El carácter mesiánico, salvador, y el sentimiento de que su presencia en la historia acontece en la hora precisa para que no llegue a consumarse de modo irreparable la catástrofe, constituye el basamente emocional de las juventudes. «Discurso a las Juventudes de España» Onésimo Redondo

Han pasado muchos años desde que las derechas ganaron la guerra civil. Si bien dicha guerra pudo haber supuesto una inmejorable oportunidad para la implantación de la revolución nacionalsindicalista, es notorio que dada la naturaleza originaría de tal acontecimiento, de claro matiz clasista burgués y el protagonismo militarista, la Falange no podía tener muy buenas perspectivas. Contribuyó a liquidar el peligro comunista (temporalmente), pero las derechas salieron victoriosas de la paz, iniciando una amplia ofensiva destinada a ocultar a los españoles la doctrina revolucionaria de José Antonio y tendente a la recuperación de la decadente monarquía española.

Pero ahora no valen gestos teatrales de buscar culpables y hacer acusaciones ampulosas y espectaculares. Lo pasado, pasado. Y no corresponde a nuestro estilo el mirar hacia atrás con odio y rencor. Nuestra misión de hoy, como españoles, como falangistas y como jóvenes es primero darnos cuenta de que el orden capitalista protagonizado por un espíritu materialista y mezquino de la oligarquía burguesa hace tiempo que huele a podrido en nuestra patria. La inflación y el paro serán la última y definitiva crisis que aniquile este inicuo método de explotación del hombre por el hombre.

Es hora de que todos los factores humanos que contribuyen a la producción acaparen los beneficios, la gestión y el poder que emanan de su dignidad de hombres libres, desplazando de una vez por todas a capitalistas y banqueros.

Pero no es este último aspecto, con ser importante, el prioritario donde los jóvenes hemos de ocuparnos. Ha de ser en el orden moral donde debemos aprestarnos a reñir la definitiva batalla del renacer de España. En el orden moral es necesario que, frente a un espíritu pequeño y limitado, por una parte a las realidades agobiantes y monótonas que el español memo ha de afrontar cada día (paro, inflación, etcétera) y, por otra parte abocado a la decadencia que suponen la pornografía, las drogas y demás degeneraciones que van llegando con el liberalismo, opongamos al hombre trascendente, al hombre libre, digno e íntegro que sintetiza y da cuerpo a la doctrina nacionalsindicalista. Opongamos también la moral nacional de que habla Ramiro, en JAPR que primen valores tales como el orgullo de ser español, el sentido heroico y militar que impregne totalmente la vida de un sentido místico y trascendente, destinado a devolver al español el orgullo de serlo. Sólo los jóvenes podemos ahora afrontar el reto de liberar al pueblo español del yugo capitalista y opreso, para que una vez libre la persona de la servidumbre de su cuerpo y de su espíritu para con la sociedad de consumo pueda quedar dispuesta a aportar, en unión con todos sus hermanos de la patria hispánica la misión que el destino nos tiene reservada en el ámbito de lo universal.

Levantemos la bandera del hombre hecho por Dios a su imagen y semejanza; hagamos de este hombre no sólo el eje del sistema, hagámosle el sistema mismo. Destruyamos los órganos que acaparan el poder en nombre de este mismo hombre.

Distribuyámoslo entre todos los hombres para que así la libertad y la dignidad no vuelvan nunca ser patrimonio de unos pocos. Joven, no basta con ser buenos hay que ser revolucionarios.