PÉREZ-REVERTE EN CARTAGENA: SE PUEDE DECIR MÁS ALTO, PERO NO MÁS CLARO ("MD" 22/XI/07)
Como siempre el escritor Arturo Pérez-Reverte no tiene pelos en la lengua para denunciar las miserias de nuestra patria. Con su habitual lenguaje, que convierte en genial el español de la calle, Reverte dio un repaso a la situación moral actual de España.
Durante las jornadas celebradas en Murcia bajo el título ‘Alatriste: la sombra del héroe’, Reverte mostró su visión pesimista sobre la España de hoy. Una España con unos avances materiales estupendos, pero sin duda espiritual y moralmente más deprimida que nunca. “Esta España es mejor que la de Alatriste, sin duda, hay preservativos, penicilina… Hemos mejorado en muchas cosas, aunque seguimos siendo una mierda en otras”.
Los españoles, incluido él, denunció, somos “analfabetos en manos de sinvergüenzas”, “parece que la Historia de España empieza o termina en Franco, y no es así. Nos han hecho detestar nuestra propia Historia, y no sólo los ministros analfabetos de Cultura y Educación de los últimos 30 o 40 años”.”El pueblo español es inculto, no lee, no sabe y no tiene conciencia crítica”, por ello, añadíamos nosotros, es tan manipulable y es tan dado a seguir caudillos, gurús o modas de uno u otro signo. En efecto, “las bibliotecas siempre han estado vacías” en España y los bares y los campos de fútbol llenos.
Reverte hizo un elogió de los valores de la vida militar, que puso como ejemplo para los españoles de hoy: “por mi manera de vivir, soy un soldado. No valgo como cerdo o como cordero, o no quiero serlo. Yo decidí que sería ser soldado”. En este sentido, destacó que “aunque los militares actualmente tienen mala prensa, son gente con muchas virtudes, que desearía para mis conciudadanos”.
Mirando a la sociedad actual, lamentó que “hemos olvidado que el ser humano es muy hijo de puta y muy malo, y hemos creado un mundo de buen rollo, de corderito de Norit, que no es real”.
Al igual que Jünger concluye en Heliopolis, Reverte se muestra escéptico sobre la mayoría de sus congéneres, y huye de las grandes causas que sirven de excusa a los poderosos, aunque reconoce que “todavía quedan muchos capitanes Alatriste, aunque el contexto, las maneras y la mirada son distintas.
Yo no soy Alatriste. Él tiene mi forma de mirar el mundo, pero no soy yo. Una de mis actividades en intentar detectarlos y hacerme amigo de ellos”.
Y es que al final lo que queda de positivo de las grandes causas para los que creen en ellas y no pretenden aprovecharse de ellas, es eso, la amistad, “a partir de cierta edad, uno vale lo que sus amigos lo respetan. Al fin y al cabo, la vida es breve, hostil y se acaba enseguida. Los amigos son nuestra dignidad”.
