Por un asesinado lloran la familia y sus amigos. Por un crimen múltiple y de Estado, el de los casi doscientos masacrados y dos mil heridos y destrozados, debemos llorar todos los compatriotas; obligan el corazón y la conciencia. Quien no lo haga, nacido en la cuna común de España, es sospechoso de delito o de connivencia y, en este caso, de indecente y cínico usufructuario de los provechos electorales del horrendo crimen colectivo. Aquel pavoroso golpe de Estado, el 11-M ya para la Historia, ha tenido unos beneficiarios que están a la vista y en el poder. Este beneficio nos lleva a la duda, a las muchas dudas, que suscita el silencio de tales usufructuarios ante el clamor de las víctimas y el dolor de los auténticos españoles.

En los primeros días, en los primeros meses, pudo tener justificación el silencio ante el supuesto desconocimiento de quiénes fueron los ejecutores, planificadores y cerebros negros. Pero hoy, cuando sabemos que a los pocos días del atentado se mandó destruir los trenes reventados y lavar con acetona sus partes, donde estaban incrustadas las mayores y más contundentes pruebas del crimen-atentado; cuando conocemos que ante los tribunales se han aportado pruebas espurias; que se pusieron otras falsas y falseadoras para cegar la investigación; que ante el juez prestaron testimonio individuos perjuros...cuando, en fin, sabemos que el explosivo que reventó los trenes y los cuerpos no es el que consta en la sentencia, goma 2 eco, sino otro, el Titadyne, por cierto, el que emplea la ETA en sus crímenes, según los técnicos. Cuando sabemos todo esto ¿nos vamos a callar?, ¿puede enmudecer el pueblo español como una plebe de villanos e infames, de serviles y abyectos, de ruines y miserables, de insolidarios y egoístas? Aquellos muertos son nuestros muertos, aquellas heridos son nuestros heridos, aquellas víctimas son nuestras víctimas, esas familias desgarradas y traumatizadas son nuestras familias.

Por conciencia, por honor, no sólo no podemos olvidar lo inolvidable, es que debemos clamar por la justicia a voz en grito y en la calle, gritar hasta desgañitarse porque se haga verdadera justicia con nuestras inocentes víctimas y contra los felones cuya memoria es capaz de remontarse a setenta años atrás y la pierden a poco menos de siete que empiezan a contar para el siguiente 11-M de aniversario.

Por cierto, un día escribiré sobre esa mal llamada Memoria Histórica, la de un español, yo mismo, la de este españolito a quien las dos Españas helaron el corazón a partes iguales. ¡Dejad a los muertos que descansen en paz con sus muertos!; porque, al fin, todos los muertos en aquella guerra civil son nuestros muertos, sin exclusión de bando, y son también los muertos de España.

Más acá en el tiempo, ese día, ese desventurado 11-M, se fue la vida de aquellos compatriotas; ahora se nos va momento a momento y a chorros la de esta España. Dudamos si los canallas que planificaron el horrísono crimen se dieron cuenta bien de los efectos y transcendencia del mismo. O ¿era exactamente ese el fin que buscaban? Si España se rompe, a ellos les estallará aquel crimen en sus propias entrañas. Y si de España no quedara nada, qué gozo y beneficio les dejará tan magro y raquítico usufructo como es haber saboreado unos años las mieles del poder, a costa de la existencia de la Patria en que nacieron.

Por cierto, hemos visto entre los testigos, falsos por sí y por las pruebas que aportaron, individuos con uniforme, siempre honroso por servir al pueblo y al Estado, menos en ellos que lo mancharon con su traición. Habría que recordarles que un día juraron o prometieron por su honor servir a España y a su Estado. ¿Tan poquito honor les cabe en el cuerpo que les sobra el bolsillo del mechero para guardarlo? Ese uniforme con que juraron fidelidad a unos principios, esplendente con su medallero de barato, mejor es que lo tiren a un muladar para que no contamine ni la ropa de desecho. Qué decir de los ascensos y prebendas que han logrado a costa de su felonía

¡Gobierno y oposición!, tenéis el gravísimo deber de dar marcha atrás a vuestro reloj vital e histórico y volver a empezar a contar vuestros días en la política desde un primero que se inicia aquel 11 de marzo de 2004. Es urgente que os sacudáis de encima, por vuestra propia dignidad, ese adjetivo de chusma con el que recientemente os ha calificado, no sin razón, un moderno historiador. Cómo llamar a la conducta del, en ese momento, Director General de la Guardia Civil, nacido en mi tierra, que desde ese día parece haber desaparecido de la faz del orbe.

Por vuestra conciencia, por vuestro honor, por la justicia a los muertos y a España a la que decís representar, por la dignidad del pueblo español, ordenad la revisión de esta terrible causa, aportad las pruebas que tengáis, romped el silencio, no seais cobardes, no podéis buscar lucro político ni de otra clase en una sangre que caería sobre vuestras cabezas; porque de lo contrario pasaréis a ser de la clase política española de todos los tiempos la más vil que detentó, detentó, digo, no que ganó, ni obtuvo ni tuvo el poder durante uno de los períodos más indignos que se inscribirá y se escribirá en las páginas de la Historia de España.

El 11-M fue, además de una masacre humana, un atentado contra el ser de España.