1.Introducción 3
1.1.Por qué una perspectiva nacionalsindicalista 3
1.2.Objetivo de la presente exposición 4
2.Planteamiento general 4
3.Perspectiva moral 5
3.1.Ética antropocéntrica 5
3.2.Perspectiva deontológica y consecuencialista 6
3.3.Ética de la tierra. 7
3.4.Visión real, racional o cristiana 8
4.Perspectiva política 9
4.1.Principios ambientales 9
4.2.Algunos principios a tener en cuenta 10
4.3.Principio de gestión comarcal 12
5.Perspectiva económica 13
5.1.Planteamientos según adam Smith y Malthus 13
5.2.Visión según Marx 13
5.3.Visión de Solow 14
5.4.Propuesta alternativa 14
6.Perspectiva legal 16
6.1.Constitución de 1978 17
6.2.Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural. 19
6.3.Estatutos de autonomía: 21
6.4.Cartas, convenios y protocolos: 25
6.5.Mecanismos de gestión territorial y espacios protegidos 27
6.6.Herramientas de gestión ambiental: sellos, sistemas y planes de gestión ambiental.
1. INTRODUCCIÓN.
El medio ambiente es lo que rodea al hombre, es el entorno lo que rodea a cada persona. El medio ambiente por tanto es una realidad tangible se puede medir, tocar, ver y utilizar por parte del hombre. No es una mera abstracción, ni tampoco es un apartado específico de la realidad. El medio ambiente está en todas las esferas del hombre. Hay política ambiental, productos ecológicos, empresas sostenibles, lo ecológico, lo "verde" está en todas partes.
Esta moda de lo "verde" inunda todos los ámbitos humanos y lo hace con una especial importancia. Todo es medido con el apellido de "verde", como ecológico o contaminante. La sociedad demanda que las empresas sean ecológicas, que los productos sean ecológicos. Indudablemente lo "verde" vende. Y ese interés por lo "verde" asciende al terreno de lo económico, lo político y moral.
Esta impregnación de lo verde sobre todos los ámbitos humanos no es casual, ni está derivado por la práctica de determinados grupos de presión. Lo ambiental siempre ha estado en el ámbito humano, porque la gestión de los recursos o la contaminación siempre ha sido del interés del hombre, porque es algo unido a su vida.
Las últimas décadas debido a la tecnología y a los medios de comunicación, el entorno está siendo transformado a gran velocidad y gracias a los medios de comunicación todos los sucesos acaban siendo conocidos por la sociedad. Muchos de los efectos sobre el medio ambiente no son nuevos, la extinción de especies por causa humana se remonta a la propia existencia del hombre, ni tampoco son nuevas muchas de las transformaciones del entorno. La ganadería, la agricultura son algunas actividades que han influido sobre el entorno de forma decisiva para modelar el territorio y generar una serie de impactos positivos o no sobre el mismo. El uso reiterado del fuego como herramienta ha favorecido la existencia de determinadas especies y ha hecho desaparecer otras. La agricultura ha puesto en producción miles de hectáreas de superficie que de forma natural habían sido ocupadas por otras especies.
Del mismo modo la preocupación por el agotamiento de los recursos no es actual. También es cierto que la tecnología ahora disponible puede proporcionar una mayor rapidez a la hora de alterar el medio, pero los efectos no serán muy distintos. El urbanismo de nuestros días puede alterar el territorio a mayor velocidad que en el pasado pero el efecto va a ser similar.
1. POR QUÉ UNA PERSPECTIVA NACIONALSINDICALISTA.
Argumentos para justificar esta exposición:
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La sociedad demanda políticas, estrategias, empresas y leyes que se ajusten a una gestión ambiental. Lo "verde" vende, lo "verde" está de moda y es solicitado por la sociedad
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La gestión ambiental es una tarea que trasciende a todas las esferas humanas
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La gestión ambiental es también una cuestión moral. Los ciudadanos no podemos permanecer indiferentes antes los graves problemas ambientales, primero por la destrucción de unos valores únicos, segundo porque esa destrucción afecta en muchos casos al hombre.
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Porque si la gestión ambiental no es algo neutro, sino que trasciende a todas las esferas humanas, la política y en concreto el nacional sindicalismo también tienen que dar una solución a los problemas existentes.
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Porque no todas las soluciones ambientales reconocen la dignidad humana, o cualquiera de los derechos esenciales del hombre. Por ello es preciso diseñar soluciones que satisfagan al hombre y al entorno
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Porque lo ambiental es un campo de trabajo donde se puede apoyar la actividad política. Si la gestión ambiental no es algo neutro es preciso que se oriente disponiendo al hombre como centro de toda actividad. Y entonces será mucho más fácil aplicar otras políticas propias del falangismo.
Objetivo de la presente exposición
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Presentar una visión global de la situación, presentando la gestión ambiental como algo indefectiblemente unido al hombre
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Exponer las circunstancias actuales de la gestión ambiental, sus orígenes y consecuencias.
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Plantear una serie de líneas de trabajo social, político, legal, etc.
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Presentar un filón para la actividad política que puede proporcionar resultados y estrategias de actuación
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Planteamiento general
Si aceptamos como cierto que el medio ambiente es una cuestión humana y que además es transversal podemos afirmar que el medio ambiente tiene tendencia a manifestarse en todos los ámbitos humanos en mayor o menor medida. El medio ambiente tiene presencia en las leyes, en la economía, en la cultura, las tradiciones y en la moral. Por ello es preciso interpretar, dar respuestas en cada de uno de estos ámbitos para crear una propuesta satisfactoria para el hombre. Ninguna esfera humana puede abstenerse de dar respuestas ante el medio ambiente, aunque la respuesta sea negativa. Puesto que afirmamos como cierto que el medio ambiente no es algo neutro ajeno a cuestiones políticas, económicas, etc.
Por otro lado el medio ambiente debe ser interpretado desde una perspectiva coherente, es decir debe existir una secuencia lógica en las distintas afirmaciones, que al menos garantice una estabilidad y en definitiva la paz. No es aceptable manifestar la necesidad del reparto de los recursos humanos, y abstenerse de realizar propuestas económicas, legales y técnicas para conseguirlo. En su caso estaríamos desertando de poner en práctica un principio moral fundamental, que impide la convivencia pacífica de los pueblos.
En definitiva se expone que los planteamientos morales, procuran un determinado marco político. La estrategia política da lugar a un determinado planteamiento económico, y este configura una determinada legislación. Y de forma inversa las cuestiones prácticas acaban impregnando cada uno de los estadios hasta copar los principios morales.
Perspectiva moral
Ética antropocéntrica
La perspectiva antropocéntrica expone que el hombre es ser autónomo para decidir el valor de la biosfera en base a su razón. Esta razón le lleva a asignar el valor de los recursos naturales asignando un valor en función de sus intereses. Desde esta perspectiva el hombre se sitúa con un valor casi absoluto, y el resto de la biosfera posee un valor derivado, un valor dado por el hombre como sujeto superior. El hombre en principio parece reconocer el valor del propio hombre como algo absoluto, y parece reconocer al resto de la realidad como algo de menor valor.
El hombre reconoce sobre sí mismo el derecho a utilizar los bienes que se le presentan a su alrededor, considerando por tanto que los valores ambientales son algo secundario. Los valores ambientales generan derechos para el hombre, pero no obligaciones puesto que el hombre no reconoce más unidad de medida que sí mismo. Los límites originales de responsabilidad humana están delimitados por el campo de la ciencia -economía, biología, tecnología, etc.- De esta forma sólo si el hombre reconoce el valor de los recursos naturales, es posible que estos puedan generan obligaciones sobre el hombre.
Algunas variantes:
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Utilitarista: el bienestar de los individuos es el patrón de medida de los valores ambientales. Aquello que genera bienestar es valioso, aquello que no genera bienestar no es valioso.
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Ética de la perfección: El valor de los recursos naturales se justifica en el valor que presentan para conseguir un determinado bien -beneficio económico, investigación, etc.-
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Ética de la virtud: Se reconoce la virtud o vicio en las acciones humanas, como consecuencia de una razón interior del propio hombre. Se considera que el hombre es virtuoso cuando es capaz de aprovechar la biosfera pero dejando espacio de desarrollo a la misma, sin entrar a justificar los fundamentos de tal comportamiento.
Esta perspectiva presenta varias dificultades:
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El sujeto puede dejarse llevar por los juegos de poder y reconocer o no en función de determinados intereses, el valor de la biosfera.
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El valor asignado por el hombre a los bienes puede dañar la dignidad humana, puesto que la valoración extendida puede recortar el acceso a los bienes necesarios de la sociedad humana. Esta situación de enfrentamiento entre personas con distintos intereses, bajo un prisma antropocéntrico va a resolverse según los juegos de poder, en lugar de atender a una valoración moral de la situación.
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Este hombre antropocéntrico puede olvidarse del valor espiritual del hombre y por tanto de su valor casi absoluto. Al olvidar esta valoración el hombre se puede abrir una senda a la valoración material del propio hombre según su utilidad para el resto de la sociedad. Abierta esta etapa materialista puede considerarse que una serie de especies animales presentan características similares de tal forma que se establezca una escala de valoración entre el hombre y las especies animales.
Perspectiva deontológica y consecuencialista
Bajo esta perspectiva nace una corriente de pensamiento que acepta la existencia de derechos en los seres vivos y en los animales en general. Este planteamiento recoge la idea de que el antropocentrismo es un racismo derivado de la discriminación por una diferencia de especie, considerando que todas las especies tiene el mismo valor puesto que no se reconoce valor superior alguno al hombre por el hecho de serlo.
Este pensamiento conlleva el reconocimiento de los derechos de los animales de la misma forma que se reconocen derechos al hombre, por el hecho de serlo. En consecuencia, de la misma forma que han ido desapareciendo las discriminaciones por motivo de sexo, raza o condición social, el siguiente paso es hacer desaparecer la discriminación por motivo de especie. De esta forma las especies tendrían una consideración inmanente de su valor. El valor de las mismas sería algo inherente a las especies, en lugar de reconocido por el hombre.
Este pensamiento de forma amplia presenta algunas incongruencias:
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Ni siquiera las propias especies animales se reconocen mutuamente una serie de derechos inmanentes, sino que por su propia naturaleza depredan unas sobre otras.
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Reconocer los derechos sobre todos los animales supondría abstenerse de una fuente fundamental de alimento, y al mismo tiempo dedicar extensiones inmensas para el desarrollo de los animales no abiertos al consumo humano.
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La paradoja de los animales domésticos. Al reconocer el derecho a la vida, a la libre circulación, etc. de una serie de animales no podría evitarse reconocer esos mismos derechos sobre los animales domésticos, que en muchos casos no son capaces de sobrevivir en libertad. Del mismo modo muchos animales estarían abocados a desaparecer puesto su existencia se debe a una intervención humana para ser utilizados como herramienta de trabajo o para su consumo.
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Los derechos sobre los animales se asentarían sobre consideraciones como sentir y padecer. Como este tipo de fenómenos aparece de forma difusa en los animales, todos en mayor o menor medida "sienten y padecen" los límites que se establecerían serían difusos. Habría que extender una frontera de sujetos de derecho sumamente amplia, difícilmente abarcable e injustificable. Puesto que cómo sabemos exactamente cuanto siente un animal, y en consecuencia reconocer sus derechos.
Ética de la tierra.
El pivote que hay que mover para poner en marcha el proceso de evolución que conduciría a una ética de la tierra es simplemente este: dejar de pensar que el uso adecuado de la tierra es sólo un problema económico. Examinar cada cuestión en términos de lo que es correcto desde el punto de vista ético y estético, además de los que conviene económicamente. Algo es correcto cuando tiene a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad biótica. Es incorrecto cuando tiende a otra cosa. (Aldo Leopold, 1999)
Este pensamiento plantea la obligación de preservar la biosfera como objetivo principal, atendiendo a la colectividad de los individuos que la forman, en lugar de reconocer derechos particulares sobre cada individuo, incluso de la especie humana.
Este planteamiento presenta varias dificultades:
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El juicio moral aparece como consecuencia del juicio consciente, no aparece derivado de una cuestión natural. Por ello no puede verse la naturaleza como criterio para juzgar el bien y el mal.
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Los juicios morales se apoyan en la ciencia como complemento. Pero la ciencia en sí misma no puede valorar cuestiones morales, puesto que estas corresponden a fenómenos espirituales ajenos a la misma.
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La preservación de los ecosistemas no siempre es un valor. Los ecosistemas evolucionan bien de forma natural o artificial, sin que puedan hacerse valoraciones morales al respecto.
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Este planteamiento implica la destrucción de la dignidad humana, puesto que antepone la preservación de los ecosistemas al propio hombre.
Visión real, racional o cristiana
Este planteamiento real, racional o cristiano acude al fundamento espiritual del propio hombre para reconocer el valor casi absoluto del mismo ante la realidad que le rodea. El hombre se manifiesta como sujeto activo ante la realidad que se le manifiesta como algo real, en base a la interpretación aportada por la razón y/o la revelación. La realidad, lo que rodea al hombre se presenta como una realidad todavía desconocida, que puede ser interpretada gracias a la razón, pero por ser desconocida no debe hacerse concesiones a lo que es contrario a su vocación.
El hombre es el sujeto principal de la biosfera porque es portador de un valor material pero sobretodo porque es portador de un valor espiritual, que le hace inmensamente más valioso que toda la condición material circunscrita a él, y más valioso el resto de especies.
Ante esta visión el hombre es sujeto central de la biosfera pero no es el sujeto director de los recursos que se le ofrecen. El hombre en cuanto a realidad material requiere lógicamente una serie de recursos básicos para su subsistencia, para su desarrollo -económico, social, artístico, cultural, etc.-. Es lícito que el hombre recoja los recursos que se le ofrecen para su desarrollo, pero esa necesidad no puede convertirse en un derecho autónomo porque el hombre es responsable de la gestión de los recursos para sí mismo y para las generaciones venideras. El hombre así entendido está llamado al trabajo para su desarrollo, un desarrollo que además debe ser solidario con el resto de personas y también que van a existir en el futuro.
Al aceptar que es lícito el desarrollo humano, y que el trabajo es un factor decisivo para el mismo resulta lícito aceptar que el fruto del trabajo sea recogido por el hombre como correspondencia a su aportación. Por tanto es lícito aceptar la propiedad privada como consecuencia del trabajo, pero recordando que el hombre es siempre más importante que la realidad material. En este sentido, la existencia de la propiedad privada es lícita, pero más importante es que toda persona tenga acceso a cuantas realidades materiales sean necesarias para su desarrollo integral. Por tanto la propiedad privada está sujeta a las necesidades humanas, tal es así que puede decirse que los bienes de la tierra son de todos y pero para todos y que en última instancia son de Dios -para el caso de los creyentes-.
De esta forma se entiende que ningún ser humano será privado de ninguna necesidad para su desarrollo, y que el desarrollo humano tiene límites que deben respetarse. El crecimiento económico, tecnológico, social, etc. Son realidades aceptables en la medida en que favorecen la existencia humana, son situaciones inherentes al hombre. Pero precisamente al entender al hombre como el ser más valioso de la Tierra, el desarrollo humano no puede abocar a su destrucción, ni puede destruir los bienes que esta contiene. Podría decirse que el ser humano es un ser que puede ser propietario de los bienes que le rodean, pero sólo los recibe como inquilino: tiene derecho a aprovecharlos pero también tiene la obligación moral de respetar su existencia.
Al aceptar este planteamiento como cierto, debe descartarse todo planteamiento marxista, y nihilista, debe acogerse al hombre dual material-espiritual, individual y social. Debe rechazarse toda actividad humana que degrade al hombre y todo progreso que no satisfaga su vocación.
Perspectiva política
Al aceptar el planteamiento racional, real o cristiano como cierto. Las líneas ideológicas que se presenten deberán guardar sintonía con la propuesta aceptada. En este sentido se exponen algunos de los principios que deberán regir la propuesta política en todos los niveles
Principios ambientales
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Principio de quien contamina paga. Principio por el que se reconoce al autor de las emisiones contaminantes como responsable de las mismas. Y por tanto debe asumir las responsabilidades correspondientes.
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Principio de prevención. Principio por el que se manifiesta la conveniencia de desarrollar soluciones al impacto que se prevé que exista antes de que ocurra
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Principio de cautela. Principio por el que se aconseja no realizar una actividad sino se conocen las consecuencias de la misma.
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Principio de actuación paliativa. Principio por el cual se obliga al autor de un impacto ambiental a disminuir los efectos del mismo hasta un nivel aceptable
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Principio de corrección en la fuente. Principio por el que se aconseja remediar los impactos ambientales en la propia fuente de emisión
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Principio de compensación. Principio por el que el autor de un impacto ambiental, compensa el daño causado mediante alguna actividad o desembolso.
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Principio de gestión integral. Principio por el que se considera que la gestión de los recursos naturales debe comprender todos los agentes ambientales bióticos y abióticos.
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Principio de naturalidad. Principio por el que se considera que actuar a favor de los procesos ambientales es más eficaz y menos costoso.
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Principio de sostenibilidad. Principio por el cual no debe aprovecharse los recursos con más intensidad que la tasa de producción de los mismos.
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Principio de sustentabilidad. Principio que desaconseja el aprovechamiento de los recursos naturales destruyendo el potencial productivo del ecosistema.
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Principio de las "3R´s". Reducir, reutilizar, reciclar, revalorizar, etc.
Algunos principios a tener en cuenta
Principio sobre la competencia justa.
Sabiendo que el comercio de los recursos naturales puede extenderse más allá de las fronteras nacionales, puede darse el caso de que las empresas extranjeras con una legislación laxa, exporten sus productos favoreciendo prácticas abusivas desde el punto de vista ambiental. Incluso puede darse el caso de que haya empresas que decidan deslocalizarse a otros países para aprovechar una legislación laboral y ambiental provechosa para sus intereses -fenómeno conocido como dumping ecológico-. De esta forma las empresas del extranjero situadas normalmente en países del tercer mundo, crean productos a menor coste, y introduciéndolos en los mercados occidentales creando una competencia desleal. Una competencia justa debería ajustar estas situaciones evitando por un lado prácticas abusivas en países del tercer mundo, y por otro lado la competencia desleal en los países desarrollados.
Principio de gestión de las externalidades.
Las externalidades son valores ambientales que aparecen en un ecosistema pero que no son tenidos en cuenta a la hora de comerciar con los productos obtenidos de ese lugar. Ante esta circunstancia que puede ser positiva o negativa para el propietario, se plantea un daño económico sobre la sociedad -en el caso de externalidad positiva- o sobre el propietario -en caso de externalidad negativa-.
En el caso de la externalidad negativa, el propietario sufre un daño mayor. Puesto que tiene que asumir el coste de producir y mantener unos valores que luego el Mercado no va a reconocer y por tanto no serán pagados. Se produce así una pérdida económica directa, un coste de oportunidad y pérdidas de rendimiento técnico en la explotación.
Estas externalidades han sido resueltas parcialmente mediante el pago de ayudas por parte de la administración, en algunos casos como los espacios protegidos. Pero no puede considerarse suficiente por los siguientes motivos:
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La compensación económica no es un medio digno para el propietario. Puesto que la vocación del propietario es asumir los beneficios de su propio trabajo, en lugar de esperar el reconocimiento de la administración en cada caso
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El producto generado por los ecosistemas no siempre puede separarse del propio ecosistema, por tanto no resulta fácil estimar las externalidades para poder compensarlas.
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Las externalidades no son siempre un valor mensurable, como el paisaje, sino que pueden ser un uso social y por tanto ajeno al aprovechamiento directo por parte del hombre. En este caso la administración no puede compensar materialmente por un valor que seguramente no es aprovechado en el lugar exacto donde se produce, y ante esa situación difusa se suele evitar compensación alguna.
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Las compensaciones suelen administrarse en base al pago de una serie de costes asumidos por el propietario, a pesar de que no siempre aparecen costes en las propiedades puesto que no todas las propiedades están sujetas a explotación.
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Existen valores de tipo científico, moral, cultural que pueden no haberse producido todavía. Ni siquiera la ciencia ha descubierto e identificado todas las especies existentes en la Tierra y por ello la administración no podrá asumir compensación alguna.
Ante esta serie de limitaciones es preciso proponer una alternativa a la compensación por parte de la administración, o al menos debe plantearse una serie de actuaciones complementarias. Para ello debe partirse del derecho a la propiedad de los factores productivos y administrar medidas que dispongan el pago de las externalidades que estos factores crean en cada momento. Este planteamiento obliga a que bien el propio propietario o este asociado, con los depositarios del producto final, participe en los beneficios económicos que puedan derivarse.
La intervención estatal
En la actualidad aparecen una serie de valores ambientales inmensurables que la sociedad solicita de los ecosistemas. Estos valores son imprescindibles en muchos casos -agua, oxígeno, madera, etc.- en cambio no siempre son gestionados con la debida eficacia, son muchos los ecosistemas en situación precaria desde el punto de vista ambiental y cuyos valores para la sociedad se encuentran en peligro. Ante esta situación la sociedad no puede permanecer indiferente, o dejar que las leyes del Mercado actúen por sí solas. Es preciso que la sociedad se manifieste ante la situación de devaluación de los valores ambientales para garantizar la prestación de los servicios que los ecosistemas generan.
Ante esta situación de incertidumbre, se plantea la siguiente pregunta: puede el Estado intervenir sobre la propiedad privada para garantizar el suministro de servicios que la propia sociedad necesita. Por un lado resulta lógico una intervención, o al menos una situación de colaboración bilateral, que garantice una situación de mínimos. Pero que ocurre cuando el propietario se evade de su responsabilidad ante la sociedad, o qué ocurre cuando el propietario no puede garantizar el suministro de los servicios ante una situación económica precaria...
En la actualidad el sector agrario está pasando por una de las épocas más complicadas de su historia. La situación histórica del minifundismo, ya descrita por los fundadores, la falta de formación de los trabajadores, la situación de insolvencia, o la inestabilidad del Mercado son algunas de las causas de la precariedad de la empresa agraria. Esta situación complica en muchos casos la viabilidad económica de las explotaciones, y el propio propietario no tiene más remedio que abandonar su explotación, o evadirse de su responsabilidad como suministrador de servicios ambientales como el fin de sobrevivir a una situación complicada.
Este problema resulta cada vez de mayor trascendencia social, puesto que los ecosistemas están dejando de suministrar servicios básicos y decisivos para el desarrollo humano. La desertificación, la degradación de los ecosistemas riparios, la pérdida de biodiversidad, la fragmentación de los ecosistemas, los incendios forestales, son algunos de los fenómenos que están poniendo en grave situación el suministro de servicios tan básicos como el agua, el suelo fértil o la producción de alimentos. Esta situación puede ser atajada mediante la importación de productos y servicios del extranjero, o mediante la búsqueda de alternativas como la desalación de agua. Ahora bien hasta dónde puede aguantar la sociedad el pulso cada vez mayor que plantea a los ecosistemas limítrofes, o hasta dónde puede aguantar la fortaleza económica de España. La tecnología, la fortaleza económica y la presión sobre los ecosistemas adyacentes son limitados, como también es limitada la capacidad de prestación de servicios de los países periféricos.
Este planteamiento es algo que ocurre en la actualidad, y que con el crecimiento poblacional, o ante un problema internacional puede situar a España y otros países análogos ante una situación comprometida. Por tanto no debe retrasarse el debate sobre la intervención estatal sobre los ecosistemas nacionales con el fin de garantizar la viabilidad económica de sus explotaciones asociadas, y con el fin de garantizar la prestación de servicios ambientales. Esta intervención por parte del Estado puede chocar con varios de los derechos del hombre, como la propiedad privada, por ello el Estado debe tender a una intervención que respete estos derechos o al menos restablecerlos lo antes posible. En cualquier caso la intervención del Estado debe regirse por los principios de participación social, gestión integral y debe garantizar la viabilidad de los proyectos que localmente se establezcan.
Principio de gestión comarcal
La comarca es el lugar donde aparecen municipios con una elevada homogeneidad climática, agraria, hidrológica, orográfica, etc. Estas estructuras naturales tienen capacidad de crear municipios con un patrón social, demográfico, económico y cultural homogéneo que puede ofrecer muchas posibilidades de gestión supramunicipal. En el caso de que exista una cierta homogeneidad entre los distintos municipios, es esperable que tengan más o menos las mismas fortalezas y amenazas -puntos fuertes y débiles-. En este caso parece interesante crear una red de trabajo supramunicipal para coordinar esfuerzos de todo tipo: administrativos, económicos, recursos naturales, recursos sociales etc. con el fin de crear un motor conjunto de desarrollo. Estas fórmulas de trabajo existen de forma legal, si bien no siempre respetan los principios de coordinación y participación, ni tampoco se suelen poner en práctica en todos los casos.
En el caso de que no se pongan en marchar planes de gestión comarcal (PORN, PRUG, POT, etc.) es previsible que aparezcan pérdidas de rendimiento económico, social, técnico, con el consecuente perjuicio para los habitantes de la comarca. Como también es previsible una gestión deficitaria de los recursos naturales, que suelen manifestarse de forma difusa y con cierta homogeneidad sobre la comarca.
Perspectiva económica
Planteamientos según Adam Smith y Malthus
Según Malthus la gestión de los recursos humanos comenzó en un ambiente de abundancia. Los recursos eran limitados pero superaban la demanda humana y posibilitaban la vida sin problemas. Esta abundancia posibilitó el crecimiento de la población humana que consecuentemente iba incrementando la demanda de bienes, en consecuencia fue necesario roturar más terrenos, incrementar la superficie cultivable, explorar nuevos yacimientos de materias primas.
El proceso de crecimiento comenzaría a presentar mayores limitaciones, la productividad de las nuevas tierras era menor y requeriría una mayor inversión de trabajo. A cada unidad de trabajo que se incorporaba la producción de materia prima era cada vez menor. En estas condiciones la sociedad humana entraría en equilibrio con la producción existente, puesto que no sería posible multiplicar los bienes al mismo ritmo que el crecimiento humano. Aparecerían guerras, hambrunas, enfermedades que supondrían un reajuste de la población a la realidad de la producción de bienes. En estas condiciones Smith plantearía el crecimiento humano y el aprovechamiento de los recursos como una pugna entre la oferta -producción de bienes- y el demandante -población humana- de tal forma que ambos acabarían equilibrándose mutuamente llegando a un estado de equilibrio que fue llamado, estado estacionario.
Visión según Marx
Según Marx el capital es el principal factor de crecimiento económico, y este capital es proporcional al número de trabajadores existentes. El número de trabajadores también está relacionado con la producción de forma que al aumentar el número de trabajadores aumenta la producción de bienes. De esta forma el capital estaría interesado en emplear el mayor número de trabajadores posible para aumentar la producción y mantener además una productividad alta. Puesto que en caso de perder trabajadores no sólo disminuiría la producción sino la productividad.
En definitiva se llega a un estado estacionario entre el número de trabajadores y la producción de capital. De tal manera que los recursos naturales podrían aumentar aumentando el número de empleados, siendo este factor el elemento limitante.
Visión de Solow
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Para Solow el desarrollo tecnológico, demográfico y el ahorro influyen sobre el crecimiento a largo plazo. De esta forma se superan los modelos clásicos de Malthus y Marx, evidenciando que el desarrollo tecnológico posibilita un crecimiento exponencial de la producción de bienes.
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Por otro lado Solow, propone que los factores trabajo y capital son sustituibles entre sí. De forma que un factor puede proporcionar el otro.
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El crecimiento económico se obtiene bajo el progreso tecnológico, una vez que se ha alcanzado el estado estacionario.
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Los países tienden a converger en su desarrollo tecnológico hacia el estado estacionario. El crecimiento es algo exógeno al sistema, se produce por el aumento de capital que produce más bienes para satisfacer al hombre retroalimentando el sistema.
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Solow manifiesta que la sostenibilidad aparece cuando la tasa de regeneración es superior a la tasa de explotación de los recursos.
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Los recursos no renovables puesto que son agotables, deben ser aprovechados con poca intensidad, limitando el desarrollo económico.
Propuesta alternativa
Al tomar como cierto el planteamiento racional, real o cristiano no es posible interpretar bajo una óptica distinta la gestión económica. Al aceptar como cierto el planteamiento de que el hombre es sobretodo un ser con vocación espiritual, no puede aceptarse la visión materialista de la economía porque supondría un rechazo a la propia realidad humana. En este sentido, es preciso formular un mecanismo de intercambio de los bienes materiales que respete la dignidad humana y que al mismo tiempo respete los valores naturales. La propuesta de Solow sobre el crecimiento económico resulta insuficiente para asegurar la sostenibilidad de las actividades humanas. Como tampoco parece responder ante las exigencias humanas sobre la propiedad de los medios de producción, ni responde ante la necesidad de reconocer la dignidad del trabajo.
La propuesta de Solow acierta en muchos aspectos, especialmente a la hora de gestionar recursos renovables tangibles, al entender que el Mercado es una posible herramienta para delimitar el aprovechamiento abusivo de los bienes, como también puede ser una herramienta interesante para impulsar el desarrollo tecnológico. El desarrollo tecnológico y económico son necesarios, ambos pueden colaborar a la hora de evitar problemas ambientales por ejemplo en las emisiones de contaminantes. En cambio, la propuesta de Solow no es una opción válida para garantizar la sostenibilidad de aquellos recursos que por definición son intangibles, ni tampoco el Mercado es garantía suficiente.
Los aspectos intangibles como el paisaje, la cultura, el valor ecológico o científico se sitúan fuera del Mercado. El Mercado no es capaz de tenerlos en cuenta para valorar su desaparición o su mejora. El Mercado actual no presenta las condiciones necesarias para garantizar por sí mismo la conservación de los valores intangibles de los ecosistemas, puesto que el Mercado no siempre es transparente, ni libre, ni concurrente. El Mercado actual se manifiesta en muchas ocasiones dominado por lobbies poderosos que impiden al consumidor reconocer la verdadera circunstancia en que se aprovechan los recursos naturales, por ello el consumidor no puede actuar de forma responsable, no puede reconocer los logros ni penalizar los abusos.
Es cierto que en la actualidad existen numerosos sistemas para garantizar la sostenibilidad de los recursos naturales. Se conocen sistemas ISO 14000, EMAS, etiquetas ecológicas, premios de sostenibilidad, subvenciones, compromisos por parte de las empresas, existen asociaciones ecologistas... que van encaminadas a denunciar los abusos y reconocer los casos de gestión sostenible. Ahora bien, no se puede ser ingenuo pensando que eso es suficiente. El Mercado actúa cuando puede obtener mejores beneficios económicos, que si no practica una gestión sostenible. El Mercado no es un organismo altruista, ni está compuesto totalmente por personas altruistas, por eso los mecanismos económicos sólo actúan por su propio interés, con los medios y con los ritmos de trabajo que más interesa en cada momento. En cambio la gestión de los recursos naturales exige en muchas ocasiones actuar ritmos propios y medios respetuosos.
También debe denunciarse el sistema planteado por este capitalismo, puesto que no reconoce la necesidad de desarrollo que tienen los países pobres. Este sistema considera que los países pobres desarrollarán fenómenos de contaminación importantes a la hora de desarrollarse.
Este planteamiento no sólo, no es cierto en muchos casos sino que además es contrario a la dignidad humana, porque plantea la posibilidad de negar el desarrollo en los países pobres para evitar que contaminen. Este planteamiento no es necesariamente cierto puesto que es posible y es además una obligación moral, transferir tecnología a los países pobres para garantizar su desarrollo y evitando desastres ambientales locales o globales.
La propuesta alternativa ante los previsibles abusos de un lado y otro, pasa por reconocer desde el primer momento la dignidad humana y el valor de los recursos que le son propios. Debe descartarse cualquier alternativa que no recoja estos factores, y deberá apostarse por un modelo de gestión integrada. Se considerará que el desarrollo económico, es una herramienta más para el desarrollo humano que se complementará con otras herramientas: la legislación y principios morales como el bien común, la solidaridad, la participación y la justicia social.
El progreso no es sólo la tenencia de una serie de bienes materiales, sino que se entenderá que el progreso está relacionado con la consecución de indicadores económicos pero sobre todo humanos. A parte de los índices económicos, deben incorporarse indicadores como la esperanza de vida, la mortalidad infantil, la disponibilidad de alimentos, la disponibilidad de agua potable, la sostenibilidad de los aprovechamientos, la tasa de alfabetización, el respeto a los derechos humanos, etc.

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