Podemos leer en el DIARIO DE LA SIERRA de hoy un sencillo artículo que, desde luego, pone el dedo en la llaga en lo tocante al caos existente en San Lorenzo de El Escorial respecto a la existencia de vehículos abandonados en la vía pública. Siendo tan fácil hacer algo al respecto... NO SE HACE. Este es el artículo:
Aproximadamente a las 16,30 de ayer, el codirector de Diario de La Sierra dio aviso a un efectivo de la Policía Local de San Lorenzo de El Escorial de un hecho tan curioso como preocupante: En el maletero de un coche abandonado en calle Gobernador (a mitad de calle, sobre la acera de franja azul), se escuchaban maullidos.
Se preguntará el lector el porqué del afán de cualquier mortal en preocuparse en llamar a los agentes del orden ante la presencia de un animal encerrado en un maletero; en un mundo en el que se matan seres humanos como cucarachas sin que a nadie se le mueva un pelo.
La respuesta es más que simple, por un acto de humanidad al que ningún vecino bien nacido de este pueblo debería declinar.
Pero dejemos al gato con sus maullidos y a las buenas intenciones guardémoslas para quienes quieran ejercerla.
Lo grave y preocupante de esta situación no es que el efectivo policial en cuestión haya constatado personalmente la presencia de este Hyundai Accent color blanco abandonado en una zona de aparcamiento delimitada por una franja azul.
Ni siquiera que haya dado un trato parco e indiferente a un ciudadano (nótese que no hablamos de periodista, sino de ciudadano) que le trasladó una preocupación válida.
Poco importa que -por cierto, incumpliendo normas elementales de respeto- negó identificarse con nombre y apellido a quien requería su ayuda.
No. Nada de ello. Ni siquiera que en ese mismo instante no hubiera otras situaciones de emergencia que atender en la ciudad: Ni accidentes, ni incendios, ni escenas de pugilato, ni intensas nevadas, ni nada de nada.
Lo inconcebible es que el coche en cuestión fue “depositado” en ese sitio, justo detrás del Ayuntamiento (donde tiene sede la Policía Local), hace varios meses sin que se le haya aplicado una sola multa por no haber abonado su propietario los emolumentos que rigen los parquímetros de la ciudad.
Lo que escapa a lógica alguna, además, es que aún no haya sido retirado por una grúa.
En esta ciudad, en la que los conductores deben realizar verdaderas proezas para encontrar un sitio donde aparcar en la vía pública, este vehículo “invisible” a los ojos de la autoridad es la más cruda de las ironías… y hasta un insulto para todos y cada uno de los ciudadanos que cumplimos con nuestras obligaciones como tales.
Basta con recorrer San Lorenzo los fines de semana, o durante la temporada alta; o en el transcurso de los días de puente para ver como se levantan multas de tráfico por mal estacionamiento.
La pregunta salta disparada al aire como una chispa: ¿Qué privilegios tiene el propietario del vehículo en cuestión?
No queremos pensar que este Real pueblo tiene hijos y entenados. Sería injusto.
Por ello, estimado lector; porque a veces lo simple se transforma en algo engorroso por desidia, falta de respeto, incumplimiento de obligaciones elementales o simplemente porque desde la soberbia mirada algunos el que manda, manda y el que obedece, obligado está a hacerlo (y a callar), es que esta triste e injusta postal de lo que jamás debería haber sido permanecerá en la cabecera de la columna de Comarcales.
Y quedará allí hasta que quienes tienen la obligación no sólo de hacer respetar; sino también de cumplir cabalmente con las leyes y ordenanzas vigentes se dignen -en un gesto de respeto a todos los vecinos de San Lorenzo- a retirar o hacer retirar este vehículo que ha permanecido en una infracción sostenida e impune durante ya demasiados meses.

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