Hay diferencias dentro de la Alianza Atlántica sobre los objetivos de la misión en Afganistán, lo que reduce la eficacia de la fuerza armada en la zona, ISAF, cuyas unidades nacionales tienen consignas de comportamiento diferentes y alimenta el debate sobre el significado del "éxito" en Afganistán ante la persistencia de la violencia talibán.

     El presidente Obama ha redefinido los objetivos de la misión. Y son mucho más ambiciosos. El éxito reside ahora en consolidar la paz tras resolver el conflicto y no en la mera victoria militar, dando viabilidad a los Estados fallidos.

     La clave está en el documento que desarrolla la estrategia de Estados Unidos en el mundo, realizado por el Pentágono en 2008, bajo el liderazgo de Robert Gates. Es el documento de Estrategia de Defensa Nacional. "Capturando y matando no conseguiremos ganar", resumió Gates. El general David Petraeus, responsable de la estrategia contrainsurgente, recordó que "cuanto más fuerza se utiliza, menos eficaz se es". El documento de Estrategia establece que "más allá de la seguridad, los ingredientes esenciales de un éxito a largo plazo incluyen el desarrollo económico, el establecimiento de las instituciones, y el Estado de Derecho, así como la promoción de la reconciliación interna, el buen gobierno, proporcionando servicios básicos a la población..." Poco antes había aparecido un informe de la RAND Corporation que concluía que un grupo terrorista desaparece, en un 43 por ciento de los casos, a través de una transición hacia un proceso político. En otro 40 por ciento cae por la acción de la policía y la inteligencia. El uso de la fuerza militar ha sido eficaz en el 7 por ciento de los más que 600 casos examinados.

     La Casa Blanca ahora comprende que el terrorismo es la exasperación de un conflicto, alimentado por  la carencia de oportunidades políticas, miseria económica o inestabilidad social o étnica.  Por ello, la política antiterrorista correcta consiste en resolver el conflicto y construir la paz, la prioridad es el bienestar de la población y no sólo la eliminación del enemigo. David Kilcullen,  consejero del general Petraeus, dijo a Aldo Civico: "Creíamos que la paz era un producto de la seguridad, pero hoy nos damos cuenta que la seguridad es un producto de la paz". Tras el descubrimiento de John Lennon por el Pentágono, falta conocer la opinión del Tesoro en cuanto eche cuentas de cuánto le van a costar los nuevos objetivos.

     La nueva política extiende la mano. En su reciente discurso en el Consejo de Relaciones Exteriores, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ofreció apoyo y comprensión a los talibán que abandonen las armas. Hizo público el interés de la Casa Blanca por negociaciones con los talibán. El problema son los antecedentes. ¿Qué van a hacer con quienes depongan las armas? Antes de estas declaraciones de agosto de 2009, Japón puso 80 millones de dólares para el Programa para un Nuevo Comienzo. Cada miliciano que abandonó las armas, recibió 200 dólares, un paquete con alimentos y aperos de labranza si volvían a la aldea o, en otro caso, formación profesional, miles volvieron a sus casas, donde no había nada, o marchaban hacia una ciudad y no hallaban un modo de vida alternativa con lo que retornaban al conocido, un problema muy generalizado en esa nación.

     Esta medida tendrá más éxito con la nueva política de la Administración de EE.UU. si considera realmente prioritario resolver los problemas básicos de los afganos. Y de los iraquíes, los somalíes, los sudaneses, los georgianos, los coreanos, los igures, los cosacos del Don, los marroquíes, los israelíes, los bosnios, los estadounidenses, etc. "¡Qué cómodo el etc.!" decía Enrique Jardiel Poncela.