Ayer -día 2 de Mayo precisamente- pudo haber ocurrido una desgracia en el Municipio de San Lorenzo de El Escorial. Convocados por un grupo de ciudadanos amantes del Teatro a las 13,30 horas de la tarde, acudimos al Acto al objeto de prestar nuestro apoyo a este loable objetivo cultural. Muy positiva -mucho- la gran concurrencia de vecinos que quieren ver su Teatro abierto. Nuestro Teatro cerrado tantos años a raíz de una equivocada política cultural autonómica y cultural, que ha primado el uso de los grandes espacios escénicos en perjuicio de los pequeños. Se ha planteado una innecesaria disyuntiva entre el nuevo Auditorio y el pequeño -pero histórico y tradicional en nuestro Pueblo- Real Coliseo Carlos III. Ambas ofertas culturales son compatibles, y la programación de nuestro pequeño Teatro debe ser reactivada. No se nos oculta el hecho de las grandes dificultades económicas que esta reapertura trae consigo. Sin embargo, deben coordinarse las distintas instancias culturales de carácter institucional con la posible iniciativa privada al respecto. Ayudar al Teatro es hacer un Municipio más culto. Bienvenidas sean esta clase de iniciativas ciudadanas, tendentes a dinamizar la vida cultural no sólo de "Los Escoriales", sino de toda la Sierra Noroeste de Madrid.

La mancha negra viene de la mano de las Fuerzas Policiales que cubrían este Acto. En primer lugar -y como puede uno imaginarse fácilmente- el público asistente estaba integrado mayoritariamente por padres de familia y vecinos de edad madura, absolutamente alejados de gestos y ademanes violentos. Sin embargo, y de forma asombrosa, un Policía Nacional "de paisano" -en medio de los asistentes como si fuera uno más de ellos- empezó a solicitar la identificación de los mismos, en medio de la indignación general. Requerido para que se identificara, el funcionario policial así lo hizo, constatando su verdadera condición de Policía. Increíble el hecho de destacar a un Agente a un Acto Ciudadano de estas características. Lo verdaderamente grave vino después, de la mano de nuestra Policía Municipal.

Porque, al parecer desbordados por un número mayor de personas que el que esperaban, comenzaron a despejar la vía pública de la calle Floridablanca DE MUY MALAS MANERAS. De forma absolutamente INEDUCADA -impropio de un servicio que pagamos directamente todos por medio de nuestros altísimos impuestos municipales- los Agentes Intervinientes fueron EMPUJANDO -por medio de un contacto físico desproporcionado y siempre descortés- a los asistentes hacia la pared, al objeto de limitar una concentración autorizada al estrecho margen de la acera. El Responsable de los Agentes -con ademanes impropios de un servicio público- se iba encarando con los asistentes a medida que se iba generando indignación por el trato recibido. Desde luego, una situación de tensión absolutamente innecesaria, que pudo desembocar en una grave -gravísima- alteración del orden público en el centro mismo del Pueblo y en un día caracterizado por una gran afluencia turística.  Pudo haberse generado un enfrentamiento violento o, sin más, pudo haberse caído o tropezado alguno de los asistentes. La situación -si era cierta la necesidad de despejar la vía- pudo haber sido resuelta de muchas maneras pacíficas, educadas y cívicamente correctas. Las malas maneras policiales generan violencia innecesaria y tensiones absolutamente impropias respecto a la fecha, a la hora y al motivo de la concentración. Muy mal. Vergüenza ajena y TOQUE DE ATENCIÓN SERIO a nuestros responsables municipales de Seguridad Ciudadana. Esto no son maneras. 

Mención aparte merece la "perla" que nos dedicó el peculiar responsable de los Agentes Actuantes. El Camarada Jorge Herranz -asistente al Acto- les recriminó -siempre de forma correcta y educada- su actitud al empujar físicamente a personas mayores. Estas recriminaciones se produjeron en medio de otras MUCHAS proferidas por los asistentes al Acto. Sin embargo, el Jefe sólo se fijó en nuestro Jorge. Cosas del falangismo. Y ante la marea general de personas que le decían que esas formas SOBRABAN, le espetó -sin cortarse un pelo- AQUÍ EL QUE SOBRAS ERES TÚ...  Intolerable. Ese tipo de imprecaciones no pueden ser pronunciadas por un responsable policial municipal. Porque, en efecto, si algo SOBRA en nuestro Municipio son las malas formas y las actuaciones policiales inadecuadas, pero nunca un ciudadano ejerciendo sus derechos civiles.