Hay regímenes, o gobiernos, que necesitan levantar muros de separación con los demás para justificar su autodefensa y no hace falta recordar el famoso y horrible muro comunista de Berlín o, cuando más, como ocurre en el caso de España, para crear sentimientos de enfrentamientos, de odios entre hermanos. Los socialistas españoles - sería mejor decir los políticos socialistas españoles -, han levantado el Muro del Crucifijo, aprobando su retirada de los colegios, con lo que los sectarios del presidente socialista Zapatero, quieren legalizar un frentepopulismo anticristiano por medio de un verdadero golpe de Estado, vía parlamento, despreciando primero a los artículos 16 y 27 de nuestra Constitución y después y no menos importante, que el 85 % de los padres y el 75 % de los alumnos, han optado por la religión católica y, naturalmente de sus símbolos, entre ellos el  Crucifijo. Pero es que además, con ello se abre un clima gubernamental contrario a la mejor convivencia nacional y que va en contra de la cultura histórica de España. Por esa razón, podría llegarse a la prohibicion de las Navidades, o la Semana Santa, o los domingos trataran de cerrar las iglesias. O sea, una política laicista, que no aconfesional, hecha sólo para criminalizar a los cristianos, a los católicos, inspirada en una sentencia particular del Tribunal de Estrasburgo, que no obliga a los Estados. Nosotros jamás negaríamos nigún signo religioso, cualquiera que sea y desde luego, nunca asaltaríamos la religiosidad de nadie.

             Falange Auténtica, tiene muy clara su idea de separación de Iglesia y Estado en las relaciones normales de ambas instituciones, y por tanto no defenderá privilegios de nadie, pero este gravísimo belicismo contra las tradiciones morales de la mayor parte de nuestra sociedad española, va a generar primero desencuentros, segundos recelos, y por desgracia, quizá odios irreprimibles. Falange Auténtica, democrática, y solidaria con la historia de los españoles, denuncia tamaño sectarismo socialista que demuestra una vez más su terrible resentimiento. Y su desvarío. Ahora creo, que todos cuantos interpretamos este proyecto de Ley como una ofensa gravísima a todos los cristianos, y claro es, a los católicos, y mostrar sin rubor ni vergüenza nuestra radical oposición a esa norma dictada desde la intolerancia más repugnante. Nosotros, como falangistas, que sabemos diferenciar muy bien su presencia en la sociedad de hoy, no podemos ocultar nuestra denuncia ante este nuevo paso hacia una nueva división artificial de los españoles. De todos nosotros, se sea creyente o no, pero que asumíamos con naturalidad nuestras raíces como pueblo y como nación, y como Estado.

               Nada más que una mirada oblicua, resentida, pueda ser la que caminara indiferente ante esta estafa social y política con que nos ahoga el presidente socialista Zapatero, y sus palmeros de la izquierda radical. Claro que uno desde su modestia, activaré todos los resortes para que en mi país no se caiga en ese hondo e insondable pozo, donde no cuenten los mínimos principios de reconocimiento propio, de nuestra secular historia, de nuestra esencia como país.

              Es lo menos que podríamos decir.

Por Miguel de Unamuno

"La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional? Porque hay que decirlo claro y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutralidad es una engañifa."