La Falange es la expresión política de una actitud radicalmente humanista cara a la realidad social. Si existe un dogma y una base irrenunciable en su ideario, es la afirmación del hombre como eje y centro del sistema.
El hombre, en el pensamiento falangista, no es una entelequia, una abstracción ni una concesión a las mentes bienpensantes. La Falange concibe al hombre en una triple dimensión, en torno a la que va a desarrollar toda su reflexión y propuesta doctrinal. La integridad, dignidad y libertad del hombre son los “valores eternos” a cuyo servicio y promoción se consagrará en absoluto la España que haremos.
Para la Falange, el hombre es un ser ÍNTEGRO. Entendemos por ello una totalidad compuesta por un elemento natural y otro sobrenatural. El hombre es un ser espiritual, en el sentido de partícipe de una realidad trascendente a su corporeidad a quien debe su especificidad en el orden de la realidad. Esta afirmación ubica a la Falange en el extremo opuesto de las mentalidades y las ideologías materialistas y la aproxima a las que reconocen en el hombre un destello de eternidad o, cuando menos, una proyección más allá de lo inmediato. Entre esas visiones del mundo cercanas, la católica -que entiende el hecho humano en términos de cuerpo y alma- ha sido y continúa siendo hegemónica entre los falangistas. Con todo, el compromiso falangista es aconfesional y no puede exigir en el dominio de las creencias personales otra cosa que el reconocimiento de la dimensión espiritual y la conciencia de las consecuencias inmediatas que de ello se derivan.
Para la Falange, el hombre es un ser DIGNO. Esta es la consecuencia ética más inmediata del reconocimiento de su dimensión espiritual. Como tal ser espiritual, el hombre está naturalmente adornado por una serie de atributos sutiles que lo hurtan de ser reducirlo a una “cosa entre las otras cosas del mundo”, por más que adornada por un leve soplo de inteligencia. El trato que cada individuo particular recibe de la sociedad o del Estado es un trato dispensado no sólo a su entidad física sino, fundamentalmente, a la porción de eternidad que habita en su interior. Y por tal motivo el hombre no puede ser objeto de desconsideración, sino de respeto conforme a su elevada condición espiritual. Es en este orden de la dignidad de la persona donde encastra el discurso falangista en torno a la justicia social.
Para la Falange, el hombre es un ser LIBRE. De hecho, la principal cualidad formal que lo adorna es su capacidad para decidir y su potestad para equivocarse, para rectificar o para mantenerse voluntariamente en el error. Errado o acertado, el hombre es siempre un ser espiritual revestido de la dignidad que emana de tal condición, difícilmente compaginable en la edad adulta con formas de tutela paternal. A esa dignidad, a ese respeto en el ámbito de sus decisiones, la realidad debe conformarse. Por tal motivo, la proyección del reconocimiento de la libertad original del ser humano nos lleva a los falangistas a optar abiertamente por formas políticas de participación donde las decisiones correspondan en último extremo a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. Aún así, sabemos con la mejor tradición filosófica que la libertad se acrecienta conforme crece la educación y el conocimiento. Y a esa certeza confiamos la esperanza en un mañana mejor.

Esa proyección íntegra del hombre es posiblemente el punto de diferencia radical del falangismo, con el resto de tendencias políticas. Unas tendencias se afanan en propagar la dimensión individual del hombre, como un hombre que se enfrenta a los demás, en su búsqueda de si mismo y de su felicidad. Este es el hombre liberal, el que desarrolla derechos individuales haciendo uso de los derechos de cada individuo. Esta propuesta puede parecernos justa: “yo tengo un trabajo honesto, me gano mi sueldo y no molesto a nadie”. Sin embargo encierra un egoísmo brutal, puesto que todo aquello que no atañe al hombre individual de forma directa es olvidado. Esta es la sociedad de hoy en día, puede verse perfectamente en la pugna de nuestra sociedad. Sólo importa el ámbito individual.
Por el contrario disolver la virtud “integra” del hombre deriva en hacer desaparecer su especificidad, borrar todos los elementos inherentes al hombre. Destruyendo al hombre espiritual y absorbiendo sólo la faceta real, se tiene una sociedad más homogénea y por tanto supuestamente más justa. Sin embargo, vuelve a observarse otro problema: no se puede reducir al hombre, a un mero animal dentro un rebaño. El hombre de forma natural dispone de un ámbito íntimo, el que proporciona el trabajo, la familia, la amistad, etc. Por tanto siempre está llamado a buscarse una diferenciación respecto al resto. Esta sociedad ha aparecido claramente en el comunismo, donde se pretendía la eliminación de las diferencias inherentes del hombre para evitar la lucha de clases. Este sistema “anti-alma” no ha funcionado. De hecho actualmente están apareciendo forma de pensamiento novedosas para recuperar el entorno bidimensional del hombre, formas de pensamiento que niegan la reducción del hombre a animal. Este tipo de tendencias como la bioética, por ejemplo buscan recuperar la esencia del hombre como portador de una especificidad irrepetible.
Es decir el hombre ni puede solamente mirarse a sí mismo, ni puede disolverse en una colectivización masiva. Sino que tiene que disponer de las dos facetas la espiritual y la humana. Esta concepción es específica del falangismo choca radicalmente con las tendencias liberales y comunistas.
Esta concepción también esta recogida en el pensamiento cristiano, explícitamente en la última encíclica del Papa, Spe Salvi. Con esta referencia, no quiero hacer apología del pensamiento cristiano, sino expresar que nuestra concepción es acertada contando además, con un aval de peso importante en el ámbito del pensamiento antropológico.
COROCATTO:
Suscribo toda tu intervención (menos lo de la Encíclica Papal que no he leído). Y sobre todo, una afirmación tuya definitoria: es nuestra concepción INTEGRAL del Hombre lo que nos distingue del resto de las ideologías.
JUAN RAMÓN tiene una interesantísima teoría sobre el HOMBRE según nuestra concepción, vinculando la misma con los valores humanos -tanto morales como políticos- de los CASTELLANOS. El HOMBRE LIBRE de Castilla como fundamento de nuestra definición del HOMBRE. Si se mete por aquí, le ROGARÍA que lo explicara.
Un abrazo COROCATTO.
COROCATTO: me alegra mucho la sintonía que vuelves a mostrar con esta nueva reflexión. En el blog de Gallos de Marzo se está desarrollando un debate al que te invito a participar.
NACHO: lamentablemente, mi teoría castellana está en dique seco, a la espera de que lo urgente deje alguna vez lugar para lo importante. Pero no se me olvida.