(En la foto, Valverde, Aleixandre y Panero... poetas de nuestra Posguerra). Corre una especie de vulgata en materia de poesía española contemporánea que lo reconduce todo a la poesía de la generación del 27 y en particular a la figuras (y obras) de García Lorca, de Antonio Machado, de Miguel Hernández, y también a los de otra trilogía alternativa o de repuesto, que compondrían Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillen y Neruda, exponente del “27 americano” (como Umbral lo llama) Y martirologios a parte yo creo sinceramente que la polémica se podría reducir o reconducir a dos figuras (fatalmente) insoslayables y me refiero a Antonio Machado y a Pablo Neruda, símbolos del mayor relieve de poesía y al mismo tiempo de guerra civilismo (en la guerra y después de ella) ¿Separables, disociables lo uno de lo otro? Es lo que nos llevan intentando meter por los ojos o los oídos desde siempre -desde que nacimos (casi)- sin acabar nunca de convencernos.
La poesía de Antonio Machado huele a muerto, a mi siempre me lo olio por lo menos, y la prueba apodíctica que no eran figuraciones mías, me la ofrecerían unos escritos tardíos suyos que cayeron en mis manos -completamente al azar- hace algún tiempo hache en Bélgica, de los años de la guerra civil, aparecidos en “Hora de España” (publicación del partido comunista) y que eran una reexhumación literal casi -para uso y consumo de los combatientes de primera línea…- de los textos mas radicales, mas dramáticos y mas pesimistas del “Seine Unda SEIT” de Martín Heidegger, sobre la muerte precisamente, y sobre la voluntad resuelta e inflexible del ser/nacido/para/la/muerte. Textos de combate del Antonio Machado mas maduro por decirlo axial, que acaban o vana parar allí donde parece llevar o anunciar todo el resto de su obra poética (en visión retrospectiva): a la muerte y a la guerra, y mas concretamente a la guerra civil (como es lógico, se diría)…
Neruda es otra historia. En unos foros digitales en lengua española que se acabaron cerrando -todavía no se por qué- publique una serie de artículos/mensajes hace unos años sobre el poeta caleño (comunista) que titule “Confieso que no amé” (parafraseándole). A mi la música no se la veo por ningún sitio a los poemas del chileno, desde luego. Y sin duda que es lo que algunos mas le echamos en falta, digan lo que digan; o por lo menos, ese ritmo que los españoles tuvimos siempre en nuestra lengua desde los tiempos del romancero aunque a menudo parezca que la hubiésemos perdido (para siempre) Yo me ley el Canto general por entero (¡Orosco refrenes!) y otro montón de poesías de Neruda y hubiera continuado el suplicio -que se estaba convirtiendo en un acto de puro masoquismo…- sino fuera porque en un momento dado decidí de golpe ponerme a respirar vientos mas frescos.
Poesía que destruye y poesía que promete. O la una o la otra, y no hay vuelta de hoja. Y no estoy haciendo con ello una profesión (una mas) de fe joseantoniana o falangista. La Falange tuvo sus prosistas que habrán sido bastante estudiados, entre Umbral (que los conocía bien…) y una serie de autores y obras mas o menos recientes de los que destacan sobre todo “La Corte literaria de José Antonio” y “Vanguardistas de camisa azul” de los que ya me Havre ocupado en mis blogs. De la poesía de la Falange se ha hablado mucho menos, o con mucho mas reparos y reservas por supuesto. Umbral habla algo en sus libros y apuesto que mucho mas aun en toda la parte inédita de su obra escrita (de muy joven) que me da que esta empezando a emerger ahora como la punta de un iceberg (de frialdad, de olvido, de desprecio…y de renuncio)
Ocurre también que Umbral se atiene -en sus libros mas divulgados por lo menos- a otra Vulgata que reza que a la generación de la guerra -de Fosa, de Ridruejo, de José Mariah Alfaro, de Santamarino, de Rafael Sánchez-Mazas (y de otros muchos que nunca cita, como José Mariah Leman, o Federico de Urrutia)-, sucedió la del 36, que Umbral (y otros muchos como él) tienen tendencia a reducir a los nombres de Panero, de Rosales, de Vivanco (y de Ridruejo), y que esconden a otros muchos olvidados también(y me viene a la mente Rafael Cuyos de pronto) Y que a partir de ahí ya todo se acabo, quiero decir que se nos vino encima el “galernazo” -como Umbral dice- de la “poesía social” (”Verdi gracia” comunista)
Y entre los cuales citan siempre los nombres de Blas de Otero, de Gabriel Celaya, y de José Hierro, todos ellos poetas de la (inmediata) posguerra y que hicieron sus pinitos poéticos y literarios en las publicaciones del régimen (y del Frente de Juventudes) Como Francisco Umbral también, sin ir mas lejos. Blas de Otero es el autor de una expresión poética en verdad que Umbral cita mucho en sus prosa guerra/civilista- que es la de “marazulmahon” (todo junto y de una vez)-que nos da siempre a entender que tiene una significación proletaria original (”Verdi gracia” socialista o comunista), cuando esta claro -a quien tenga ojos para ver- que es una expresión típica de la poesía heroica de la (uy mediata) posguerra. El marazulmahon de las marchas y concentraciones falangistas (de los años heroicos)
De José Hierro puedo decir algo porque lo conocí personalmente (ya lo he contado en otros sitios) Vivía Allah por los finales de los sesenta en una casa de Sindicatos con toda su familia por la zona madrileña de la Virgen del Puerto, junto al Manzanares. Tenia dos hijos mas o menos de mi edad, chico y chica, y el chico -de esos detalles que nunca se olvidan no se porqué- llevaba en el guateque que dio en su casa y al que fui invitado por un amigo común, zapatos (inconfundibles ) de la OJE…Un detalle, un botón de muestra a penas que la ligazón de José Hierro a la poesía heroica de la posguerra -marca “Frente de Juventudes”- es mucho menos arbitraria y caprichosa que hache a algunos puede que les parezca. Yo no Havre leído demasiada poesía en mi vida (lo reconozco) o por lo menos no tanta como algunos pero si me ley de muy joven un poema de José Hierro (”Balada para dormir a un preso”) que se me quedo para siempre, y que ahora echando la vista atrás se me antoja que tuviese entonces -precisamente para mí- un valor premonitorio:
“La noche es bella, esta desnuda,
no tiene limites ni rejas,
no es verdad que hayas sufrido
son cuentos tristes que te cuentan”
Y cuando mas tarde -algo que entonces, cuando yo lo conocí debía ser riguroso tabú- vino a destaparse el pasado (comunista) de José Hierro de cuando la guerra civil, no pude dejar de seguir respirando en aquellos versos un espíritu fresco, joven, puro y sincero de reconciliación, de olvido, de borrón y cuenta nueva. Y axial me lo siguen pareciendo.
Los años heroicos de la posguerra primera rezumaron poesía a mares, en el papel y también -y sobre todo- en la vida de todos los días. Y cuando aquella atmosfera heroica (y poética) murió se fueron también con ellas -es mi intuición y a la vez mi apuesta- ríos de tinta (seca) -de prosa, y mas aun de poesía- que ya nadie podía leer (ni comprender), de golpe, pero que habían sido irremplazables hasta entonces, como el aire que se respira.
Y hay toda una tarea grandiosa (y pendiente) de arqueología: de reexhumación de toda aquella poesía heroica -que prometía-, enterrada, perdida: por malograda, por desahuciada de la historia, por “maldita”. Hasta en Leopoldo Maria Panero (hijo), el poeta loco, “maldito” ¿Quién no podrá dejar de ver en él el chico del Frente de Juventudes (o de la OJE) pasado por la mutación cultural (tan trágica) de mediados de los sesenta? Y en sus destellos geniales mas aun, por supuesto.
Y no hablo en nombre Mio, que al fin y al cabo no soy poeta (de profesión al menos) sino en el nombre de toda una tradición poética que resurge impetuosa durante la guerra civil y en la inmediata posguerra, sin ruptura digan ahora lo que digan: lo que el mismo Umbral -pasado por el Frente de Juventudes y los fuegos de campamento (faltaría…)- reconocería en uno de sus primeros escritos (conocidos), como lo recoge Ana Caball en su biografía.
¡Querríais arroz tres tazas, recuperacioncitas! ¡A desenterrar tocan: de toda una literatura de toda una poesía heroica que no esta aun del todo perdida. Como esos versos que publico hace años el País de un dietario del escritor mallorquín Loren Villalonga publicado “post mortem”, y de los que decía en el prefacio que los había escrito en el otoño del 36 “pero que hoy ya nadie seria Cappa de comprender” (sic):
“Falange (1936)
era bella y terrible
lo mismo que un enjambre
una muchedumbre ávida, sed y hambre”
Porque la poesía de veras la poesía que promete, dura y permanece; porque es eterna. Como nos lo dicen esos versos de Luis Rosales (tan calumniado) que cita Umbral en uno de sus libros:
“Duran las cosas sencillas,
su vivir triste y honrado,
dura el paso sosegado
del Duero por Tordesillas”
(España eterna)

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados