Dicen por ahí que "no ofende quien quiere, sino quien puede".

Ignorar el insulto supone una estrategia de doble defensa en la que por un lado, disminuimos la posibilidad de sentirnos ofendidos y por el otro, descartamos cualquier lazo emotivo con quien nos insulta.

Nos preocupan los insultos que vienen de quienes admirábamos  o pensábamos que nos apoyaban. El resto de insultos cae en saco roto y más aún cuando estamos convencidos de que nuestra causa es justa y viable.

Responder al insulto solo traería un montón de improperios que terminaría entre otras cosas por minar nuestra autoestima y agotar nuestras energías para continuar con nuestro proyecto.

Las personas que recurren sistemáticamente al insulto, cada vez les resulta más difícil saber expresarse y acaban por ver limitado su círculo de camaradas a personas como ellos.

Hay quien necesita el insulto para mantenerse vivo, nosotros no. Hay quien habrá encontrado en este humilde portal patriota y en quienes lo administramos su nuevo juguete, su nueva cortina ya no de humo, si no de vapor de la más asquerosa mierda al utilizar esta herramienta puesta al servicio de todo el patriotismo sin excluir absolutamente a nadie, como nueva presa más nunca víctima del célebre "difama que algo queda".

Por nuestra parte, no vamos a empezar ninguna guerra que ya, de antemano, hemos ganado bajo la consigna de ignorar el insulto y seguir avanzando.

Tambores de guerra para quien los merezca.