La última convocatoria de la tertulia "El Tiburón Convincente" presentó dos novedades. En primer lugar, ha sido la primera vez que el tema ha sido introducido por dos especialistas. Y, en segundo lugar, uno de ellos fue un buen amigo, ajeno a nuestra familia política.
Tuvimos ocasión de escuchar un pormenorizado recorrido por los antecedentes del Plan Bolonia, que nos introdujo en una descripción de sus intenciones y de las consecuencias que caben esperar del modelo.
El Plan Bolonia va a auspiciar la participación de las empresas en el diseño, desarrollo y financiación de los cursos superiores de la enseñanza universitaria, en aras de mejorar la competitividad de los futuros profesionales. Este marco ofrece grandes dudas en materia de la neutralidad del conocimiento, pues plantea la necesidad de una enseñanza superior orientada a unos fines prácticos a corto plazo; pone el acento sobre sus aspectos más funcionales e instrumentales, desterrando los nobles ideales del saber, el amor al conocimiento y la formación integral de la persona; arroja dudas sobre el futuro de las disciplinas humanísticas; y abre la posibilidad de reservar la mejor enseñanza superior "europea" a los jóvenes relacionados con lobbies o grupos de interés, generalmente asociados a las capas más solventes en lo económico de la sociedad.
La tertulia ofreció la oportunidad de analizar la dependencia europea en I+D+i respecto a los Estados Unidos, las aporías del modelo nacional de Innovación o la situación actual de la investigación universitaria, planteándose la duda sobre las verdaderas posibilidades que tiene un Estado de permanecer al margen en un proceso que, de ser rechazado, bien pudiera arrojarlo al margen del espacio común educativo europeo, la transferencia de conocimiento y la libre circulación de trabajadores en la Unión Europea.

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