Unos mentecatos marroquíes, abusando de la hospitalidad española, han agredido en Madrid a la dulce cantante saharaui Mariem Hassan por vestir la túnica "melfa" que su pueblo, abandonado por el Gobierno de España y por la ONU, luce por las cálidas arenas del Sahara arrebatadas de manera infame por la dictadura marroquí. La que todavía tiene la desvergüenza y osadía de agredir en territorio español a ciudadanos saharauis sin que este Gobierno de puño en alto y góticas sayas advierta al embajador de Rabat que no consentirá semejantes atropellos, y sin que el ministro Rubalcaba dé orden de caza y captura de los agresores para expulsarlos inmediatamente del territorio español.

Semejante agresión nos ha recordado la extraordinaria labor que realiza en España la Asociación de los Amigos del Pueblo Saharaui, y la generosa y decidida entrega a esta causa justa de personas tan excepcionales como lo es Natalia Ferruciuli, ángel de la guardia -como Carmen Garrigues- del pueblo saharaui, y de su lucha por su independencia y su dignidad. Toda una labor generosa y callada que siempre asombró a don Camilo José Cela, el del Premio, quien tanto quería a Natalia, a la que cariñosamente llamaba "pobrecitos polisarios".

Naturalmente, nadie en España se atreve a ponerle el cascabel al dictador Mohamed VI, un protegido de Washington, amigo del gatazo "tontiastuto" de Felipe González, y gran consentido de este rojo de cartón piedra que es Zapatero. El que se come a besos a Chávez y le manda tropas al emperador negro, Obama, para que entren en combate en la guerra imposible e injusta de Afganistán. Pero nuestro Bambi hace tiempo que se hizo mayor y echó los cuernos, y ahora está en la berrea de los impuestos, y un día se da el pico con los sindicatos, agitando discursos descamisados propios de Perón, y otro se recuesta en los sillones blancos de la Moncloa con sus amigotes banqueros o constructores de postín, a los que no les toca un pelo porque los nuevos impuestos no los van a pagar los poderosos caballeros de Don Dinero, sino los de siempre: los ciudadanos de a pie.

Ya sabemos que el pueblo saharaui está dejado de la mano de Dios y Alá y que el Sahara, con sus reservas de fosfatos, petróleo y gas, es otro territorio que cuenta con la protección de las multinacionales del poder financiero y ése es mucho poder. Que se amplía y justifica con el argumento de que no se puede disgustar al monarca Mohamed VI, porque si el Frente Polisario recibe apoyos crecerá en Marruecos el islamismo radical. O sea, otra vez, como en Iraq o Afganistán: ¡viva el petróleo! Y a los pobrecitos polisarios, buenas palabras, ayudas de caridad y las resoluciones de la ONU y el plan Baker en el baúl de los recuerdos del Consejo de Seguridad.

A Mariem Hassan y sus músicos los han agredido impunemente en Madrid, y la guardia mora de Rubalcaba sigue sin actuar y todavía no ha cazado, que se sepa, a los esbirros de Mohamed. Por lo que se ve, el Ministerio de Interior está dedicado a los chorizos de 'Gürtel' y los setenta y un imputados de la Comunidad de Madrid, que es lo que da oxígeno y un respiro al Gobierno, y lo que permite al funambulista de la Moncloa hacer unas cabriolas sobre los bigotes del tal Álvaro Pérez, el pillo del puro y del paseíllo imperial en la boda hortera de los Aznar en El Escorial.

Marcello: -¿Un cuscús, don Camilo?

Camilo José Cela: -Venga.

M.: -¿Unos pastelitos de leche y miel, maestro?

C.J.C.: -Hace.

M.: -¿Un vasito de té verde?

C.J.C.: -Vale, pero con coñac, francés, por supuesto.

M.: -¿Qué le pareció el cuscús, don Camilo?

C.J.C.: -Digno de un sultán. ¿Quién está en los fogones?

M.: -¿Quién va a ser? Natalia, la reina de Tinduf.

C.J.C. (susurrando): -Claro, "pobrecitos polisarios", pero ella es un poco comunista, ¿no es verdad?