MILITANTE DEL MPS FERMÍN ZELOTE NOS MANDA ESTE INTERESANTE TEXTO... ¡¡¡DIOS MÍO... EL MPS!!!

UN POCO DE GAITA Y ALGO MENOS DE LIRA.
La importancia histórica e influencia doctrinal del Nacional Sindicalismo y de sus personalidades fundacionales dentro de la corriente nacional revolucionaria en España es algo obvio, aunque muchos nacional revolucionarios pretendan correr un muy tupido velo sobre este hecho u omitan tácitamente esta realidad. Este proceder no es comprendido por muchos de nuestros camaradas europeos y, entre otros motivos, obedece al desesperado intento del ala más radical del patriotismo español, la NR, de desembarazarse del lastre franquista, reaccionario y de concepciones místicas de las que, desgraciadamente, han sido adalides una buena parte de los “falangistas” desde hace más de medio siglo.
Dicho esto, podríamos entrar en la importantísima identificación de conceptos para discernir entre la etiqueta nacional sindicalista o qué es el Nacional Sindicalismo y la etiqueta entre falangista o qué es el falangismo. El Nacional Sindicalismo es la especifidad española de las corrientes nacional-populares que triunfaron en buena parte de Europa a lo largo de los años veinte y treinta del pasado siglo. Con una componente social, económica y política de rotunda alternativa al Liberalismo. Superador tanto del marxismo como del patrioterismo reaccionario confesional español. Obra de Ramiro Ledesma Ramos y al que de forma muy tardía en la breve historia de la Falange fundacional –campaña electoral del 36- es asumida por José Antonio. Enterrado por el Régimen franquista tras la derrota europea de 1945, junto con los cadáveres políticos de los verdaderos nacional sindicalistas, Salvador Merino entre otros, y físicos como el del camarada Durruti. El falangismo, como la mitificación hasta el paroxismo de la vida y obra de José Antonio Primo de Rivera, la dulcificación del mensaje anticapitalista y nacionalista del Nacional Sindicalismo, las formas blandas y “poéticas”, la “revolución pendiente”, la corrección política dentro de lo políticamente incorrecto.
Como nacional revolucionario español puedo considerar como la primera fuente de mi ideología el Nacional Sindicalismo de Ramiro y en nada identificarme con el falangismo de camisa azul perfumada con alcanfor, aireada cada 20 N y con lotería con el Águila de San Juan en el bolsillo, o con ese otro falangismo timorato y de buen rollo de quienes dicen ser sus más auténticos herederos.
Periódicamente en las distintas facciones o familias de esa amalgama heterogénea de ideologías y partidos a la que los partidarios del totum revolutum, se empeñan en denominar “el área”, se producen acercamientos entre personas, organizaciones o partidos con el fin de relanzar sus proyectos. Esta vez parece que le toca el turno al mundo azul y que algo se mueve dentro de él.
Con la pequeña perspectiva de quince años de militancia activa en distintas organizaciones falangistas y, posteriormente, nacional revolucionarias, puedo afirmar que el último, y quizás el único, intento de transformar el entorno falangista en un movimiento trasgresor, alternativo y de actualidad revolucionaria fue el encabezado por Gustavo Morales, aquel ilusionante y frustrado 5 de Julio de 1995. En aquel momento no supimos entenderlo, faltaba madurez política y un franco desconocimiento de la realidad de otros movimientos europeos similares. Podría afirmarse que “entre todos la matamos y ella sola se murió”. La intransigencia del sector “ortodoxo”, al cual yo pertenecía, y los verdaderos desvaríos del sector “renovador” (mundial-izquierdista) dieron al traste con los esfuerzos conciliadores de Gustavo y con el proyecto más serio esbozado por el nutrido grupo de nacional revolucionarios que por aquel entonces ingresaron en la organización y que querían equipararla a partidos como Fiamma Tricolore. La alianza antinatura de “ortodoxos” y “renovadores” apuntilló el proyecto y dio al traste con la esperanza, la alegría y la ilusión. No he vuelto a ver a un grupo de militantes con la juventud, calidad humana y preparación como en aquel momento, y será difícil que se vuelva a repetir. Otra oportunidad perdida.
El entorno nacional sindicalista vive en estos momentos uno de sus periodos más bajos. No por su atomización, ya que esto puede decantar quiénes son realmente nacional sindicalistas y quiénes no, si no por la fractura generacional y la poca atracción que los distintos proyectos de las muchas falanges surten incluso entre la militancia patriota joven.
Y es que no es la primera vez en la historia que el devenir geopolítico y económico tumba conceptos e ideologías. La Mundialización ha arrollado, a mi juicio, muchos de los planteamientos poéticos y metafísicos joseantonianos. Si el hombre es únicamente un ser portador de valores eternos, ajeno a su identidad, raigambre y tradición ¿qué diferencia a esta idea de la del hombre globalizado votante-consumidor o de los unidos hermanos proletarios? Si España es, por encima de todas las cosas, un concepto espiritual difícilmente definible, solamente una empresa ¿no se equipara dicha concepción, por ejemplo, al “patriotismos constitucional” o a ligar la existencia de España a una determinada idea, sentir o institución? ¿estarán los millones de inmigrantes que asaltan nuestras fronteras invitados a esta empresa al ser portadores de valores eternos? También podríamos preguntar a muchos españoles sobre la idea de la refundar el viejo Imperio Español y su opinión acerca de los “hermanos” del otro lado del Atlántico. Si a esto le añadimos que por el sempiterno intento de hacerse más afables de cara al pueblo las falanges han reclamado y hecho suyos reivindicaciones democráticas y liberales en lo político, no desarrollando un lenguaje propio y alternativo para plasmar las ideas revolucionarias del nacional sindicalismo llegamos a un momento en que los proyectos azules dejan de tener el menor atisbo de rupturismo y, por el contrario, lo único que queda a la luz es la reivindicación de la unidad nacional aderezado todo ello, en muchos casos, con una estética que de cara al pueblo español les une irremisiblemente con el franquismo más rancio.
Es por eso que el mundo azul puede optar por hacerse cada vez más nacional sindicalista o por el contrario morir definitivamente. Yo no creo en el desahucio total de este entorno político, tampoco soy de la opinión de que ninguna de las falanges sea la protagonista de un proyecto político que aglutine y articule el movimiento contestatario al Sistema, pero los nacional sindicalistas si que pueden aportar mucho a la construcción de una alternativa seria, coherente y radical en España. Sus principales activos son las ideas de organización política y económica totalmente antiliberales del Nacional Sindicalismo, la calidad humana y preparación de muchos de sus militantes y determinada mística revolucionaria que, si es bien administrada, puede resultar muy positiva.
Ahora les toca a los nacional sindicalistas mover ficha pueden optar por intentar la unidad o acercamientos hacia los partidos y organizaciones nacional revolucionarias o pueden optar por intentar relanzar su propio proyecto.
En ese caso, podría existir una Nacional Sindicalismo europeísta, que concibiese a Europa como la verdadera misión de España, por encima de cualquier criterio confesional, como heredera de la tradición romano-germánica o un falangismo mundialista que abrace, en aras de la universalidad, los principios últimos de cualquier idea globalizadora. Pueden reconstituir un Nacional Sindicalismo identitario, que considere a España tanto como a una empresa como a un pueblo formado por hombres y mujeres con una identidad histórica, cultural y humana europea o apuntalar un falangismo de “papeles para todos”, puertas abiertas a los portadores de valores eternos y de un sentimiento nacional exclusivamente metafísico que cae por su propio peso. El desprecio a las particularidades lingüísticas y culturales de las regiones de España o una defensa de la diversidad y de nuestra riqueza cultural que no sea sólo de palabra, también de hechos. La elección de su proyecto podrá oscilar entre el lastre del pasado, el historicismo, las citas de siempre, el encadenamiento a una simbología de difícil rescate o un mirar hacia el futuro, un desarrollo ideológico actual, una actitud y unas formas para el mundo de hoy en día. Que el mensaje patriótico, conocido por el público en general, impere como hasta la fecha con escasos réditos o una potenciación de las reivindicaciones económicas anticapitalistas luchando por hacer de la alternativa social y económica al Sistema la primera bandera del Nacional Sindicalismo. El falangismo de las excusas, de las condenas, de los autos de fe democráticos o un Nacional Sindicalismo coherente con la corriente política, en el marco europeo, en la cual nació. Entre las banderas con el Águila de San Juan, la nostalgia consciente o inconsciente del franquismo, el confesionalismo y el “viva Cristo Rey” o una Falange orgullosa de sus fundadores, de su aportación divisionaria y de auténticas excepciones, rompedora de los lazos con la reacción política. La autarquía de cerril exclusivismo españolista y cañí o la relación con el resto de camaradas europeos entre los cuales deberían tomar ejemplo de la valentía y coraje del NPD, la dosificación de la Historia de Fiamma Tricolore y la militancia y acción social de Casa Pound Italia. La sumisión a las versiones oficiales de la Historia contada por los vencedores o la rebeldía de la revisión. Entre un proyecto cerrado para falangistas y por el falangismo o para el Nacional Sindicalismo y, por tanto, abierto a otros sectores no azules.
Espero, de corazón, que sepáis elegir.
FERMÍN ZELOTE.



SantiagoLC dijo
¿La Falange de Silva (hoy FE/La Falange) suscribe este comentario?
2 Abril 2009 | 11:29 PM