Pretender que un inmigrante adopte las costumbres occidentales, europeas y españolas, comprometiéndose a ello mediante un contrato es motivo de mofa y befa por parte de la izquierda. No hace mucho, la progresía se burlaba de la iniciativa del ejecutivo popular de la Comunidad Valenciana, diciendo que se quería obligar a que los inmigrantes aprendiesen a cocinar la paella, en referencia a la Ley de Integración del Inmigrante de la Generalitat, que contempla un compromiso de integración por el que los inmigrantes deberán asumir “nuestro modelo de convivencia y nuestra escala de valores”.
Durante la última campaña de las elecciones generales Rajoy dijo que si alcanzaba el Gobierno pondría en marcha “un contrato de integración” para los inmigrantes por el que éstos deberían comprometerse a “cumplir las leyes, aprender la lengua y respetar las costumbres de los españoles”. Desde la izquierda se le tildó de xenófobo e incluso racista.
Ahora el gobierno nacional-socialista de Galicia pone en marcha una iniciativa que pretende impulsar un contrato de integración para galleguizar a estudiantes castellanoparlantes y alumnos procedentes de otras regiones de España. Pretender que un inmigrante rumano o marroquí aprenda español es xenofobia, abogar porque un inmigrante ecuatoriano o senegalés respete y asimile nuestra dimensión cultural, es racista. Pero si se trata de imponer costumbres separatistas y obligar a los alumnos españoles a usar el gallego, entonces todo vale.
Entre las medidas “dinamizadoras para potenciar del gallego” se incluye la necesidad de crear la figura del “voluntario lingüístico” a modo de comisario de la lengua. Entre sus funciones estaría “acoger” a los estudiantes no gallegoparlantes, para ir integrándoles en la cultura gallega y acostumbrándoles a utilizar el gallego. La Consejería de Educación del gobierno del PSdG – BNG quiere establecer “pautas de compromiso y fidelidad lingüística” entre el alumnado, proponiendo a los estudiantes “contratos” de uso del gallego, incluso se llega al extremo de promover la “galleguización” de los nombres y apellidos entre el alumnado. ¿Se imaginan qué se diría si se propusiese que los inmigrantes musulmanes españolizasen sus nombres y apellidos?
Tamaña barbaridad sin embargo, no sólo se tolera, sino que se refrenda por el PSOE cuando se trata de españoles residentes en una autonomía con lengua propia. Los alumnos del resto de España son equiparados por la Xunta de Galicia a inmigrantes que han llegado de otro país, y deben aprender la lengua de la nación que les acoge. Es más, los propios gallegos que no tienen la lengua gallega como materna, o no les da la gana utilizarla, haciendo uso de su libertad, son señalados como “malos gallegos”, que traicionan sus raíces y deben ser instruidos, corregidos y devueltos al redil de los “buenos gallegos” que no usan el español.
De nuevo España y las libertades retroceden de la mano, ante la presión de la dictadura del nacionalismo aliado con el socialismo.

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