Primo de Rivera como Agustín de Foxa, su hermana Pilar Primo de Rivera, o Ximénez de Sandoval, fueron varios los intentos que llevó a cabo José Antonio para conocer personalmente a Lorca, quien junto a los dos Machado, Alberti, Juan Ramón y Rubén Darío, era uno de sus poetas favoritos. A pesar de que Federico evitó cuidadosamente un encuentro público para no propiciar el desagrado de sus amigos de izquierdas, el testimonio del poeta comunista Gabriel Celaya es determinante cuando relata que habiéndose citado con él, en el cabaret “Casablanca”, cuando llegó lo vio acompañado de José Antonio, y Federico se lo presentó así: “Oye, ven aquí. Te voy a presentar a José Antonio. Vas a ver que es un tío muy simpático”. Y se saludaron. Después los tres pasaron juntos “una noche de whiskys”, lo cual no era extraño en el ambiente poético de la época que propiciaron puntos entendimiento como la tertulia de “La Ballena Alegre”. Posteriormente habiéndose enconado las rivalidades, el 8 de marzo de 1936 fue a verle al hotel de San Sebastián, donde se alojaba, encontrando a Federico acompañado del arquitecto José María Aizpurua, fundador de Falange en Guipúzcoa, Celaya, se negó a saludar a Aizpurua y tras marcharse el falangista, Federico le recriminó a Celaya por haber provocado una situación tensa, y le dijo: “Aizpurua es un buen chico, que admira mis poemas. Es como José Antonio. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él”. No era rara esa corriente de simpatía entre ambos dada su inclinación a la defensa de la justicia social y de las minorías, adornada por un intenso espiritualismo cristiano.
Según el Profesor Luís de Llera, en Lorca: “No podemos confundir simpatías genéricas sobre la justicia social con la militancia concreta en el Frente Popular”. De hecho rechazó de plano cualquier intento partidista de utilizar su imagen. Su rechazo radical a las corrientes filofascistas no hace extraña la prevención inicial de Lorca a ser relacionado con una Falange, que inicialmente se encontraba trufada de simpatizantes a esas corrientes, lo que no impidió el afloramiento de relaciones amistosas con auténticos falangistas como Foxá, Ridruejo, Sanchez Mazas y sobre todo Luís Rosales, llegando incluso a entregar un donativo para las vacías arcas de Falange, según testimonio de Liliana Ferlosio.
Al marcharse de Madrid huyendo del Alzamiento, se despide entre otros de su amigo falangista Edgar Neville: “Me voy, porque aquí me están implicando en la política, de la que no entiendo nada ni quiero saber nada. Yo soy amigo de todos y lo único que deseo es que todo el mundo trabaje y coma. Me voy a mi pueblo para apartarme de la lucha de banderías y de las salvajadas”
Desgraciadamente en Granada había asumido el poder como gobernador civil, el comandante José Valdés Guzmán, recién ingresado en Falange, aunque se jactaba en público de rechazar los principios del falangismo: ““Mire usted, a mí, en eso del nacional-sindicalismo, lo de nacional me parece bien, pero lo de sindicalismo me da tres patadas en la boca del estómago; y lo tengo enfermo”. Formó un grupo represivo a su alrededor, compuesto por gentes de diversa catadura moral y política, ajena al falangismo, compuesto por el jefe de la Policía, Julio Romero Funes y varios facinerosos con apodos como ‘Italobalbo’ ”, “el Chato de la Plaza Nueva”, “el Panadero” o “el Marronero”, que con varios señoritos de familias acomodados, camisas nuevas de la Falange de aluvión de después del Alzamiento, conformaban la llamada “Escuadra Negra”.
La Falange anterior al 23 de julio, era minoritaria: sólo unas decenas de afiliados, que habían acudido en masa al frente, quedando la brecha abierta para advenedizos como Valdés que quiso dominarla imponiendo como jefe de milicias falangistas a alguien ajeno a la Falange: como Manuel Rojas Feijespán, capitán de la Guardia de Asalto, y responsable de la matanza de los anarquistas de Casas Viejas, en lugar de Patricio González de Canales, que había sido nombrado por José Antonio y quien prohibió terminantemente las acciones represivas, siendo exiliado por Valdes tras un duro enfrentamiento.
Otro significado miembro de la “Escuadra Negra” era el mencionado Ruiz Alonso, quién intentó ingresar en Falange tiempo atrás, negándose José Antonio por considerar que era un “el sindicalista domesticado de la CEDA”. Los hermanos Rosales fueron los que le transmitieron la negativa de José Antonio, de donde databa su vieja enemistad. Según Hugh Thomas, la detención de Federico García Lorca “se debe a Ruiz Alonso, más por agredir a la familia Rosales que al poeta mismo. La decisión para fusilarlo la tomó José Valdés Guzmán...”
Desde primeros de agosto, Lorca estaba escondido en casa de los Rosales, que cada día acudían a su puesto en el frente. Aprovechando su ausencia Ruiz Alonso lo detiene el día 16. Avisado por su Madre, Miguel hace un primer intento de liberación, y posteriormente al regreso de sus hermanos del frente un segundo, secundados por Cirre y diez falangistas más, que se enfrentan a cerca de cincuenta sicarios, llegando Pepe a entrar pistola en mano en el despacho de Valdes tras forzar la puerta de una patada y arrollar a quien se le puso por delante. Al día siguiente consiguió del gobernador militar, coronel Antonio Gómez Espinosa, una orden escrita de libertad para Federico García Lorca, pero Valdés la miente asegurándole que ya había sido ejecutado.
Tras la llegada de la famosa orden de Queipo de Llano: “Déle café… mucho café”. En la madrugada del 19 de agosto Lorca es trasladado, esposado, a la aldea de Viznar, unos 10 km en las afueras de Granada. Varias horas después, algunos miembros borrachos de la “Escuadra Negra”, intentaban vender en el café “El Imperial” su pluma estilográfica y una medalla de oro, recuerdo de su viaje a Cuba.
Luís Rosales fue expulsado de Falange por Valdés y encarcelado a la espera de ser fusilado, pero se salvó gracias a la cuantiosa multa entregada por su familia y, sobre todo, gracias a la llegada a Granada de Narciso Perales. El primer homenaje falangista llegaba a Lorca en 1937 de manos del falangista Francisco Villena, de Zaragoza, en el diario “Amanecer”, donde publicaba la elegía “De una historia que vio la Alhambra” y con esta dedicatoria: “A Federico García Lorca, en la inmortalidad imperial de su paraíso difícil”, posteriormente Joaquín Romero Murube y José María Castroviejo dedicarían poemas a su memoria al finalizar la guerra, y la Sección Femenina y el Frente de Juventudes citarían con frecuencia su obra en sus publicaciones desde principios de los 40.
Con el tiempo y con abrumadoras evidencias se demostró que la Falange no solamente no había sido la autora del crimen, sino por el contrario la única que intentó todo lo humanamente posible por evitarlo. Justicia debida a quien escribió: “Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al español que sólo es español por serlo y nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta, por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos”

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