INCLUÍMOS UNA ENTRADA INTERESANTÍSIMA APARECIDA HOY EN EL DEBATE DESARROLLADO EN "LOS GALLOS DE MARZO" REFERIDA A NUESTRO CAMARADA LUIS LÓPEZ-NOVELLE Y A LA ANSIADA RENOVACIÓN. A raiz de los comentarios vertidos, me permito remitiros un escrito de Noviembre de 2008 y que no fue publicado en su día por una conocida revista azul. Espero que hoy aporte algo

Falangistas, joseantonianos, cobardes.

El jueves 27 de Noviembre se presentó en Sevilla el libro de Luís López Novelle, Por los caminos del adiós. Siguiendo la vieja tradición falangista, los pocos asistentes allí congregados, asistieron a otro episodio de reproches cainitas entre hermanos. Surgió la polémica cuando el autor, desde el respeto y en un tono cordialísimo, hay que decir, reprochó cariñosamente a José Manuel Cansino, organizador y presentador del libro, el término joseantoniano, calificativo del que no es partidario, ya que lo atribuye a personas que, provenientes del mundo falangista, quieren traer a José Antonio desde los años treinta a la actualidad pasando por encima de la historia posterior a la muerte del Fundador y depositándolo en el presente, intentando adaptar su doctrina a los nuevos tiempos.

A mi izquierda en la mesa que presidía el acto, se sentaba un jefe local de una de esas falanges que han florecido fuera del tiesto de la casa madre y cuyo nombre omitiré pues no es lo importante, si lo es su actitud, que yo calificaría cuando menos de maleducada, pues no es de buena educación insultar a quien te invita. Dicho “camarada” cogió el hilo de las declaraciones del autor, arriba citadas, para declarar, en tono algo mitinero, que los autollamados joseantonianos son “cobardes” que lo que en realidad proclaman es su falta de compromiso y de entrega al falangismo.

Afortunadamente el buen sentido de los allí congregados no entró al trapo del insulto y, gracias a Dios, todo el acto se desarrolló, salvo el exabrupto del aludido, en un cálido ambiente de camaradería.

Hasta aquí los hechos, más o menos anecdóticos, que provocan mi reflexión y el título de este artículo, y, a partir de estos hechos, reflexiono sobre el fondo de la cuestión que, en realidad, creo muy importante y, quizás, una de las causantes de la actual postración del falangismo.

Decía José Antonio que a él no le simpatizaban mucho los simpatizantes, pues en realidad eran gentes que no querían comprometerse. Según esto y, estilo aparte, el ponente que llamó cobardes a los apellidados joseantonianos, por no querer comprometerse, tendría su fondo de coherencia. Yo nunca he militado en un partido falangista, y siempre he tenido cierto reparo, por el respeto que me causa y el respeto a los que han militado muchos años en condiciones no precisamente favorables, en llamarme falangista. Desde el estudio y el trato con personas que he conocido, he encontrado en el movimiento creado en los años treinta por José Antonio y otros camaradas, una respuesta a las soluciones que a mí me gustarían para España y los españoles, desde esa postura y, siguiendo fiel a esa misma doctrina, he intentado e intento cada día llevar a la práctica eso que siempre se ha llamado “nuestro estilo”, muchos camaradas desde diversos terrenos de la vida cotidiana, profesionales, en asociaciones, desde la toga, la pizarra o el comité obrero de una fábrica o unas oficinas, tratan de impregnar a la vida española ese estilo, y, la verdad sea dicha, muchos de los mejor preparados, de los más sensatos, de lo más coherentes, para mí, están fuera de cualquier militancia ¿por qué?.

La militancia no es solo un carné de un partido, y tiene su merito militar y lo reconozco, y tienen la valentía y el compromiso de ser la “primera línea”, pero ¿y la labor desde otras atalayas?: la labor intelectual de la Fundación José Antonio, la labor editorial de la Plataforma 2003, Arbil, Doncel, las asociaciones de padres, etc., etc., son muchos foros donde lo azul fluye y se adapta para teñir nuestro entorno.

Desde Ramiro Ledesma, pasando por los desgraciados sucesos de Salamanca, hasta el pasado muy reciente del falangismo, del que quizás precisamente López Novelle nos podría aclarar algún oscuro episodio (esperemos que se anime a escribir una segunda parte de su libro que abarque de 1975 a nuestros días), las disputas han sido constantes, y, desgraciadamente, las pistolas se han aireado más de la cuenta para imponer criterios y mandos.

En un mundo donde, tras la zozobra del marxismo, parece que el capitalismo liberal también hace aguas, quizás el falangismo (no digo lo joseantoniano, digo el falangismo o el nacional sindicalismo si queréis) puede encontrar un camino para desarrollar sus postulados. Pero hemos de ser nosotros mismos los que, de una vez por todas, nos desprendamos de esa visión en blanco y negro, de esos complejos de fascistas prehistóricos, de las eternas batallitas del abuelo cebolleta (ojo, sin renunciar a nuestra historia ni a nuestros queridos símbolos) e intentar encontrar una articulación puesta al día de la doctrina. Quizás lo escribo y hasta a mí me suena a utopía, pero quizás habría que luchar por alcanzar esa utopía.

Creo que el primer paso debería darlo quien ostenta la Jefatura Nacional de F.E. de las J.O.N.S, en un gesto que le honraría, debería convocar a todas las familias falangistas y a todos lo que aún se sientan falangistas, joseantonianos, nacional sindicalistas, a un Congreso Nacional de refundación, renunciando a su cargo y poniendo las bases para la elección, limpia y honesta, de un nuevo Jefe Nacional que integre al Movimiento. Sería un acto supremo de sabiduría y generosidad por su parte muy loable.

Todos debemos de ser generosos, todos debemos de renunciar a algo. Fijémonos en la izquierda, saben aglutinar corrientes diversas y distintas familias en un objetivo común, llegar al poder y poner en práctica sus ideas fundamentales.

Nuestra tarea es mucho más dura aún, pues hemos de luchar, no solo contra nosotros mismos, sino contra una sociedad que nos ha estigmatizado como peligrosos totalitarios, contra el consenso entre izquierda y derecha por apartarnos de la vida política española, de los medios de comunicación, no existimos, y cuando lo hacemos, aparecemos como unos neonazis violentos, descerebrados y nostálgicos de dictaduras militares. Los medios quieren titulares llamativos y hay que ser inteligentes para dárselos, pero no de esa manera.

La izquierda ha perdido el miedo, muertos los viejos generales, han diseñado un ejercito a su medida y se afanan en hacer su “revolución pendiente”, sí, ellos también la tienen y la postergaron en la Transición amoldándose al pragmatismo del momento, hoy, treinta años después, se han caído las caretas, aquello de reforma o ruptura se ha retomado en ruptura y, hoy por hoy, no hay absolutamente nadie, salvo su propia prudencia en los tiempos de aplicación, que les paré los pies, absolutamente nadie.

El pecado original de Raimundo Fernández Cuesta, apoyar a Fraga como mal menor, ha estigmatizado a generaciones de patriotas, que tiran sus votos a la urna para la supervivencia de un amoral PP que hace en sus taifas lo que critica al PSOE.

Afortunadamente, tenemos material humano para presentar opciones serias que puedan rescatar votos en el exilio, pero, repito, todos debemos ser muy generosos, tolerantes y poner por encima de nuestros orgullos y ambiciones a Dios y a España, y ante esa empresa no valen subterfugios como el miedo social y la falta de tiempo por el trabajo. Yo soy el primero que tiene que sacar adelante una casa hipotecada, tres hijos y llenar el frigorífico de vez en cuando, pero si alguien me quiere encontrar para esa misión, como dirían “los de enfrente”, ya sabes mi paradero.

¡Arriba España!

Javier Compás Montero de Espinosa