Si la Acción Comunal, la Reforma Agraria y los demás movimientos populares encauzados por encauzados por el gobierno dentro de las comunidades agrícolas, no logran abrir canales normales (claro está indirectamente) para el ascenso político de los líderes campesinos de base, la violencia seguirá siendo el único canal político de ascenso efectivo para el campesinado colombiano no conformista.

De todas maneras, aunque surjan nuevos canales de ascenso normal la estructura de éstos será necesariamente diferente de la de los canales actualmente existentes. El requisito para el ascenso futuro no podrá ser más el conformismo político; los nuevos pactos con los líderes campesinos tendrán que ser hechos a base de la influencia popular que éstos tengan. Influencia que, a la vez estará cimentada más en la eficacia que en criterios subjetivos.

Canal burocrático

El canal burocrático de ascenso social es el que se realiza a través de los cargos exclusivamente administrativos como en parte lo explicamos antes. Es decir, con cargos que tengan funciones ejecutivas dentro de normas preestablecidas y en el campo de la organización tanto pública como privada. Por lo tanto es necesario considerar el ascenso burocrático dentro de la administración pública y dentro de la administración privada. [32]

Burocracia pública

Los criterios de ascenso social dentro de la burocracia oficial siguen (como los definimos en el caso del canal político) criterios más subjetivos que objetivos como sucede en los países subdesarrollados, en general, y en los latinoamericanos muy especialmente{19}. Dentro de estos criterios subjetivos está el de la influencia política, social y económica que pueda tener el candidato a empleado a los ojos del funcionario empleador. No quiere decir que estas influencias no puedan ser controladas objetivamente, por ejemplo por medio del número de votos puestos en la zona de influencia, por el prestigio familiar, por el ingreso per cápita, &c., &c. En lo que tratamos de insistir aquí, es en que esos criterios se reflejan a través del sujeto que hace la elección.

También entran dentro de estos criterios subjetivos, la simpatía personal del candidato, la afinidad ideológica y los compromisos familiares y de amistad.

Del concepto de criterio subjetivo se excluye el de la calificación profesional relativa a la función por llenar. No queremos en ninguna forma, excluir totalmente los criterios objetivos, de los criterios de movilidad ascendente. Lo único que queremos establecer es la prioridad de los criterios subjetivos. Dentro de éstos creemos que los que están condicionados por la influencia política y por la económica son los más importantes para el ascenso social. La burocracia es, en los países subdesarrollados, el medio más común para trabajar. En ella encontramos el porcentaje proporcionalmente más fuerte de inversiones del presupuesto nacional{20} y la menor exigencia de calificación profesional. Por esta razón el número de candidatos a la burocracia oficial excede al número de oportunidades. Este excedente en la oferta de trabajo es aprovechado por el empleador mediante la exigencia de aquellas cualidades en el candidato que le den una seguridad respecto a la estabilidad de su propio empleo.

Como lo explicamos atrás, las posiciones ocupadas gracias a criterios subjetivos son posiciones inseguras por depender más de las personas que de los requisitos universales pre-establecidos (como sucede en los países [33] desarrollados, en donde hay una carrera administrativa relativamente estricta y eficaz). Las calidades que dan más seguridad son las provenientes de la influencia política y de la posición económica del candidato al empleo.

La influencia política del empleado garantiza al empleador el respeto de los políticos que participan en el gobierno directamente como funcionarios, e indirectamente por los órganos de los partidos de los cuales depende su propia posición.

La influencia económica, además de obrar indirectamente sobre los políticos (según lo vimos cuando tratamos el canal político) garantiza una posibilidad de ascenso dentro de la empresa privada, en el caso de retiro de la burocracia pública.

Podemos concluir que, especialmente en los países subdesarrollados, el criterio económico de los que otorgan los puestos, influye predominantemente por y con el criterio político. Esto produce el hecho de que en estos países, gran parte de la lucha política esté motivada por la perspectiva de reparto del botín burocrático y de que la ideología política de los empleados oficiales siga los vaivenes de los resultados electorales y políticos en general. Es interesante, desde el punto de vista de la sociología política, el efecto producido en Colombia por el establecimiento de la paridad administrativa. La lucha burocrática se desplazó al seno de cada uno de los partidos tradicionales, produciendo escisiones profundas en éstos con claras consecuencias burocráticas para las fracciones internas.

En esta forma, el ascenso social por el canal burocrático está condicionado por las oclusiones existentes en los canales económico y político. Es decir, que el ascenso burocrático oficial depende, en gran parte y en última instancia, del conformismo con la minoría que detenta los poderes económicos, político y cultural.

Burocracia privada

Para establecer los criterios de ascenso dentro de la burocracia privada es necesario distinguir el género de empresa privada en que ésta se emplee.

Si se trata de una empresa de carácter más feudal que capitalista, los criterios serán más subjetivos que objetivos.

Si se trata de una empresa de carácter más capitalista que feudal, los criterios serán más objetivos que subjetivos. En este sentido los criterios [34] subjetivos tendrán una orientación más negativa que positiva. Es decir se usarán más como criterios de exclusión que de promoción. Dentro de éstos, uno de los principales es el conformismo del candidato. Sería bastante difícil que un individuo calificado pero inconformista lograra ascender en la escala burocrática privada. Esto nos hace concluir que aun a esta escala, la minoría privilegiada mantendrá el control de la situación sosteniendo la estabilidad de las estructuras actuales e impidiendo el ascenso que no estabilice su propia posición.

De los efectos principales que tuvo la violencia sobre la administración pública, querernos anotar los tres siguientes: lº. Establecimiento de un sistema militar administrativo informal. 2º. Descentralización de la administración. 3º. Aparición de nuevas presiones para controlar los cargos administrativos.

a) Establecimiento de un sistema militar administrativo informal.

Las guerrillas tuvieron un sistema militar administrativo informal. Como nos lo narra el libro de La Violencia en Colombia, había diversos niveles en la organización guerrillera, desde la guerrilla propiamente dicha o escuadra, hasta la sección, la compañía, la agrupación guerrillera y la división guerrillera. Toda la administración militar tuvo que desarrollarse dentro de esta jerarquía y se crearon cargos no militares de administración como el de Comisario Político, jefe de la Comunidad, Parcelador, Responsable de cada Vereda y Secretario General{21}.

Las normas impuestas a los guerrilleros contenían, además de prescripciones bélicas, una serie de principios administrativos elementales. En los establecidos por el Frente Democrático de Liberación Nacional de Colombia, se exigía para ascender al grado de oficial, además de los conocimientos militares, conocimientos políticos de tipo marxista, saber leer y escribir, tener nociones mínimas de ortografía y saber las cuatro operaciones de aritmética; disponer de buena conducta en su vida pública y privada.

La administración de justicia comienza a practicarse entre los guerrilleros, y aun dentro de aquellos grupos campesinos que eran objeto de la impunidad. Los códigos informales sobre sanciones y estímulos eran formas militares y administrativas de controlar la población campesina en general y en especial los grupos de combatientes. [35]

Posteriormente se han multiplicado en Colombia, las llamadas «Repúblicas Independientes», en las que la autoridad oficial no tiene acceso; dentro de ellas se ha organizado una administración paralela a la administración oficial, con nuevos cargos y nuevas funciones.

Esta nueva administración informal ha constituido un canal de acceso burocrático, con criterio selectivo diferente, basado en la calidad bélica, en el sectarismo político y en una habilidad elemental para la administración como líder carismático.

b) Descentralizado de la administración.

La administración informal anteriormente descrita comienza a gozar de una gran autonomía regional. Los comandos revolucionarios se establecen con criterios eminentemente prácticos en relación a las condiciones locales y a la actividad guerrillera.

La Violencia en Colombia nos describe los Comandos existentes durante la primera etapa:

Comando de las Fuerzas Revolucionarias de los Llanos Orientales.
Comando Revolucionario de Santander.
Comando de las Fuerzas Revolucionarias de La Palma y Yacopí.
Comando de las Fuerzas Revolucionarias del sur del Tolima.
Comando del Oriente del Tolima.
Comando de Sumapaz.
Comando de Pavón.
Comando de las Fuerzas de Autodefensa de Gaitania.
Comando de las Fuerzas de Autodefensa del Tequendama.
Comando de Río Chiquito y Símbola-Páez.
Comando de Nare.
Comando de Anorí.
Comando Guerrillero de La Rivera.

Como dice Mons. Guzmán: «Estos comandos, con excepción de algunos de los Llanos, no lograron nunca coordinarse ni ejecutar acciones combinadas»{22}.

La descentralización es pues autónoma y no coordinada. Las comunidades periféricas y locales adquieren una mayor importancia que los grupos [36] centrales administrativos de la administración oficial. La oportunidad de esta descentralización y la movilidad descendente se incrementa respecto de los estratos más bajos de la sociedad rural colombiana.

c) Aparición de nuevas presiones para controlar los cargos administrativos.

La administración oficial, como lo vimos antes además de un cierto grado de competencia exige un conformismo riguroso para el ascenso burocrático. Este conformismo garantiza el control jerárquico de las clases dirigentes hasta los últimos grados de la administración pública. En la nueva administración informal los cargos y los ascensos comenzaron a otorgarse con criterios distintos, muchos de ellos considerados antisociales, pero en todo caso basados en valores más fácilmente asequibles para la mayoría de la población. La selección se hacía más por presiones de base que por decisiones de grupos descentralizados y lejanos. El mismo jefe guerrillero estaba sujeto a las presiones de aquellos con quienes convivía y de quienes dependía en su prestigio, en su seguridad y en su vida. Para el ascenso dentro de esta administración informal, el conformismo con las estructuras vigentes era un obstáculo y se exigía otra clase de conformismo: el acuerdo irrestricto en la actitud revolucionaria.

No solamente sobre esta administración informal se ejercieron las presiones de los nuevos grupos campesinos organizados. Sabemos cómo en la administración de justicia, en el cambio de funcionarios judiciales, influye decisivamente la presión de los grupos guerrilleros. Igualmente sabemos que muchos otros cargos tienen que respetar las opiniones de los grandes jefes regionales de los grupos bélicos.

Como resultado de la violencia, podemos afirmar que muchos campesinos en diversas escalas de la jerarquía administrativa, se han acostumbrado a ejercer presiones. La masa campesina afectada por el fenómeno, también se ha acostumbrado a ejercer presiones sobre la administración. Ha encontrado un canal de ascenso burocrático a su alcance, que no tenía dentro de la estructura administrativa oficial.

En el caso de que la administración pública no fije criterios suficientemente objetivos y no cree los instrumentos para que la mayoría de nuestra población pueda ajustarse a dichos criterios, la administración informal seguirá siendo un canal más eficaz para el ascenso burocrático en la escala social. [37]

Canal militar

El canal militar de movilidad social ascendente está constituido por todo el escalafón formal del ejército, la marina, la aviación y la policía.

La función de las instituciones militares es la de la conservación del orden establecido. En los países subdesarrollados es la élite minoritaria la más interesada en conservar ese orden del cual dependen sus privilegios. Por otra parte, la vida económica del ejército depende del presupuesto oficial aprobado por el parlamento y, en ocasiones como en Colombia, los grados más altos son conferidos o aprobados también por éste. En esta forma las fuerzas armadas también dependen, en un aspecto capital, del grupo dominante y éste a su vez dependerá del ejército para el mantenimiento del orden. En general, por estar en condiciones inferiores en lo político, lo cultural, lo económico y lo burocrático, las instituciones militares han sido el instrumento de los grupos dominantes. Como habitualmente estos grupos no son verdaderamente populares y no cambian las estructuras que no favorecen a la mayoría, los disturbios del orden público en los países en desarrollo son bastante frecuentes. Es necesario, entonces, cambiar popularidad por bayonetas. Cuando la primera no existe se recurre a la segunda. Naturalmente que los jefes militares pueden escoger el sub-grupo político que quieren apoyar dentro de esta élite. Cuando ejercen directamente el poder gubernamental lo hacen siempre apoyados por un sector de los poseedores, y el gobierno militar caerá cuando este apoyo cese y no sea reemplazado por otro. En esta forma, el control de la minoría dirigente se realiza mediante unos compromisos con el poder militar. La élite política, económica y cultural, estará dispuesta inclusive a dar el gobierno del país a las fuerzas armadas, a condición de que se conserven las estructuras vigentes. Los militares harán respetar a la clase dominante hasta el punto en que sus privilegios sean otorgados en forma proporcional a la urgencia que haya de su intervención. En caso de guerra internacional o civil, en caso de recrudecimiento de la violencia en el país, estos privilegios tendrán que ser mayores que los otorgados en casos normales. Si no aumentan proporcionalmente, habrá un conflicto que podrá culminar en un golpe militar. Con todo, aun en este caso, el único canal que se rompería, por lo menos a corto plazo, sería el canal político. Si ese poder político se emplea en contra de los intereses de la minoría económica, [38] ésta urdirá todas las maquinaciones necesarias para que caiga. Ya hemos resaltado la importancia de la fuerza económica sobre la política.

De esta suerte vemos cómo el canal militar está controlado por la minoría económica, política y cultural, que también controla el poder burocrático. Sin embargo, es necesario anotar algunos rasgos de independencia del canal militar, respecto de los canales económico y cultural. Aunque existe una valla cuasi infranqueable entre los grados de suboficiales y de oficiales por motivos económicos y sociales, más que por criterio de calificación funcional, la educación militar superior (para los oficiales) presenta algunas grietas para el ascenso social, a través de las oclusiones económicas y culturales.

La educación militar es bastante barata en relación con la educación privada en general. Además hay una remuneración simultánea que ayuda eficazmente a descartar el freno económico. Estas facilidades producen un ascenso social de las clases bajas, inclusiva hasta de la clase media, con criterios que escapan relativamente a la estructura general económica y cultural. A esta última, por lo menos, a partir de la educación secundaria. Sin embargo, aunque por este canal, en forma excepcional hay más posibilidad de ascenso, el control de las minorías dominantes no se descarta. Por el contrario, a todas las escalas, hay una exigencia que culmina en el «conformismo contractual» de que tratamos arriba en lo más alto de la jerarquía militar.

La violencia tuvo varios efectos respecto de la estructura del ejército colombiano. Sin embargo, aquí consideramos los efectos que tuvo sobre la sociedad campesina como ganadora de un canal militar informal de ascenso social.

En este aspecto tenemos que los efectos más importantes para el cambio socio-cultural fueron:

a. La creación de un ejército informal.
b. Los criterios nuevos que rigen los ascensos dentro de este nuevo ejército.

a) Creación de un ejército informal.

Como lo referimos al hablar del canal administrativo, el ejército guerrillero tuvo una estructura bien establecida, copiada de la estructura del ejército regular, mezclada con una estructura administrativa informal y adaptada a las necesidades de la «guerra de guerrillas». Además de los [38] grados tradicionales existieron otras funciones que permitieron el enrolamiento de mujeres y de niños.{23}

b) Criterios nuevos que rigen los ascensos dentro de este ejército.

A pesar de que en toda institución militar el conformismo a los superiores es un criterio básico para el ascenso, es necesario analizar si la institución militar misma es una institución conformista respecto de las estructuras vigentes.

Como lo analizamos antes, el ejército en un país subdesarrollado tiene como primordial función, el mantener el orden interno, lo que, traducido al campo político, significa mantener las estructuras vigentes. El ejército guerrillero tiene un objeto, precisamente contrario: transformar esas estructuras. Por esto, los criterios de ascenso deben ajustarse a la eficacia revolucionaria del ascendido.

Además de esos criterios básicos tenemos algunos otros como el de lealtad, el grado de crueldad, la valentía, el espíritu de servicio, &c.{24} Con todo es necesario anotar algunos criterios intelectuales y políticos que se han tenido en cuenta en las guerrillas para efectuar los ascensos, y además la estructura más democrática, por el contrario, entre los superiores e inferiores y por la institucionalización de la crítica y de la emisión de opiniones por parte de los inferiores.

Los campesinos encontraron un canal de ascenso social dentro del ejército informal que no hubieran nunca hallado dentro del ejército regular de nuestro país.

Jefes guerrilleros, a cuya extracción social nos referimos antes, difícilmente hubieran podido llegar a tener los títulos que hoy ostentan, tales como el de general, coronel, capitán, &c.

En la primera edición del libro «La Violencia en Colombia», encontramos retratos como el de «Mariachi» vestido de uniforme de general, pasando revista a sus tropas. Es muy poco probable que Mariachi hubiera llegado siquiera al grado de oficial dentro del ejército regular, y si lo hubiera hecho habría sido adaptándose a los criterios de conformismo con las estructuras vigentes y con el necesario apoyo económico y político de las clases dirigentes para llegar a los últimos grados. [40]

La violencia abrió en esta forma, otro canal de ascenso social. En éste, como en el caso de los canales anteriormente analizados, podemos afirmar que la necesidad de ascenso se crea por vías anómicas o patológicas cuando es imposible realizarla por vías normales.

No podemos afirmar que la creación de un auténtico ascenso masivo y popular por el canal militar sea la solución para evitar la creación de estos ejércitos informales. Como lo repetiremos en la conclusión, lo importante es ver la necesidad general de ascenso que, cuando se ve obstruida por las vías normales, busca vías anormales, sin que la clase de canal sea muy importante para realizar ese ascenso.

Respecto del cambio social, es necesario anotar que las estructuras mismas de ese ejército informal cambiaron los valores, las actitudes y la conducta, no solamente de los campesinos que en el ejército han participado, sino de los campesinos que han tenido contacto con ese ejército.

Las guerrillas han impuesto disciplinas exigidas por los mismos campesinos: han democratizado la autoridad, han dado confianza y seguridad a nuestras comunidades rurales, como lo mencionamos al tratar del espíritu de inferioridad, desaparecido en las áreas campesinas en donde el fenómeno de la violencia se ha manifestado.

Todas estas transformaciones socio-culturales en el campesinado, lo disponen a ser un grupo de presión para un cambio general de estructuras, como lo analizaremos más adelante.

Canal eclesiástico

El canal eclesiástico de ascenso social está constituido, en los países subdesarrollados de Latinoamérica, por los diferentes grados y dignidades establecidos por la Iglesia Católica. Dada la poca importancia social institucional de los otros canales dependientes de una institución religiosa, no los tomaremos por ahora en cuenta. Por otra parte, es necesario distinguir entre los grados oficiales y aquellos que atañen a la escala social propiamente dicha.

Dentro de ésta podemos establecer los grados de: seminarista, coadjutor o capellán, párroco rural, párroco urbano de barrio obrero, de barrio residencial, monseñor o canónigo, obispo auxiliar, obispo principal, arzobispo y cardenal. [41]

Dentro de cada una de las anteriores categorías puede haber una oscilación de status bastante considerable. Sin embargo, como clasificación tentativa proponemos la siguiente, como promedio para cada estrato.

Seminarista. Clase media baja.
Coadjutor o Capellán. Clase media media.
Párroco rural. Clase media media.
Párroco urbano (obrero). Clase media media.
Párroco urbano (barrio residencial). Clase media alta.
Monseñor o Canónigo. Clase alta baja.
Obispo auxiliar. Clase alta media.
Obispo Principal. Clase alta media.
Arzobispo. Clase alta media.
Cardenal. Clase alta media o alta, según la extracción familiar.

Aunque la clasificación anterior (como toda clasificación, más aún en Sociología y con la agravante de no estar fundamentada sino en la observación participante), pueda resultar un poco arbitraria, lo que tratamos de afirmar fundamentalmente es que el canal eclesiástico es un canal muy efectivo de movilidad social ascendente. Esto se hace aún más notorio si consideramos que la mayoría (en términos absolutos) de los eclesiásticos son de extracción rural. Sin embargo, la clase social rural de origen es más bien clase media media (comerciantes, pequeños hacendados, maestros, &c.){25}, lo que no significa un paso de ascenso al comienzo del canal eclesiástico. Una de las particularidades de éste es su relativa independencia del canal económico. Creemos que no erramos al afirmar que es el canal que tiene una mayor independencia de las minorías económicas, por las siguientes razones:

a. Las bajas pensiones de los seminarios, tanto menores como mayores.
b. El número de becarios, generalmente superior al de los pensionados.

En este último factor influye en alguna medida el nivel económico, por cuanto los candidatos preferidos para las becas son los que tienen un nivel social de origen superior. Este nivel social está estrechamente ligado al nivel económico y cultural, como lo describimos antes. [42]

El canal de ascenso, en su primera etapa (el seminario) tiene un carácter predominantemente cultural formal. Ese ascenso se efectúa generalmente desde la escuela primaria (escuela apostólica) hasta la escala universitaria (Seminario Mayor).

Los criterios de ascenso en esta etapa son predominantemente los de capacidad intelectual y conformismo en la conducta{26}.

En las etapas siguientes, el criterio primordial de ascenso en la estructura actual de la Iglesia latinoamericana, es el conformismo. Por ejemplo, en algunos países, los obispos no son elegidos sin la aceptación del candidato por todo el episcopado nacional. Esto implica una nivelación del candidato sobre la base del conformismo, principalmente.

Creemos que el canal eclesiástico no es más utilizado como canal de ascenso social, en los países latinoamericanos, por dos razones fundamentales:

1. La lentitud de ascenso en la primera etapa (6 a 7 años de Seminario Mayor).
2. La alta mortalidad educacional. (En Colombia más o menos el 50% de los ingresados al primer año de Seminario Mayor).

Estos frenos hacen que se necesite un grado alto de conformismo y de madurez intelectual y emocional en la familia de origen o en el individuo (si se trata de un candidato adulto).

El ingresar a un seminario supone una serie de patrones culturales (deseo de cambio, de progreso, de liderazgo), que se deben realizar a largo plazo. Estos patrones, como promedio, no se encuentran en la clase baja. Se necesita partir de la clase media baja o clase media en general.

De todas maneras, podemos concluir que el canal eclesiástico de ascenso social, es un canal eficaz, con oclusiones más culturales que económicas, políticas o burocráticas.

Sin embargo, es necesario medir el alcance de las oclusiones culturales; las exigencias de competencia intelectual son exigencias objetivas, aunque siempre limitadas por el género de exigencia que se haga. Si la prueba se hace basándose en un sistema no apto para las necesidades actuales, triunfar en ella no es tan significativo de eficiencia, como si se trata de un sistema apto. [43]

Las exigencias de conformismo pueden crear, en un país subdesarrollado, una movilidad social material y no socio-cultural. En otras palabras puede ser que un individuo de clase media baja, o aun de clase baja, llegue a ser arzobispo o cardenal. Sin embargo, es fácil que solamente se le tolere en ese cargo a costa de un conformismo absoluto con los valores de la minoría dominante. Entonces tendríamos que el canal eclesiástico de ascenso social resultaría ser más material que socio-cultural. Esto se agrava en aquellos países en que tiene una ingerencia formal o informal el poder político sobre los nombramientos de los obispos y sobre la pastoral general de la Iglesia.

No es que en los países desarrollados el cambio de clase no implique un cambio de valores; sin embargo, no es la condición «sine qua non» del cambio como parece serlo en el canal eclesiástico.

Obviamente, el análisis anterior es bastante simplista. Los factores económicos, familiares, políticos, culturales y burocráticos inciden en diversos grados y en diferentes composiciones, con el canal eclesiástico de ascenso. Sin embargo, quisimos únicamente destacar los rasgos que parecen principales.

Actualmente la presión popular influye poco en el ascenso por el canal eclesiástico. Es cierto que la aceptación del sacerdote en una determinada comunidad o el rechazo por parte de ésta tiene alguna influencia para el ascenso. Sin embargo, es necesario anotar que antes del fenómeno de la violencia la aceptación o rechazo que eran tenidos en cuenta para el ascenso o descenso social no era la de la mayoría de la comunidad sino, fundamentalmente, la de los líderes tradicionales o burocráticos de ésta. Es fácil que un sacerdote popular entre la mayoría de sus fieles sea trasladado por la presión de una minoría influyente.

Este fenómeno se produjo especialmente porque la mayoría del campesinado no constituía un grupo de presión y porque su actitud, especialmente en las áreas rurales, respecto del sacerdote, era una actitud pasiva y sin crítica.

Naturalmente que la unión de intereses entre la alta jerarquía y la clase dirigente produce que los ascensos eclesiásticos tengan como uno de los criterios básicos el conformismo con las estructuras, que se manifiesta en la escala local en el conformismo con los grupos minoritarios dirigentes de las comunidades de base. [44]

Durante la violencia asistimos a la muerte de varios sacerdotes{27}, a profanaciones y a actos iconoclastas, lo cual revela un cambio en la actitud del campesinado respecto de la institución eclesiástica.

Es muy posible que la desafección del campesino a esta institución no sea producida solamente por aquellos elementos del clero que estimularon en alguna forma las matanzas de campesinos. Sería interesante hacer un estudio sistemático sobre las actitudes religiosas del campesinado colombiano en las áreas de violencia.

Sin embargo, como hipótesis de trabajo, podemos decir que el campesinado colombiano tuvo una actitud de rechazo al sacerdote en esas áreas en donde no encontró esa solidaridad franca por parte de éstos, respecto de los intereses campesinos.

Es muy posible que los criterios de popularidad del sacerdote en las comunidades rurales hayan cambiado. Y no basta que éste sea un buen administrador o que no haga nada malo. Es necesario que el campesino lo sienta solidario con sus intereses.

En el caso de que la mayoría del campesinado se constituya en grupo de presión, es muy posible que a largo plazo los criterios de ascenso por el canal eclesiástico hayan cambiado. Sin embargo, para un cambio fundamental en los criterios de ascenso, es necesario que los criterios de la alta jerarquía no estén necesariamente ligados a los criterios e intereses de las clases dirigentes y, por lo tanto, al mantenimiento de las estructuras actuales.

Si el grupo de presión campesino, además de llegar a ser el más efectivo por la expresión de su aprobación o rechazo del sacerdote, llegara a producir un divorcio entre los intereses de la clase dirigente y los intereses de la Iglesia, cambiaría fundamentalmente la estructura del ascenso social por el canal eclesiástico, imponiendo para el ascenso social criterios basados en los intereses campesinos en lugar de los criterios basados en los intereses de la clase dirigente.

A nadie escapa la trascendencia que para el cambio social tiene, en un país como Colombia en el cual la institución religiosa tiene aún mucha influencia, el que los dirigentes eclesiásticos tengan una actitud de cambio basada en los intereses de la mayoría.

Como conclusión general podemos afirmar: [45]

1.º Que en los países subdesarrollados, en los latinoamericanos y en Colombia en particular, los canales de movilidad social ascendente están estructuralmente obstruidos para la mayoría de la población.

2.º Que el factor que condiciona en forma más determinante la oclusión y control de los demás canales, es el económico.

3.º Que la minoría de la población que controla la movilidad social ascendente está interesada en mantener la obstrucción de los canales de ascenso y por eso el conformismo es una condición indispensable para que ésta se efectúe.

4.º Que la movilidad social ascendente es más de tipo minoritario que masivo, más material que sociocultural y, por tanto, sin efectos a corto plazo, sobre el cambio social.

5.º Que esta inmovilidad se presenta en forma más aguda en las áreas rurales de dichos países.

6.º Que la violencia simultáneamente produjo una conciencia de clase y dio instrumentos anormales de ascenso social.

7.º Que las estructuras del ascenso anormal establecidas por la violencia cambiaron las actitudes del campesinado colombiano, transformando el campesinado en un grupo mayoritario de presión.

b) Agresividad latente.

La agresividad puede ser individual o social. La agresividad individual es el resultado de un deseo de destrucción originado en una frustración. La destrucción se busca como una compensación y como un medio de reconstrucción de lo que no se ha logrado.

La agresividad social tiene las mismas características pero extendidas al grupo social.

La agresividad puede ser manifiesta o latente; según que el deseo de destrucción se pueda realizar o no.

La agresividad social en general se encuentra en aquellos países en los cuales hay frustración de aspiraciones. Si esa frustración de aspiraciones forma parte de la conciencia social y dentro de las instituciones sociales encontramos instrumentos violentos y eficaces de realización{28}, la agresividad se hará manifiesta. [46]

Según lo expuesto anteriormente, en las áreas rurales de los países en desarrollo, encontramos una gran inmovilidad social ascendente que produciría una frustración de aspiraciones en el caso de que haya conciencia de ella. Esa conciencia se adquiere por un cambio social inducido. Cuando las comunicaciones humanas se extienden y aumentan, la conciencia social aumenta y si se conocen puntos de comparación, las frustraciones aparecen.

Ahora bien, si existe la conciencia, pero no se conocen los instrumentos institucionales de realización, la agresividad seguirá en su estado latente. Si los instrumentos institucionales eficaces se conocen y esos instrumentos están dentro de las estructuras vigentes, la agresividad latente se resolverá en una acción institucional que no violente las estructuras. Si, por el contrario, los instrumentos institucionales que se conocen están contra las estructuras vigentes, la agresividad latente se convertirá en agresividad manifiesta. Esta agresividad manifiesta se hará tanto más intensa cuanto más conciencia haya de las frustraciones y cuanto por un lado sean más eficaces los instrumentos contra las estructuras y, por otro menos eficaces los instrumentos de acuerdo con éstas.

En las áreas rurales de los países latinoamericanos encontramos los diferentes grados de frustración y de conciencia y las diferentes combinaciones de instrumentos normales y anormales (de acuerdo o no con las estructuras). En todo caso la falta de movilidad social en estas áreas es un elemento de agresividad latente.

En Colombia la agresividad social latente se ha vuelto manifiesta en forma intermitente a todo lo largo de su historia. Desde las guerras precolombinas entre los indígenas, pasando por las luchas de la conquista, las revueltas de la época colonial, la guerra de Independencia, las guerras civiles posteriores a ésta y las manifestaciones de violencia que se ha solido llamar política (como la del año 30) hasta el fenómeno de violencia actual que hemos definido tentativamente al principio de este estudio.

Ya se ha visto, al considerar las variables anteriores, cómo la violencia introdujo simultáneamente:

  1. La conciencia de la frustración.
  2. La agudización de la frustración.
  3. Los instrumentos eficaces, pero anormales para resolver la frustración. La acción armada de las fuerzas oficiales, fue el elemento de cambio social inducido por el cual se produjeron los tres efectos anteriores. [47]

Podemos por lo tanto afirmar, que el fenómeno común a las áreas rurales subdesarrolladas descrito como agresividad latente, se ha expresado en nuestras comunidades campesinas haciéndose agresividad manifiesta en el fenómeno de la violencia.

3. Variables características de la sociedad rural colombiana.

a) Sectarismo político.

Lo que se ha solido llamar «sectarismo político», es una forma de agresividad de grupo y en concreto, de un grupo que hace parte de una organización que ejerce o pretende el poder estatal. Además del elemento de agresividad, debemos incluir en la expresión «sectarismo político», las nociones correlativas de seguridad intragrupo e inseguridad extragrupo.

Toda pertenencia a un grupo es un efecto y una causa a la vez de la necesidad de seguridad social que tiene todo individuo. Esa función de seguridad que da el grupo, será tanto más intensa cuanto mayor sea la inseguridad de permanencia fuera del grupo. En los países desarrollados, además, existen instituciones que garantizan la seguridad social en forma independiente de la pertenencia a un grupo. Por esto, la necesidad de pertenencia a grupos es mucho menor en estos países que en los nuestros. Como por otra parte, la agresividad social, es mayor en el país subdesarrollado porque las frustraciones son, en general, mayores, podemos afirmar que el sectarismo político es un subproducto de la falta de desarrollo socio económico.

En los países no industrializados la pequeña minoría que detenta el poder, constituye un grupo en sí bastante cerrado (como lo vimos antes) y que tiene la mayor cuota de seguridad dentro de la sociedad. La única forma de perder esta seguridad sería el cambio de estructuras que acarreará la pérdida del control social.

Evidentemente, dicho cambio no podrá provenir sino del extra-grupo, es decir, de la mayoría de la población que no puede ascender. Con todo, el hecho mismo de ser una minoría constituye un elemento de inseguridad en el caso de que la mayoría se muestre descontenta. Por consiguiente, es necesario algún mecanismo que satisfaga a la mayoría, mantenga las estructuras y si es posible, haga peligroso cualquier cambio de éstas.

El partido político puede cumplir con las funciones anteriores, siempre y cuando llene determinados requisitos: en primer lugar, debe dar algunas satisfacciones suficientes para evitar el descontento. En segundo lugar, debe relacionar las satisfacciones de necesidades al mantenimiento de las [48] estructuras, y en tercer lugar, debe crear sistemas para hacer peligroso el cambio de éstas.

El partido político en Colombia, es un instrumento para la satisfacción de algunas necesidades de la mayoría de los colombianos. Dada la importancia del botín burocrático en un país subdesarrollado (con mano de obra poco calificada, alto porcentaje de ingreso nacional dedicado a la administración y pocas exigencias técnicas por parte de ésta), el partido político es una importante fuente no solamente de subsistencia de muchos colombianos ya que de él depende la repartición de este botín. En otras palabras, muchos más dependen de los empleos públicos, aunque no los ejerzan, por la expectativa que tienen de ejercerlos. Por lo tanto, son muchos los colombianos que dependen directa o indirectamente del partido político.

Sin embargo, para que esa dependencia implique a la vez una garantía para el mantenimiento de las estructuras socio-económicas, es necesario que exija una dependencia a la clase dirigente. Por esta razón, para que el partido sea un instrumento apto de conservación para esta clase, debe ser poli-clasista, es decir, debe estar estructurado a base de la pertenencia de todas las necesidades sociales a esa clase dirigente. Como es lógico, si la pertenencia no trae ventajas técnicas ni racionales es necesario buscar motivaciones sentimentales que la justifiquen. De allí la base tradicional o sentimental que tienen los sistemas de partido, ya que el botín burocrático, que de hecho es repartido por la clase dirigente, podría ser administrado por la mayoría de la población, en forma más técnica y racional.

Para que este mantenimiento de las estructuras sea sólido y duradero, es necesario que su rompimiento entrañe un peligro para la clase que no se beneficia con el sistema vigente. El sectarismo político es el instrumento por el cual la clase dirigente logra que esa mayoría encuentre una seguridad intragrupo, proporcional a una inseguridad extragrupo.

En resumen, el partido político tiene funciones respecto tanto de la clase dirigente como de la mayoría de los dirigidos; para la clase dirigente constituye un elemento de conservación de las estructuras por el sentimentalismo partidista y por el sectarismo político, y no permitiendo la reestructuración de los partidos sobre bases racionales que transformen las estructuras implantando el gobierno de las mayorías.

Para la clase dirigida el ambiente social de inseguridad que produce el sectarismo político, el partido constituye un grupo de refugio y el único [49] capaz de relacionarlo con la clase dirigente, es decir, con la fuente de su propia seguridad. Esta relación debe establecerse con la condición indispensable del conformismo respecto del propio partido. Conformismo que se demuestra y se afianza más con manifestaciones de sectarismo contra el partido contrario. El sectarismo político es pues el instrumento de doble filo que refuerza el conformismo de la clase dirigida y garantiza la estabilidad de las estructuras a la clase dirigente.

La violencia fue desatada como un instrumento del sectarismo para que cumpliera las funciones que hemos atribuido a éste. De ahí que la violencia no se produjo entre las clases dirigentes, sino entre la masa de los campesinos sentimentalmente divididos en los partidos tradicionales, padeciendo una mayor inseguridad social, que los aferraba aún más a esos partidos.

Por eso también una vez hecha la unión política entre las clases dirigentes, la violencia ha continuado para garantizar el sectarismo necesario que impide la reestructuración de los partidos sobre bases racionales capaces de transformar las estructuras. Dentro de esta política es lógico que cualquier individuo que se arriesgue a disentir de las directivas y de los partidos tradicionales, sea considerado como marginal y casi como fuera de la ley. Es sintomática la aparición de las sociedades macartistas, compuestas por elementos de la clase dirigente de ambos partidos. La función formal de estas sociedades, es la de perseguir al comunismo y la función informal es la de marginar a todo individuo o movimiento anticonformista que aparezca en el escenario político, social o económico. La violencia, por lo tanto, no favorece a uno u otro partido político en particular; en ocasiones, puede favorecer más a un partido minoritario nivelando con el terror las fuerzas políticas desniveladas por diferencias electorales. Sin embargo, la violencia favorece fundamentalmente a toda la clase dirigente de cualquier partido que ésta sea.

A pesar de todo, la violencia ha desencadenado un proceso social imprevisto por las clases dirigentes. Ha despertado la conciencia del campesino, le ha dado solidaridad de grupo, sentimiento de superioridad y seguridad en la acción; ha abierto posibilidades de ascenso social, y ha institucionalizado la agresividad, haciendo que los campesinos colombianos comiencen a preferir los intereses del campesinado a los intereses del partido. Esto tendrá como efecto la constitución de un grupo de presión social, económica y aun política capaz de cambiar las estructuras en la forma menos prevista y menos deseada por la clase dirigente. Es muy posible que, debido [50] a la violencia, el sectarismo político se cambie en sectarismo de clase como se ha visto en muchas áreas rurales colombianas.

b) Falta de conciencia de clase.

Escapa a los fines del presente análisis, el entrar en disquisiciones sobre la definición de clase social. Para nuestros objetivos basta tener una definición generalmente aceptada. Cuando hablamos de la clase campesina nos referimos a un cierto grupo social del status económico más bajo dentro de la sociedad colombiana. Consagrado a una ocupación dentro del sector primario de la producción, localizado predominantemente en las áreas rurales del país. Conciencia de clase es la que existe respecto de una serie de relaciones sociales existentes dentro del grupo antes definido, relaciones de tipo exclusivo respecto del extragrupo. Cuando esta conciencia de clase se une a la iniciativa en, y a la organización para la acción del grupo que la posee, es capaz de influir en las decisiones gubernamentales y, por lo tanto, es capaz de volverse un grupo de presión.

En muchos países subdesarrollados, el campesinado se ha organizado en diversas formas. Los movimientos agrarios en Latinoamérica, han tenido una importancia que contrasta con la que han tenido en nuestro país.

El carácter más pronunciado de las variables arriba señaladas, especialmente la del individualismo y la del aislamiento, han hecho que el campesinado colombiano no haya tenido una conciencia de clase. Por otra parte el aislamiento cultural de nuestro país, junto con el atraso en el equipo técnico de comunicaciones, han impedido las interacciones culturales necesarias para un cambio social capaz de crear una conciencia de clase. La ausencia de contactos ha producido una falta de conciencia sobre las propias necesidades, por falta de conocimiento de otros grupos de referencia. La falta de movilidad social ascendente ha tenido por efecto la institucionalización de un fatalismo respecto de la solución de algunas pocas necesidades sobre las cuales hay conciencia. Aun en el caso en que, por alguna circunstancia, haya conciencia de las necesidades y el fatalismo haya sido reemplazado por una actitud de iniciativa en la acción, generalmente esto ha sucedido a la escala individual. Los conflictos con los extragrupos campesinos, han impedido la creación de una solidaridad rural, y el sectarismo político ha agudizado la desunión.

Aun después de la aparición de la violencia, podemos observar las comunidades rurales que no han sufrido el influjo de ésta ni directa ni indirectamente y encontramos las características de conciencia respecto de las [51] necesidades, fatalismo ante el progreso y falta de seguridad colectiva entre los campesinos.

Al considerar los efectos de la violencia, sobre la creación de la conciencia de clases en el campesinado colombiano, podemos recapitular el análisis sobre los cambios acaecidos de las otras variables.

La demasiada importancia del vecindario local, el aislamiento, el individualismo, los conflictos intra y extra grupo, el sentimiento de inferioridad, la ausencia de movilidad social vertical ascendente, la agresividad latente, implican una falta de conciencia de clase. La violencia, al alterar las anteriores variables, comienza a crear una conciencia de clase; generaliza las relaciones sociales entre los campesinos de casi todo el país, da conciencia de que esas relaciones son exclusivas del grupo campesino, y además da solidaridad para la acción comenzando a influir informalmente en las decisiones gubernamentales y por medio de pactos políticos, en las estructuras vigentes. De la falta de esa conciencia de clase, el campesino está pasando paulatinamente a ser un grupo de presión que será definitivo en el cambio social de las estructuras colombianas.

c) Respecto a la propiedad privada.

De los diversos informes de los Cronistas de Indias, los historiadores de la colonia y de los historiadores latinoamericanos, podemos concluir que la forma más generalizada de propiedad dentro de las comunidades indígenas era la forma de posesión colectiva de la tierra.

La obra colonizadora española no afectó fundamentalmente la mentalidad indígena respecto de la propiedad. Las organizaciones rurales colectivas continuaron bajo nuevos patrones eclesiásticos, militares o civiles{29}. Con el movimiento emancipador se introdujeron las ideas liberales, dentro de las cuales la idea de la propiedad privada como base de la estructura política y social colombiana. El respeto a la propiedad privada pasó a ser patrimonio de los valores culturales colombianos. Antes de la violencia, nuestro campesinado tenía un respeto formal a la propiedad privada, respeto que informalmente era desconocido en algunas ocasiones por la conducta de éste. Durante la violencia se introdujo la institución del «jus primo possidentis»{30}. [52]

Las expropiaciones ejercidas a menor precio, las invasiones, el control sobre cosechas y mercadeo, ejercidas por los grupos guerrilleros, hicieron perder a nuestros campesinos ese valor cultural que habían adquirido en el último ciclo.

En las comunidades en donde surgió este fenómeno se han organizado invasiones de tierras, con una facilidad que no solamente puede ser explicada por la presión económica, sino que tiene como base la práctica, durante la violencia, de hacer uso de la propiedad ajena para los fines inmediatos de subsistencia. Aunque este efecto de la violencia es accesorio y aparentemente intrascendente, es importante respecto del cambio social; si, como vimos antes, el campesinado se está constituyendo paulatinamente en un grupo de presión, es importante conocer los patrones culturales de ese grupo. Si el respeto de la propiedad privada ha dejado de ser un elemento dentro de esos patrones, es muy posible que en el cambio de estructuras que pueda llevar a cabo la presión de este grupo se ataque directamente la estructura de la propiedad.

Conclusión

Basados en el análisis anterior, podemos decir que la violencia ha constituido para Colombia el cambio, socio-cultural más importante en las áreas campesinas desde la conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ellas las comunidades rurales se han integrado dentro de un proceso de urbanización en el sentido sociológico, con todos los elementos que éste implica: la división del trabajo, especialización, contacto sociocultural, socialización, mentalidad de cambio, despertar de expectaciones sociales y utilización de métodos de acción para realizar una movilidad social por canales no previstos por las estructuras vigentes. La violencia además ha establecido los sistemas necesarios para la estructuración de una subcultura rural, de una clase campesina y de un grupo de presión constituido por esta misma clase, de carácter revolucionario. Sin embargo, la violencia ha operado todos estos cambios por canales patológicos y sin ninguna armonía respecto del proceso de desarrollo económico del país.

Aunque es muy difícil predecir, es muy poco probable que haya cambios estructurales lo suficientemente profundos, realizados por la sola iniciativa de la clase dirigente actual, para encauzar todas esas fuerzas anómicas dentro de un proceso de desarrollo planificado técnicamente. Sin embargo, la orientación hacia los problemas agrarios que han tenido los últimos gobiernos, podría producir el efecto de la creación de un liderazgo de base [53] capaz de dirigir las presiones del campesinado hacia objetivos de desarrollo social y económico. Si estas presiones se ejercen en forma suficientemente técnicas y enérgicas, podrían cambiar la estructura de nuestra clase dirigente, siempre y cuando ésta sea capaz de valorar a tiempo el peligro de una transformación que la destruya completamente, por no haber podido adaptarse a un cambio social que se presenta como inevitable.

(Tomado de la revista La Gaceta, año III, nº 16-17, sept.-oct.-nov.-dic. 1966, Bogotá, Colombia.)

Notas

{1} El fenómeno de la violencia en Colombia podemos definirlo como un tipo de conflicto social que se manifiesta por la acción armada de grupos, especialmente en vecindarios campesinos, generalizada geográficamente en «Colombia» y de carácter endémico, ya que se ha prolongado por varios años sin solución de continuidad. Para mayor explicación Cfr. Germán Guzmán C., Eduardo Umaña Luna, Orlando Fais Borda, «La Violencia en Colombia», la edición Monografía Sociológica. Fac. de Sociología, U. N. Bogotá 1962, pág. 368.

{2} Es de notar también que en el presente estudio no consideramos sino las áreas que han sido afectadas, en algún momento, por el fenómeno. Sin embargo, de acuerdo con los estudios realizados, especialmente por Mons. Germán Guzmán, casi todos las áreas rurales colombianas (Cfr. «La Violencia en Colombia» -Estudio de un proceso social- Tomo 1, 2ª. edición, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1962) han sido afectadas por la violencia.

{3} Gustavo Pérez, El campesino colombiano, un problema de estructura, 2ª. Ed. Centro de Investigaciones Sociales, Bogotá, 1962. Orlando Fais Borda, Campesinos de los Andes, Editorial Iquelma, Bogotá, 1961. El hombre y la tierra en Boyacá, Editorial Anteres, Bogotá, 1956.

{4} Cfr. Guzmán, Umaña, Fals Borda, La Violencia en Colombia, 1ª. ed. Monografías sociológicas nº 12 - Facultad de Sociología. U. N. Bogotá, 1962, págs. 147 et passim.

{5} Robert Redfield: «The Folk Society», The American Journal of Sociology, 52, (Enero 1947) pág. 293.

{6} E. Durkheim: «De la división du Travail Social» (1902) XXXII.

{7} Para ampliar la teoría sobre la transformación de la sociedad-folk en sociedad urbana debido a la división del trabajo, es útil consultar E. C. Hughes «Personality Types and the Division of Labor», American Journal of Sociology, 1928/33, 754/768 y Leopold Von Wiese and Howard Becker «Systematic Sociology» (N. York, John Wiley & Sons, 1932) 222/225 et passim).

{8} La Violencia en Colombia, loc. cit., pág. 142.

{9} Loc. cit.

{10} Clasificación tomada de Max Weber, Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica de México, que es la aceptada por la generalidad de los sociólogos.

{11} La Violencia en Colombia, 2ª ed., op. cit. pág. 274 et passim.

{12} Empleamos las palabras normal y anormal con relación a los patrones culturales aceptados formalmente por la mayoría de la sociedad colombiana.

{13} Datos tomados de la «Estadística de la Educación Superior», 1958, Asociación Colombiana de Universidades, Bogotá, D. E., 1961.

{14} Robert Williamson, El estudiante colombiano y sus actitudes, Fac. de Sociología, Monografía nº 13, Bogotá, 1962. Trae un porcentaje de 6,2 de hijos campesinos.

{15} Cfr. Max Weber, Op. cit.

{16} Cfr. Max Weber, Op. cit., loc. cit.

{17} «Gamonal» se llama en Colombia al líder tradicional a la escala local.

{18} La Violencia en Colombia, Op. cit. Capítulo VI, Semblanzas de jefes guerrilleros,

{19} Cfr. Handlin: «Clases Sociales en América Latina.» Ciencias Sociales. Unión Panamericana, Washington, D. C.

{20} En 1961 el presupuesto para burocracia es aproximadamente el 30% del Presupuesto Nacional. En Bogotá es aproximadamente el 60% para el mismo año.

{21} La Violencia en Colombia, Op. cit., Capítulo V.

{22} La Violencia en Colombia, Op. cit., pág. 163, 2ª. ed.

{23} Cfr. «La Violencia en Colombia», 2ª. ed., Op. cit., págs. 163-164.

{24} La Violencia en Colombia, 2ª. ed., Op. cit., págs. 158-159. «Mandamientos del buen guerrillero» y «Condiciones para ascender al grado de oficial».

{25} Cfr. Gustavo Pérez: El problema sacerdotal en Colombia. Editorial Rivadeneira, Madrid 1962.

{26} Aunque formalmente se habla de «virtud» en el sentido de «autodominio» en la práctica, como promedio, se trata de «conformismo».

{27} Cfr. La Violencia en Colombia, 2ª. ed. pág. 171, Op. cit.

{28} «Realización» en el sentido que explica T. Parsons de «performance» (Cfr. T. Parsons, T. Bales, R. F. and Shils. E. A., «Working Papers in the Theory Of Action», 1953, Cp. V. Sec., V; Parsons y N. J. Smelser, «Economy and society», Routtledge and Kegan, Paul Ltd. Londres 1956.

{29} Como estudios sobre la evolución del concepto de la propiedad en Colombia, consúltese a Alfonso López Michelsen: Introducción al estudio de la Constitución de Colombia.

{30} La Violencia en Colombia, Op. cit.