No es un título pesimista, es la constatación de una cadena de hechos que conducen a una única salida, salvo una urgente intervención. Uno de los mejores artículos que he leído recientemente sobre la situación que vive España en el contexto de la crisis mundial se debe a Roberto Centeno, catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM. Según su más reciente teoría, España va de cabeza hacia una depresión, que él diagnostica como "un largo periodo -diez años o más- caracterizado por un bajo nivel de producción, consumo e inversión, con quiebras masivas de empresas, un elevado nivel de paro, un descenso de los precios, y destrucción de la riqueza de las familias".
Coincide ello con que recientemente he releído un artículo que escribí en agosto de 2008 para esta misma columna en el que ponía a disposición de los lectores datos suficientes para estimar que nuestro país cerraría el año en "crecimiento cero", lo que, desgraciadamente se ha cumplido.
Centeno argumenta que España está, por una serie de hechos y datos, a punto de entrar en un periodo depresivo y concluye que este acontecimiento socioeconómico desembocará necesariamente en el "desguace" de España como nación. Coincido plenamente con él, salvo, claro está, que se intervenga antes. Simultáneamente a la crisis mundial –de la que nadie va a salir indemne-, sobresalen en nuestro país tres hechos consustanciales a nuestro ser: primero, el colapso estructural de nuestra crecimiento económico que Centeno tacha de "tercermundista", basado el crecimientos espumosos y puntuales de sectores críticos como el inmobiliario, mientras se iba destruyendo la industria o la agricultura; segundo, la ineficacia encadenada de nuestro Gobierno, actualmente incapacitado para conducir la crisis; tercero, nuestro modelo de Estado ha basado su crecimiento en el despilfarro, la ineficiencia y la corrupción.
Situación ideal siempre aprovechada por los enemigos de la unidad de España, fuerzas centrípetas que históricamente tienden a fortalecerse en la medida que el respeto y prestigio del Estado disminuye. Harán ahora su caldo gordo.
En cuanto a los datos, Centeno abunda en la dramática situación de nuestra Economía, aún sin desvelar de forma objetiva, puesto que las altas instituciones del Estado, como el INI o el Banco de España, falsean las cifras y datos en función del partido que gobierna, con lo que nunca se dispone de los datos reales. Efectivamente, durante el último trimestre de 2008 el PIB ha caído en un 2%. Para Centeno, "aquí y ahora la economía está cayendo al -8% en tasa anual". Extrapolando a 2009 este ritmo, ya que no hay razón alguna para vislumbrar un cambio de tendencia, se superará a finales de año el -10%. Para Centeno esto es estar en un estado de depresión.
Pero hay más cifras y datos. Centeno abunda en el hecho de que no todos los parados están inscritos en las listas de desempleo, siendo dramática la situación de las tasas de desempleo para menores de 25 años –con las cifras "oficiales"-, de casi un 30% frente a la media UE en torno al 16,4%. Siguiendo con la destrucción de empleo actual, es bastante probable que cuando llegue el verano –mitad de Ejercicio-, España ronde los 3,8 millones de parados "oficiales", que pueden ser en torno a 5 millones reales.
Por otra parte, al descender drásticamente el consumo familiar –que es el que sostiene la economía real de cualquier país-, los precios de han desinflado poniendo los precios al borde de la deflación, un caso insólito e inédito. Los precios se han derrumbado del 5,3% en julio al 1,5% en diciembre, argumentando el Gobierno que es por la caída del precio del crudo. No hay que ver más que el IPC y la cesta de la compra para ver de donde viene el descenso. Y lo que el Estado se ahorra en actualizaciones de salarios y pensiones con este mismo argumento.
Otros datos terribles apuntados por Centeno son el crecimiento desmesurado del déficit de las administraciones públicas –incluyendo ministerios, gobiernos autónomos, diputaciones y ayuntamientos-, con una caída vertical de la recaudación, de en torno al 12% para finales de este ejercicio. Aunque es cierto que nuestro nivel de deuda pública es inferior a la media europea, esto va a cambiar radicalmente por la disparatada política de gasto y avales al sistema financiero, alcanzando nuestro sistema de emisiones de deuda pública 100 puntos básicos por encima de las de Alemania, como si fuéramos un país capitalizado industrialmente cuando todo el mundo sabe que es justamente lo contrario. Se apunta a la quiebra inminente de la Seguridad Social para el año 2014, con la única solución de equilibrar el sistema de recaudación reduciendo las prestaciones en torno a un 30% -jubilaciones y subsidios- y aumentando otro 30% las debilitadas cotizaciones.
El sistema financiero está técnicamente quebrado, sobre todo las Cajas, altamente politizadas. España cuenta actualmente con la cifra más elevada de endeudamiento de todo el planeta, en torno a 900.000 millones de euros. Para evitar la inevitable quiebra a nuestro Gobierno solamente se le ha ocurrido disponer 200.000 millones de euros a disposición de bancos y cajas, "sin la menor obligación de fijar un calendario de repago de la deuda", según Centeno, quien afirma contundentemente que "todas las crisis crediticias han terminado en un colapso financiero y en una depresión". Según Centeno los 200.000 millones de euros deberían haber servido para avalar créditos a familias y empresas, y no para financiar los repartos de dividendos, que, encima, han sido autorizados.
Para este profesor, con quien coincido plenamente, solamente cabe adoptar dos medidas, muy parecidas a las propuestas por Barea:
1. Reducir la presión fiscal para restablecer el poder de compra de familias y empresas, incidiendo fundamentalmente en dar marcha atrás a la barbarie de Estado Autonómico.
2. Canalizar los avales financieros para salvar el poder adquisitivo de familias y empresas, asignando los 200.000 millones de euros justo a estos fines y no a otros. Única medida que puede evitar temporalmente la destrucción del consumo y la capacidad productiva del país, ya que el resto de las medidas adoptadas por el gobierno se han manifestado absolutamente inútiles.
En 12-18 meses asistiremos a la entrada inevitable de España en un estado de depresión económica para el que hay que estar preparado, y estaremos en la antesala de las reclamaciones para la liquidación de España como nación, a poco de que se convoquen nuevamente Elecciones Municipales y Autonómicas para 2011.

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