M. OLIVER / C. HIDALGO | MADRID
Marta sale de su casa a primera hora de la mañana. Lo hace con su perro «Curro» embutida en un plumífero rojo, un gorro y una bufanda. El termómetro marca siete grados. Colgados a su espalda, un saco de dormir y una tienda de campaña plegada. «¿A dónde vas a estas horas?», le pregunta el portero de su vivienda. «Me voy a la cola del Pocero... a ver si consigo un piso», le responde. «Mucha suerte, pero date prisa, que ayer por la noche ya había gente hasta en el parque», le dice el conserje.
La que ha liado el Pocero de Fuenlabrada. O el Robin Hood del ladrillo. O el constructor de los pobres. O el bueno de José. Porque en el municipio, a José Moreno se le conoce de muchas maneras. Lleva años construyendo viviendas a precios baratos. Pero ahora, su gran proyecto, ha conseguido revolucionar no ya a toda la localidad, sino a todo Madrid: repartir 2.000 pisos a precio de coste.
Dolores, la primera
«El primero que llegue, se los lleva», dijo el domingo en ABC. Y Dolores, nada más leer estas declaraciones, decidió coger el coche y plantarse ante la sede de la asociación vecinal de La Avanzada, donde se realizará el reparto el próximo sábado. Eran las ocho de la mañana. Llegó la primera. Una hora más tarde, aterrizó la segunda. Media hora después, la tercera. Detrás de ellas, poco a poco, la cola fue cogiendo forma hasta alcanzar las 1.900 personas de ayer. Por la noche, la cifra se acercaba a los 2.000.
«Las viviendas -dice Dolores- no son para mí. Son para mis hijos. Los dos viven de alquiler; pagan 800 euros al mes. Uno de ellos tiene un niño. Han intentado comprar un piso, pero con estos precios les resulta imposible. Por eso, en cuanto leí lo que iba a hacer, no me lo he pensado dos veces. Me he lanzado de cabeza y he venido aquí a hacer cola. Merece la pena. Si fuera necesario, incluso, estaba dispuesta a quedarme sin trabajo para guardar la fila durante lo que queda de semana. Pero entre mi marido y mis dos hijos nos vamos a turnar».
Dolores tiene fe ciega en José Moreno. «Es un hombre muy bueno. Dice que todavía no tiene el suelo, pero yo confío en él. Ya lo ha hecho otras veces. Es una persona muy sencilla; no hay más que ver qué tipo de coche lleva y cómo va por la vida. Es la humildad personificada. Un santo».
Desde la azotea de la asociación vecinal La Avanzada, el Robin Hood del ladrillo se asoma ante el horizonte de tiendas de campaña que se ha levantado frente a su oficina. «¡El negocio que habrá hecho el Decathlon con la venta de estas tiendas!», bromea. «¡En un día tienen que haber vendido más de un centenar!».
Efectivamente, la acampada recorre casi toda la avenida de la Hispanidad... hasta salirse de Fuenlabrada. «A este paso -comenta Javier, «filero» número 1.523- vamos a llegar hasta Arroyo Culebro». Un cartel, situado en los límites urbanos de Fuenlabrada advierte de que «la cola sigue por el parque».
La serpiente multicolor que forman las infinitas tiendas de campaña se adentra por el bosque que rodea la periferia de Fuenlabrada. La fila alcanza el kilómetro de longitud. Los jóvenes se juntan en grupos de veinte. Encima de cada tienda, un cartel indica su posición en la cola. «Aquí dormimos del 1.455 al 1.475», apunta Mario. Sacos, equipos de música, peluches, consolas portátiles, libros, neveras, sillas y mesitas de playa, colchonetas, litronas y recipientes de comida forman parte de la marea humana del nuevo Robin Hood. Hasta el «scattergories». «Nosotros sí que aceptamos al Pocero como animal de compañía. Es nuestro ídolo. Nuestra inspiración. Nuestro dios», se lanza Manuel cuando ve acercarse a los periodistas.
Traspasa fronteras
El proyecto de José Moreno ha traspasado fronteras. «Me cuentan que esta mañana han llegado autocares de Valencia y Toledo cargados de jóvenes... Y que uno de Sevilla está en camino», apunta Mercedes mientras abre unas latas para prepararse la comida.
La presencia de tanta gente ávida de encontrar casa, capta la atención de todo el mundo. Incluido representantes de entidades bancarias y otros promotores inmobiliarios. Los primeros recorren la enorme fila ofreciendo sus productos: cuentas vivienda, préstamos hipotecarios... Todo «sin comisiones» y con «amplios descuentos». Los segundos intentan echar el anzuelo por si alguno pica. Carlos es el representante de una gestora de cooperativas. Lleva todo el día de tienda de campaña en tienda de campaña. «Intento explicarles que, por si acaso este señor no puede hacer los 2.000 pisos, nosotros sí que tenemos ya el suelo y que vamos a construir a precios muy competitivos».
Sus cooperativas levantan viviendas de 3 dormitorios en Navalcarnero por 209.000 euros y de dos dormitorios en Illescas (Toledo) por 152.000 euros. «Les digo -continúa- que existe una alternativa a estas casas. Nunca se sabe lo que puede pasar. Mira lo que ocurrió con la PSV hace unos años. ¿Te acuerdas?»...
Pero en Fuenlabrada nadie quiere oír que el suelo pueda desaparecer. Confían en este Robin Hood inmobiliario. José Moreno otea desde la terraza la fila de tiendas de campaña. Tiendas repletas de ilusiones. Repletas de sueños.
COMENTARIO DE "LOS GALLOS DE MARZO" RESPECTO AL "POCERO BUENO".
José Moreno, “El pocero de Fuenlabrada” es un héroe. Sin paliativos, sin anotaciones al margen. Aunque se trate de un izquierdista declarado, algunas de las múltiples Falanges que pueblan el confuso panorama actual deberían distinguirlo con la Palma Verde al mérito en el servicio. Y todas, sin excepción, deberían tomar buen ejemplo de lo que se puede y se debe hacer y, muy especialmente, de las motivaciones que inspiran a este personaje tan singular: el bienestar de la gente humilde (que humilde, por obra y gracia de la crisis, acabará forzosamente todo español medio). Sin grandes palabras, sin reiterada presencia voluntaria en los medios, pero con la efectividad de un cirujano.
Si Moreno se presentara como candidato independiente en las próximas municipales, mucho nos tememos que no se le iba a resistir la alcaldía de ningún mediano municipio español donde él se postulara. Es una lección que, en nuestra rutina y aislamiento de la realidad, los falangistas seremos incapaces de aplicarnos. Sin embargo ése, el del “pocero de Fuenlabrada”, es el camino. El único camino con resultados probados y el único que la coherencia doctrinal nos permite transitar: observar al pueblo, identificar sus verdaderos problemas de fondo y ofrecer alternativas baratas e imaginativas a modo de soluciones.
Al tiempo que se mete a la gente en un bolsillo, Moreno tiene la desfachatez de sacarle los colores al sistema político. Se pueden leer a tal efecto las lamentables declaraciones del alcalde de Fuenlabrada: que si no hay suelo, que si los procedimientos de adjudicación son los que son, que si esto, que si aquello… Excusas, disimulos, inconfesables compromisos que permiten contrastar en su justa medida y como nunca antes la grandeza de un humilde hombre del pueblo con la bajeza de un regidor del Sistema, socialista para más señas. Será que para disponer de viviendas dignas a precios razonables el primer paso consiste en cambiar de alcalde.
“¿Qué hacer?”, se preguntan a la manera leninista las gentes de las falanges. “Imitemos al pocero de Fuenlabrada” es nuestra respuesta, por más que se predique en el desierto.

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