De este modo titulaba un correo electrónico, la habitual casilla del "Asunto", un enemigo político durante este mes de agosto: hablar entre enemigos. Y debo confesar que es de las pocas personas que, últimamente, me ha motivado para reflexionar algo. Aburrido y harto del tedio de la habitual actualidad sociopolítica y de las sumisas actitudes de quienes dicen discrepar de unos y de otros he vuelto a descubrir que hay algo más importante y trascendente que aquéllo que aparentemente nos separa y que está por encima para unirnos en fórmulas concretas de lucha y compromiso: los valores, la lealtad a una causa, el patriotismo (al margen del concepto propio de la patria en cada caso), la lucha, el sacrificio y la entrega militante. Esta es la clave, el nivel de entrega por la propia causa. La actitud personal que diferencia frente a quien no actúa nunca, por nada, más que cuando le va su propio interés personal y material.
Hace mucho tiempo que la maniquea y burda definición, de aficionado, entre amigos y enemigos se me quedó tan pequeña como aquélla otra entre buenos y malos, entre leales y traidores, entre patriotas y apátridas. La verdadera y más autentica separación se encuentra en las actitudes de cada cual, las que diferencian al comprometido del charlatán, las del entregado frente al cobarde, las del que actúa del teórico aburguesado de salón, al sol que mas calienta, entre la confidencia a los unos y el chivateo a los otros. "Mas que las palabras importan los valores; más que los discursos las prácticas; más que las banderas los sentimientos", afirma mi interlocutor repitiendo mis propios pensamientos. Y yo lo asumo, y lo firmo, y lo enarbolo frente a la cobarde sutileza del pseudomoderado, el pseudodemócrata, el pseudoliberal o el auténtico interesado. Actitudes nobles y heroicas ante la pasividad y la represión. Ante el silencio culpable del que sólo habla en los bares.
Ante quien se asusta por el sincero chasquido de las pistolas en defensa de la Justicia y la Libertad. A veces pienso, cada vez con más frecuencia, que las posturas concretas de cada uno dependen en buena medida del lugar de nacimiento: el territorio, la familia, el ambiente, el clima. Pero lo que es independiente de todo ello es la honestidad, el tesón, la lealtad y el afán de lucha y de combate por la causa que cada cual cree justa. Y cuando uno es coherente y auténtico, de lo que sea, además de deberse en cuerpo y alma a su causa, merece para mí todos los respetos. ¿Enemigos? no, amigo, compañeros de viaje y de trinchera o combatientes de frente y cara a cara, pero en el fondo...hermanos en la lucha.
¡Salud y república! ¡Salud y revolución!

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