Ayer volví a ver la película de acción estadounidense de 1998, dirigida por John Frankenheimer y escrita por David Mamet, Ronin.

Un Ronin, nos dicen, era un samurái sin señor durante el período feudal de Japón, entre 1185 y 1868. Un samurái podía no tener amo debido a la ruina o la caída de éste, o porque perdía el favor de éste. Como El Cid, un Ronin seguía siendo fiel a su señor, a su memoria y a su causa...aunque no siempre el señor lo mereciese.

Hoy día, quienes nos consideramos servidores de España, a través de la doctrina nacionalsindicalista y de la Falange, nos debemos sentir como los ronin. Luchadores sin señor y sin causa porque ésta, España y la Falange -y me refiero a la inicial- fue manipulada, violada y asesinada por muchos de quienes se dijeron -y se dicen- sus seguidores. Las diversas organizaciones que se autodenominan "falange" no hacen sino perpetuar su escarnio.

Los ronin podemos vagar sin señor y sin causa dedicando nuestros esfuerzos a servir a otros señores, o a nosotros mismos enriqueciéndonos y llevando una existencia sosegada y burguesa. O podemos, como los 47 ronin de la leyenda, fingir que lo hacemos mientras esperamos el momento de vengar el saqueo y la muerte de nuestro señor -la Falange- aunque sea lo último que hagamos...

Urge levantar los cimientos de una organización realmente falangista que huya de confusionismos y practique la política que dicte nuestra doctrina y el programa que dicten los acontecimientos para contribuir a resolver los problemas de nuestros conciudadanos mas desfavorecidos. O buscar, temporalmente, otras trincheras que permitan ser fieles a uno mismo y consecuente con lo que se predica...como los ronin.