Macerada la exposición del Presidente del Gobierno, queda una larga lista de ideas para una breve exposición. La Cumbre de Copenhague ha posibilitado una evaluación de la situación de los distintos países ante el cambio climático. En verdad este tipo de eventos no suelen dar frutos especialmente relevantes más allá de acuerdos puntuales a medio camino entre las distintas propuestas. Es la era del consenso.

El consenso es la palabra mágica para todo evento democrático que se precie, es la dama anfitriona de todas las fiestas parlamentarias, su sola presencia es señal de algo positivo. Sobre el consenso nada parece excesivamente conservador, ni revolucionario, ni caben interpretaciones, ni discusiones. En definitiva, el consenso es la nueva dictadura de los tibios; que no quieren parecer tan malos como los dictadores de antaño.

El manual es sencillo, se presentan una serie de propuestas más o menos contrarias entre sí, se pacta un término medio -el consenso- y en paz. Poco importa si ese consenso es bueno o malo, si tiende al bien común o no. Lo ha decidido una mayoría parlamentaria y eso es suficiente para nuestros políticos, y así nos lo quieren inyectar en la conciencia.

En este tipo de cumbres, el consenso es además algo peculiar. Puesto que cada país ya no expone su propuesta para dar salida a una u otra en función de los votos. Los votos es sólo uno de los mecanismos cara a la galería. En el fondo, bajo la mesa, también se esconden los poderes económicos, militares...capaces de presionar sobre los países votantes y orientar determinadas posturas. El proceso será totalmente legal, pero no es justo, ni tiende al bien común.

El papel que juega España en esta convocatoria es importante, no sólo por ser una potencia, o por su falta de resultados en cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero, también por las relaciones que puede establecer con los países de su entorno, muchos en situación de pobreza. España ha vuelto a desertar de su vocación, aceptando esos mecanismos de decisión. España también es cómplice por omitir denuncia alguna sobre la escasísima calidad humana y democrática de estos eventos.

El cambio climático es un problema grave que se manifestará con especial dureza sobre las regiones con menos recursos, con menor capacidad de respuesta. La falta de tecnología, recursos económicos y materiales provoca una mayor dependencia de los agentes ambientales en los países pobres; que desencadenará consecuencias graves para la población. Esta circunstancia ha sido expuesta acertadamente por Zapatero, incluyendo el compromiso que los países desarrollados deben tener con los desfavorecidos.

También resulta lógico que los problemas globales, se resuelvan de forma global mediante la participación de todos los países. En cambio no son suficientes las líneas que ha planteado el Gobierno: Disminuir la participación de los combustibles fósiles, "ahorro y eficiencia energética" y mayor participación de "energías renovables". A día de hoy las energías renovables no permiten una total independencia de otras fuentes de energía, ni siquiera son interesantes desde un punto de vista económico salvo algunas excepciones.

Las medidas de ahorro y eficiencia, son válidas para atajar problemas locales pero sólo en determinadas circunstancias. La eficiencia energética supone la introducción de tecnología, que no siempre es accesible para la población, ni siempre es rentable. Quizá debido en gran medida a la escasa inversión en I+D de los países desarrollados, o debido a intereses económicos sobre las patentes.

Por ello no debe rechazarse este tipo de medidas, sólo es preciso apostar por ellas en las ocasiones donde procede. La actual tecnología de las energías renovables está en proceso de maduración, y se espera que puedan aportar resultados interesantes en el futuro. Pero por el momento es arriesgado apostar por este tipo de alternativas como única solución.

Quizá hasta que se produzca una maduración de este tipo de energías, y para cumplir los objetivos planteados -reducción en un 50% de las emisiones antes del año 2050- haya que transitar por otras energías como la nuclear. A pesar de la mala fama de la energía nuclear, y del peligro potencial que presenta esta energía, es de las pocas soluciones aceptables a corto plazo.

En la presente hora hay que reflexionar, sobre la tibieza de las decisiones, los escasos compromisos de nuestros representantes, que parecen obligarnos a transitar por caminos no siempre deseados. Si en lugar de aceptar el consenso como herramienta política, se hubiera apostado por el bien común y la solidaridad, seguramente la situación habría sido muy distinta. Seguramente ya se habrían cumplido los objetivos de las anteriores cumbres, seguramente la situación actual habría estado abierta a un abanico de soluciones amplio y con toda seguridad las opciones serían aceptables para todas las partes.

Esta cumbre pasará a la historia como el día en que Zapatero, hablaba en tono cursi sobre el viento como propietario de los bienes de la Tierra, algo sencillamente infantil, inhumano, y desvinculante. Zapatero habló de la necesidad de proponer acuerdos "vinculantes", pero cómo se va a hacer tal cosa si nadie es responsable, ni propietario de los bienes de la Tierra. Desheredar al hombre de los bienes que le son propios, es un práctica que da como consecuencia el desarraigo, la indiferencia. Desheredar al hombre del fruto de su trabajo es alienar al hombre como sujeto activo, libre, conciente y espiritual. Si queremos articular una sociedad justa, verdaderamente solidaria y participativa es necesario apelar a esferas más importantes que el dinero, el poder político y las cursiladas del presidente de turno. Es necesario apostar por el hombre portador de valores trascendentes.