SEIS DE CADA DIEZ DEFRAUDADORES SON ALTOS DIRECTIVOS DE EMPRESA ("EXPANSIÓN" 20/IV/07).
El enemigo está en casa y, además, tiene responsabilidad dentro de la organización. Seis de casa diez fraudes dentro de una empresa son obra de altos directivos o miembros del consejo de administración.

Así lo pone de manifiesto el estudio Perfil del Defraudador, realizado por el área de Forénsic de KPMG -departamento de la auditora dedicado a la investigación privada de fraudes en la empresa y en la Administración Pública-.

Según el informe, elaborado sobre la base de casos reales, los autores de dichos fraudes se aprovechan fundamentalmente de unos controles internos inadecuados que provocan daños materiales e inmateriales a las entidades afectadas. Además, tienen entre 36 y 55 años, conocen bien la empresa porque cuando empiezan a beneficiarse de sus actividades irregulares llevan en la compañía seis o más años y suelen actuar, en un 68% de los casos en solitario, aunque reciben apoyo de personas ajenas a la empersas en 2 de cada 10 faudes.

Para Pablo Bernad, socio y responsable del área de Forénsic KPMG para Europa, Oriente Medio y África (EMEA), "los altos directivos tienen acceso a información confidencial y, gracias al cargo que ocupan, les resulta más fácil esquivar los controles internos y ocasionar daños importantes a la entidad". Además de conocer la empresa, los delincuentes se encuentran muy cerca de donde se maneja las cuentas.

El estudio desvela que un 36% trabaja en el departamento financiero y y un 32% en el de operaciones y ventas. Estos datos enlazan con las motivaciones para cometer el delito. Cerca de la mitad de los expedientes analizados por la auditora reflejan que la codicia es una de las principales causas aunque no la unica. La falta de controles de seguridad es visto por los delincuentes como una oportunidad para conseguir dinero en un 26% de los casos analizados.

La creencia de que las compañías con mayor facturación son las únicas que pueden sufrir ataques es un mito, "tanto las grandes firmas como las de menor tamaño pueden sufrir importantes pérdidas materiales", afirma Fernando Lacasa, senior manager de Forénsic de KPMG.

Según los datos del estudio, la cantidad defraudada por un empleado es de entre uno y dos millones de euros en el 16% de los casos estudiados y de entre los 1.000 y los 10.000 euros, en un 19% de los expedientes.

Estos delitos no suelen ser un caso aislado en la empresa. El delincuente no se conforma con una sola acción ya que en un 91% de los fraudes el empleado realizó más de una operación fraudulenta.

Además, cuenta con la ventaja de poder seguir delinquiendo durante varios años gracias a la debilidad de los controles internos, que se muestran insuficientes ya que en un 49% de los actos delictivos los autores aprovecharon los "débiles controles internos de la compañía" para realizar sus actos ilícitos.

En un 34% de los casos, el fraude se detecta después de dos años de haber comenzado, y entre tres y cinco años en el 33% de las situaciones analizadas. Pero, nueve de cada cien defraudadores mantienen sus actividades delictivas entre seis y diez años.

La falta de controles para detectar estos actos se apoyan, según el estudio, en que el 50% de los fraudes son detectados por situaciones ajenas a cualquier tipo de control por parte de la empresa como: por una confidencia de un empleado (25%), reclamaciones de los clientes (9%) y proveedores (4%), de forma accidental (8%), por descuido del propio delincuente (2%) y por su propia confesión (2%). Por el contrario, los controles internos y externos consiguen detectar el 20% de los casos de fraudes analizados por el estudio.