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24 Julio 2008

EL HOMBRE QUE NO MATÓ A SALGUEIRO MAIA (DEL BLOG "ZONA FÓTICA").

Navegando por internet nos hemos encontrado con un maravilloso artículo sobre el CAPITÁN SALGUEIRO MAIA, uno de los artífices portugueses de la Revolución de Los Claveles de 1.974. Uno de los "Capitanes de Abril" de la maravillosa película del mismo nombre -aunque un tanto escasa en el desarrollo argumental de los antecedentes del 25 de Abril- de María Medeiros. El artículo narra una de las escenas más electrizantes de esa memorable jornada, y os recomendamos su lectura. Además, podéis ver la parte de la película que trata, justamente, de este episodio. El Capitán Maia se enfrenta -solo y desarmado- a las tropas que el Gobierno envía para reprimir la insurrección. Película de visión indispensable para la comprensión de uno de los procesos revolucionarios modernos más interesantes y complejos.

EL HOMBRE QUE NO MATÓ A SALGUEIRO MAIA.

Además, considero que los que obedecen justifican la existencia de los que mandan (José Reyes Fernández: De Cómo Burlé al Ejército dos Veces y aún así Regresé de Cádiz Hecho un Hombre).

Ya sé que, desde este lado de la frontera, a poca gente le importa, porque Portugal es un vecino injustamente olvidado por los españoles. Pero de vez en cuando conviene recordar algunas cosas que trascienden el interés de una nación, para que sirva de ejemplo a otras. Por mi parte, le tengo especial cariño a Portugal, porque viví dos hermosos años allí.

El 25 de Abril de 1974, tras la acordada señal de la conocida canción de José Afonso en Radio Renacimiento, varios destacamentos portugueses se alzaron contra la dictadura militar que sustituyó a la de Salazar (incapacitado para el gobierno en 1968). La revuelta fue organizada por oficiales de baja graduación (que la historia reconoció después como “los Capitanes de Abril”). Uno de ellos, Salgueiro Maia, condujo su columna desde Santarém hasta la misma Plaza del Carmo, frente a la sede del gobierno.

Antes de que se rindiera éste, tuvo lugar un curioso suceso cerca de allí, en el Terreiro do Paço. En la película de María de Medeiros (Capitanes de Abril) se supone que es el mismo General Pais (director de la PIDE, la temible policía política del Régimen) quien protagoniza parte de este suceso, pero parece que en realidad fue el Brigadier General Junqueira dos Reis, leal al gobierno, quien cortó la Calle del Arsenal con un grupo de tiradores, el Regimiento de Caballería nº 7 y dos blindados, y conminó a los rebeldes a rendirse. Hasta él se acercó el muy joven Teniente Alfredo Assunção para exponerle la situación. Como única respuesta, el Teniente recibió tres puñetazos del Brigadier General. Assunção no los devolvió. Encajó como pudo y volvió a sus posiciones.

Entonces Salgueiro Maia fue el que se acercó a mitad de camino entre sus posiciones y las de Junqueira dos Reis.

Es fascinante el personaje de Fernando José Salgueiro Maia, que murió en 1992, víctima de un cáncer, sin haber recibido ningún reconocimiento oficial por su participación en esa revuelta. Tras el golpe militar y el derrocamiento de la dictadura se negó en redondo a formar parte del nuevo gobierno y se reintegró a su unidad. Pero hoy no quiero hablar de él. Ya la historia le ha mencionado mucho, y con toda justicia, ya que fue uno de los principales protagonistas de ese pedazo de la historia.

Junqueira dos Reis conminó a Maia para que se acercara hasta su retaguardia, y éste se negó, respondiendo que quería que el Brigadier General se acercara hasta él para hablar en las mismas condiciones. Entonces Junqueira dos Reis se dirigió a uno de los alféreces que ocupaban la torreta de uno de los dos blindados y que empuñaba una ametralladora pesada y le ordenó que disparara sobre Maia.

Y esto, sólo esto, es lo que me anima hoy a escribir: Ese hombre se negó. Bajó de la torreta y fue inmediatamente detenido. Si la revolución de los claveles hubiera fracasado, habría sido, sin duda, fusilado. Pero ante su negativa, el otro soldado que ocupaba la torreta del blindado adyacente se quitó el casco y se bajó de su puesto. Y los tiradores se echaron el fusil al hombro y, dejando a Junqueira dos Reis gritando como un descosido (dio dos tiros al aire, incluso), se dirigieron a hablar con Maia. Y un momento después volvían a su puesto, se montaban en los blindados y se unían a la columna de Maia.

La Revolución de los Claveles se saldó, finalmente, con cuatro muertos, todos civiles (desde una ventana de la sede de la PIDE alguien disparó con una ametralladora sobre la gente congregada ante su puerta).

Me ha costado encontrar el nombre de ese alférez, el hombre que no mató a Salgueiro Maia. Pero lo he hecho. Se llamaba Fernando Sottomayor. Qué bien habrían venido unos cuantos Sottomayores distribuidos por Argentina, Uruguay, Chile, Brasil… y España. Gente que se pasara por el forro la repugnante “obediencia debida” a sus mandos.

Que no se pierda de la memoria el nombre de la gente que debe ser recordada. Que no se pierda. Nuestro concepto de la civilización puede depender de ello.

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