(Por razones independientes de mi voluntad me veo obligado reducir en esta entrada las proporciones a las que vengo ateniendome en mi blog ultimamente, con el propósito principal de no faltar a mi cigta mi diaria con los que aqui me leen; a lo que hasta aquí les tengo habituados)

Los portugueses arrastran de antiguo la idea yel sentimiento en ellos arraigadísimos -como tuve ocasión de descubrirlo durante mi estancia en la cárcel portuguesa- de verse depositarios de antiguo de secretos de España y de los españoles referentes a momentos cruciales de nuestra historia como lo fue la guerra civil castellana que libraron Pedro I el Justiciero y la casa de Trastamara o de sucesos cruciales de nuestro pasado reciente como lo fue el ocurrido en Estoril en 1956 hasta hoy nunca esclarecido que por mas que se viera enterrado en su momento no pudo escapar (inimaginable siquiera el pretender lo contrario) a una investigación en regla de los organismos e instancias competentes del país vecino.

Y pienso en concreto en una de las instituciones mas emblemáticas y famigeradas de los años del Estado Novo y del momento preciso en que se produjo el luctuoso suceso y me refiero (todos ya lo han adivinado) a la PIDE (Policía Internacional de Defensa del Estado) como la bautizaron sus mentores temible pro la eficacia sobre todo) de sus actuaciones y lo acreditado y lo riguroso de sus métodos (policiales)

La familia de Juan Carlos encontró en el Portugal de antes de Abril tierra (generosa) de asilo por mas que el conde de Barcelona tras la revolución de los claveles se esplayara en reproches y acusaciones contra sus (generosos) anfitriones de la víspera.

Y en la actitud del padre de la monarca actual cabe tal vez reconocer un reflejo de auto defensa con relación a unas instancias -me refiero alpoder politico- que habían cambiado de manos; y por de conducta imprevisible en los sucesivo en lo que a casos como el que evoco se refería.

Y un detalle todo menos trivial acentuaría mis sospechas y fue la cobertura mediática (generosa) que ofreció la prensa portuguesa y en particular el semanario O Expresso a mi acto de protesta delante del palacio real de Bruselas con ocasión de la visita del rey a Bélgica en el 2000 que reprodujo integralmente los gritos que proferí en aquel trance (...)

En una reciente discusión en una pagina web amiga en la que intervienen amigos y camaradas de antiguo salía el tema de la revolución portuguesa del 25 de abril, una efemérides que cumple un nuevo aniversario dentro de unos días.

La discusión refleja a mi juicio sobre todo la visión color de rosa de aquel acontecimiento -tan funesto- en la memoria colectiva de los españoles y habrá puesto también de manifiesto la urgencia de una tarea de revisión de la historia autentica -y por ende (mas o menos) secreta- de aquel movimiento revolucionario que gravitaría fatalmente sobre la evolución ideológica y el quehacer político que habrá protagonizado la sociedad española en las ultimas decadencias, desde entonces.

Y de mención indispensable se me antojan algunos puntos de interés mal conocido en la vulgata que habrá venido circulando hasta hoy de la revolución (portuguesa) de los claveles.

Y el primero se remonta a la prehistoria por decirlo así del 25 de Abril y me refiero en concreto al movimiento insurreccional que tuvo como protagonistas al capitán Enrique Galvao -el último pirata del mar como la prensa española de entonces- y al que figuraba como cabeza indiscutible en un plano político de aquella intentona y me refiero al general Humberto Delgado, y de su episodio mas culminante el secuestro del en altamar del transatlantico Santa María"

El caso Humberto Delgado figuro en el principal cuaderno de agravios contra el Estado Novo y sus prohombres a seguir al Veinticinco de Abril, y en los años precisos que pase en la cárcel portuguesa cobro unos tintes folletinescos que lo convirtieron en pasto ingotable de la especulación periodistica inacabable en los medios del país vecino (de lo que fui fiel y sufrido testigo)

(Continuará)