POR FRANCISCO LÓPEZ

¿Y por qué de este artículo, carta o letras? Pues por muchos motivos, por el hastío, la hartura, la desesperación, la vergüenza, el enfado y el no poder ver, al menos sin hacer nada, la estupidez humana. Todo esto enfada y quema el corazón y el alma.

El Nacional-Sindicalismo, la mejor ideología, la más clara y justa de las que pululan por este mundo. No es egoísta, beneficia a los perjudicados por esta sociedad y el capitalismo, pero sin agredir a los que se les puede llamar beneficiados, pero que no son explotadores ni humillan ni se aprovechan de su semejante. Crea, por medio de la Justicia Social, un sistema justo, equilibrado, equitativo pero respetando el trabajo, la libertad y la propiedad de cada uno, del individuo, siempre con solidaridad y comunidad. Una ideología que castiga al explotador, al egoísta y al traidor de manera dura. Una ideología, que desde el humanismo cristiano, persigue conseguir la Justicia Social, la igualdad de derechos y que premia a los que se esfuerzan y trabajan, y que da palos al vago, al que se cree con derechos sobre los demás seres humanos, al que, por razones de sangre y familia, se cree un ser superior y con derechos adquiridos.

Esto es así, la mejor ideología, y la única que defiende a España, su integridad y su fortaleza. La grandeza de la Patria y la verdad de su historia. Hoy en día es la única ideología que puede parar a los separatistas en seco y defender a España frente a las agresiones internas y externas que está sufriendo de manera constante. Pero esta ideología tiene un fallo, o la hemos hecho tener un fallo: que la tienen que aplicar hombres... pero hombres que no se guían por la ideología en sí, sino por "su ideología", no practican el Nacional-Sindicalismo, sino "su Nacional-Sindicalismo". Teniendo una ideología tan clara y llena de ejemplos, pues vamos y empezamos a interpretarla. ¿Qué hay que interpretar?¿Por qué hay que interpretar? Vamos a aplicar, y punto. Tenemos una de las ideologías más claras y firmes, pero tenemos que interpretarla y difuminarla, es decir, vamos a hacer el borrego.

Por esas interpretaciones, unidas al egoísmo personal, animadversiones que mezclan lo político con lo personal, cabezonerías, estupideces varias, intentos de cambios contra natura, acciones incomprensibles y otras ...-no pondré sustantivo con un adjetivo calificativo para no herir sensibilidades- varias, han terminado por romper en pedazos el Nacional-Sindicalismo, para regocijo de comunistas, socialistas, la derecha y los separatistas, que ven en el falangismo la única ideología capaz de destrozar su status actual. No en vano, los falangistas, no sé si por caridad, se lo damos todo hecho: ellos tienen que hacer poco o nada para que no podamos ser esa fuerza capaz de tirar abajo este sistema... nosotros solitos nos bastamos para destruirnos y así dejarles vía libre para poder destrozar a España.

¡Qué vergonzoso! Da vergüenza el ver cómo, con saña y sacando lo peor del ser humano, intentamos destrozar y destripar al falangista de al lado. Mientras, nuestros verdaderos enemigos, contra los que José Antonio, Onésimo, Juan Ruiz, Ramiro y Hedilla crearon y usaron el Nacional-Sindicalismo, siguen haciendo de España un solar con ausencia de toda Justicia Social, y el paraiso de la inmoralidad, el egoísmo, la insolaridad y la envidia y la maldad humana. De lo que no podemos ir en contra, pues lo imitamos a la perfección utilizándolo entre nosotros. Vayamos contra estos que están desmembrando España, matándola y hundiéndola en todo tipo de miserias. Donde impera la ley de la selva, la inmoralidad, el cinismo, la corrupción y el deshecho. Pero nada. Los falangistas seguimos mirándonos el ombligo, nuestro mundo tiene como frontera ese espejo en el que nos miramos, nos alabamos, nos decimos a nosotros mismos lo guapos, listos, buenos y maravillosos que somos. No hay nadie como nosotros. Somos la leche. Y si España se hunde, se va a la mierda, desaparece o se la reparten cuatro desmembrándola, no pasa nada, nosotros seguiremos siendo maravillosos, lo dice el espejo, todo lo que pasa es por culpa de los otros, aunque nosotros no hagamos nada, seguimos siendo los mejores, los más guapos, seguiremos adulándonos.

¡Qué espectáculo! ¡Qué vergüenza! ¡Qué bochorno! ¡Qué desesperación! ¡Qué cabreo! ¡Qué pena! En realidad todo esto da pena, desasosiego, cogojo, y sobre todo, mucho miedo, pero que mucho miedo.

¡Qué sensación más rara! O cúmulo de sensaciones al ver el paupérrimo y bochornoso espectáculo internetero -no sé si esta palabra existe, pero todo el mundo me entiende y no encuentro una palabra que califique el utilizar internet- que estamos realizando. Con esta forma de hacer política, desde el sillón y el teclado, echando mierda a diestro y siniestro, con o sin, la mayoría de las veces sin, razón. Qué vergüenza el entrar en webs y foros de corte -no lo calificaré de ultraderechista, pues ni ellos saben que ideología tienen, aunque muchos se la suponemos- donde desde siempre han intentado utilizar y manipular al falangismo para beneficio suyo particular. Dando consignas y haciendo actos y artículos que, o no van con el falangismo, o chocan directamente de frente en nuestra contra, y entre medias de eso, siempre, aparece algún yugo y flechas, que me hacen preguntarme, ¿qué coño hacen esos símbolos entre tanta morralla?.

Luego, todos, querremos presumir de nacional-sindicalistas puros, joseantonianos; pero la idea que damos, y que es la que es, es todo lo contrario a lo que José Antonio nos legó. Pero todos le idolatramos -como no puede ser de otra manera- pero no hacemos ni puñetero caso a sus escritos, a sus palabras, a sus gestos y actos que nos dejó de herencia... más bien estamos cargándonos todo por lo que murió.

Pero sigamos mirándonos el ombligo, acicalándonos delante de nuestro espejo, utilizando medios que solamente traen problemas, tirándonos los trastos a la cabeza entre falangistas, y seremos cómplices de la destrucción de España y del Nacional-Sindicalismo, entonces, ¿para qué y a quién sirve todo esto? Para nada, y no sé para quién, porque ahora, nos estamos pegando para olfatear el olor que desprende la mierda de los despojos de las migajas de la política de España. Por eso nos estamos dando estopa los grupúsculos falangistas.

No podemos ser más joseantonianos que José Antonio, no podemos tener más relevancia que nuestros fundadores y mártires. Dejémonos de egoísmos y egolatrías. Hagamos de tripas corazones, no pretendamos ser el fin de nuestros propios actos, porque nuestro fin tiene que ser España y los españoles, no nosotros mismos, no nuestras ambiciones personales ni nuestras fobias y filias.

Quiero, deseo, anhelo, que la primera pregunta que me hace la gente en la calle no sea "¿por qué sois tantos grupos?" o "¿qué diferencias teneis?" Que en las ruedas de prensa no se haga la pregunta de "¿me podías explicar cuales son las diferencias entre todos los grupos falangistas?"

O no quisiera volver a sentir vergüenza, bochorno, enfado, tristeza y desesperación cuando, en las elecciones hay varias papeletas con yugo y flechas. ¿Cómo explico a los chavales que se alistan en Juventudes el porqué de ser varios grupos y la situación? Todo sin mentir ni difamar de los "otros falangistas", intentando dar una explicación coherente y que no fomente el odio entre falangistas.

No lo sé. No sé donde vamos a llegar. Estas guerras absurdas, hacen crecer la desesperación , el hastío y la vergüenza, y su consecuencia es que no crea nadie en el falangismo, y que los que están dentro, poco a poco se cansen y se vayan yendo y abandonando La Falange, algo de lo que no se les puede recriminar, y sí el pensar "eso es lo que tendría que hacer yo, porque trabajar y abandonar a la familia para esto..."