II LA HUELGA DE LA TELEFÓNICA

Entonces -sigue diciendo Ramiro- primera semana de Julio (1931), tuvo lugar la famosa huelga telefónica, primera acometida revolucionaria que se desencadenó contra el timorato Gobierno provisional. Pudo ser en efecto el camino de la toma del Poder por los Sindicatos y el ensayo a fondo, de la Revolución social Española. "La Conquista del Estado" encontró en la huelga motivo de agitación contra el pulpo capitalista yanqui, aposentado en la Compañía Telefónica.

De ahí que no ahorrase esfuerzo en favorecer la huelga aun sabiendo, de sobra, el director (del periódico) que tras ella existía un propósito y un plan subversivo para derribar el Gobierno provisional.

Este, tanto por miedo a las represalias del capitalismo estadounidense como por miedo a dicha subversión revolucionaria, se encontraba nerviosísimo ante el desarrollo de la huelga.

"Los sindicalistas que formaban el Comité encargado de dirigir el conflicto, tenían la seguridad de que su misión histórica era servirse de él como palanca revolucionaria. A estos efectos buscaban colaboradores, argumentos, y recibían y aceptaban los ofrecimientos múltiples que se les hacían desde los más variados sectores, no el menor el de la misma policía.

Pero la C.N.T no contaba con un equipo de diez o doce hombres con capacidad de conductores ni de organizadores triunfales de la revolución, entonces ya casi madura pues se daban las circunstancias de un régimen sin constituir, ingenuo y con las defensas fáciles de vulnerar por múltiples puntos. La C.N.T no contaba más que con esa heroica capacidad elemental y primitiva, muchas veces heroica, de sus militantes pero sus hombres, por vicio y defecto inexorable de la ideología anarcosindicalista eran entonces, y lo han sido siempre, en absoluto incompatibles con una técnica revolucionaria eficiente.

El fracaso de la huelga telefónica marca el descenso o, por lo menos, la paralización revolucionara de la C.N.T en 1931. Muchos de sus dirigentes se convencieron de la impotencia cenetista para vencer al Gobierno provisional. Así lo confesaron, en la redacción del periódico, dos o tres de ellos.

Para "La Conquista del Estado", dicha huelga supuso, así mismo, un grave quebranto. No de lectores ni de eficacia, que en eso aumentó, sino de económico y represivo. Económico, por que diversas acciones y actividades, con motivo de la huelga y de la campaña contra la Telefónica, debilitaron la caja del periódico en unas cinco mil pesetas. Y represivo porque, en vista de la de la violencia con que se efectuó esa campaña, enlazándola naturalmente, con la traición del Gobierno, que favorecía de un modo lacayuno los intereses yanquis, se dispuso la Dirección de Seguridad acabar con el Semanario.

A más del encarcelamiento de Ledesma, lo que es lógico supusiese grave contratiempo, se recogía el periódico de una manera sistemática, llevándolo la misma Policía al fiscal. Cinco semanas seguidas fue procesado el directos por diversos títulos, siempre relacionados con la Telefónica o con los separatistas.

Efectivamente, las consecuencias para el incipiente movimiento fueron buenas y malas, como dice Ramiro. Malas porque aquella adhesión a la huelga revolucionaria representó persecución y quebranto económico, pero buenas, sin duda alguna, porque vinculó a los hombres de Ledesma al movimiento obrero más intransigentemente revolucionario, y a sus dirigentes, de lo que se deduciría la posterior incorporación militante a las JONS de hombres como Olalla, Sinforiano Moldes, Nicasio Álvarez de Sotomayor, que tan activo y destacado papel había jugado en la C.N.T.

El 25 de Julio, la Policía intervino la edición de la "Conquista del Estado" cuando ya iban editados 2.000 ejemplares, pero los camaradas saltaron la tapia, por detrás del edificio, y se los llevaron. Se suspendió la salida del periódico y solo pudo reanudarse el 3 de octubre del 1931.

Convencido Ramiro de la necesidad de  promover algo más que un periódico político, el 10 de octubre de 1931 dio a conocer la fundación con sus amigos y con los colaboradores que le quedaban en el periódico, de un movimiento político que bautizaron con el nombre de Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista.

El 30 de Noviembre siguiente presentaron los estatutos jonsistas en la Dirección General de Seguridad, y se iniciaba así una nueva etapa. En la anterior, los sindicatos obreros se acercaron a las JONS y el grupo fundador; en esta, serán los jonsistas los que abran camino propio y se apresten a ala competencia revolucionaria. Al iniciar aquella etapa, las JONS de Ramiro Ledesma contaban con nueve militantes.