La XVII Cumbre Iberoamericana nos ha ofrecido "la última" de nuestro Rey. En plena operación de marketing político de la Casa Real, tendente a convencer a los españoles acerca de la utilidad de la institución monárquica, Juan Carlos I se ha enfrentado al Presidente Venezolano Hugo Chávez con un castizo y campechano "¿POR QUÉ NO TE CALLAS? Respondía así nuestra real figura a las acusaciones de Chávez acerca del apoyo dado por el Gobierno de España -época Aznar- al Golpe de Estado que había intentado derrocarle en 2.002. Después, y ante las críticas hacia la actuación de nuestras Empresas por parte del sandinista Ortega de Nicaragua, el Rey se ha levantado y se ha ido, ofreciendo una imagen internacional de falta de "cintura política" hacia unas concretas imputaciones que, cuanto menos, deberían ser suficientemente investigadas.

Hasta hace apenas un año -más o menos- nuestro Rey no hubiera intervenido en estas "contingencias humanas". Estaba demasiado ocupado en sus cosas. Ahora, metido de lleno en la necesidad de convencernos de su evidente preocupación sobre la situación política y social de España, ha vuelto a protagonizar un incidente de corte "patriótico". Nos está ofreciendo nuestro castizo y campechano Monarca una amplia gama de gestos muy agradecidos para el español medio. Así, comenzó este mes con el baño rojigualda de Ceuta y Melilla (como si fuera noticia la visita del Rey a dos Ciudades españolas). Ahora es un rifirafe que le ha enfrentado, nada menos, que con el máximo representante de un país hermano. Nosotros creemos que NO SON MANERAS. Existen muchas formas de saldar la cuestión sin necesidad de "bajar a la arena": de imprecar al Presidente Chávez. Para eso ya estaban (creemos que estaban por allí, aunque se les notaba poco) Zapatero y Moratinos. Entre Jefes de Estado se impone el respeto de las formas clásicas de protocolo y buenas maneras. Otra cosa es que Chávez incumpla estas normas de protocolo, y ataque ferozmente a nuestra Delegación en la Cumbre. Callarle es misión de la Presidencia de la Reunión o, en todo caso, de nuestro Presidente. Nuestro máximo representante debe estar por encima de estas contingencias políticas.

Y es que, desde el año 1823 (año en el que, a raíz del buen gobierno de otro castizo y campechano integrante de la Familia, llamado Fernando VII, Venezuela logró su independencia) ningún miembro de la Casa de Borbón puede mandar callar a un súbdito venezolano. Se trata de dos Jefes de Estado provistos de similares poderes representativos y simbólicos, si bien los venezolanos tienen la inmensa suerte de poder elegirlos. Y es que el Presidente Chávez ha sido reelegido tres veces con más de un 63% de los votos. El Rey Juan Carlos fue designado por el Generalísimo como su Sucesor y, desde la muerte del Caudillo ha ostentando la más alta representación del Estado. Venga de dónde venga esta representación, se imponen la cordura y el respeto. Aquello no es el patio de un Colegio.

Chávez, con sus malos modales, nos introduce -sin embargo- en un asunto de máximo interés. El papel de las Empresas Españolas en América, los negocios de nuestros representantes en aquel Continente y la investigación necesaria sobre lo que ocurrió en el Golpe de 2.002 en Venezuela, cuando nuestra política exterior -en el "patinazo" más estruendoso de los últimos años- apoyó un golpe militar contra un gobierno legítimo... ¿cómo operan nuestras Empresas en Hispanoamérica? ¿qué intereses económicos se tienen en este Continente y quién los tiene? ¿por qué se apunta directamente a varias de nuestras más altas figuras institucionales como grandes beneficiarias de estas actuaciones mercantiles? ¿por qué no aprovechamos este incidente para aclarar esta espinosa cuestión?

El Rey está en racha. Debemos aprovechar estos arranques de españolismo e intentar orientar la campaña de marketing real hacia otros objetivos. Hay muchos y varíados... ¿será Ibarreche el próximo a quien mande callar nuestro Monarca? Creemos que no.