duda, estaba en la organización cenetista al servicio de los socialistas.

Al fracasar el golpe de Estado de 10 de agosto (el organizado por Sanjurjo y que estalló principalmente en Sevilla y Madrid, con éxito parcial solo en la capital andaluza), las JONS sufren una persecución enconada. El Gobierno se propuso acabar - y claro es, no lo consiguió, comenta Guillén, - con aquel brote juvenil e hispánico que con tanto ardor se había tirado al ruedo de la política... La policía de Madrid se desplegó en busca y captura de Ramiro. Pero no logró dar con su paradero. Onésimo, sobre cuya cabeza pesaban catorce años de presidio, con que deseaba obsequiarle el fiscal, huyó primero a Braganza y luego a Oporto. La policía de Valladolid, queriendo quedarse con prensa consista, detuvo a triunvirato local... Con la ausencia de Onésimo muere "Libertad", el gran semanario de combate nacionalsindicalista, dice Guillén Sala, mientras agoniza aquel año de transición que fue 1932 para las JONS.

Pero, antes los consistas ya habían iniciado su acción sindical preparatoria de una operación de altos vuelos.

Con la aparición de las primeras JONS en Madrid, Valladolid y Zaragoza y algunas capitales más de España - cuenta Palma - comenzó la agitación nacional-revolucionaria en las dos grandes centrales sindicales que ejercían el control de la casi totalidad de la clase obrera sindicada, UGT y CNT. Por el triunvirato nacional de las JONS, constituido por Ramiro Ledesma Ramos, Bermúdez Cañete y Onésimo Redondo, se cursaron, por orden circular, a todas las provincias en que había grupo jonsista, las primeras consignas para llevar a cabo una labor eficaz de captación y agitación dentro de las centrales sindicales mencionadas.

Eran estas:

1 Inyectar dentro de los grupos sindicales de dichas centrales todos los elementos obreros afines a nosotros.

2 Que estos camaradas se encarguen de al agitación revoluciona nacional-sindicalista dentro de esos grupos sindicales, hasta conseguir formar una gran potencia de oposición nacional-sindicalista que descomponga la unidad sindical.

3 Una vez desarticulados los cuadros sindicales marxistas y anarquista nos será fácil la constitución de sindicatos revolucionario nacionales y anticlasistas.

4 La forma más fácil y eficaz de conseguir lo que nos proponemos es que, apoyados en la inmoralidad política y económica, y en la traición de que son responsables a diario los jefes marxistas y anarquistas ante los trabajadores de España, se les flagele violentamente en las reuniones y asambleas sindicales para que, poniendo de manifiesto sus conducta, se les desprestigie y se les anule para la acción sindical revolucionaria.

No sabemos si estas consignas - sigue diciendo Palma - llegaron a todos los lugares que se enviaron, por que el servicio de Correos, en manos de los marxistas, intervenía y boicoteaba la correspondencia nacional-sindicalista. Creemos que no, por qué nada se hizo en ese sentido; a Valladolid sí llegaron por qué Onésimo Redondo, que había intervenido en sus elaboración en Madrid, a su regreso las trajo consigo. No había que perder tiempo para probar si éramos capaces de dar la batalla al marxismo y al anarquismo en su propio terreno. Así lo dijo Onésimo el día siguiente de llegar de Madrid con las consignas.

Por entonces, al frente de las JONS de Valladolid - continua escribiendo Gutiérrez Palma - había un triunvirato compuesto por Onésimo, Zataraín y González. Este último era el primer obrero incorporado al nacionalsindicalismo. Trabajaba en el ferrocarril del Norte y nunca había militado en organizaciones de tipo internacionalista... Su gran amor a la causa nacionalsindicalista le llevó a la cárcel y a perder el jornal con que atendía a las necesidades de su casa.