¿ALIANZA DE EXTREMOS O FRENTE TRANSVERSAL? NUEVO ARTÍCULO DE DIEGO URIOSTE.
Durante muchos años se ha hablado de diversas soluciones tácticas de diversa índole, piruetas imposibles y alianzas poco estables basadas en conjunciones meramente destructivas. Estos esquemas se basaban en la sinergia de los grupos que deseaban destruir el mismo sistema, si bien la crítica a este fuese completamente diferente y la construcción posterior -la alternativa- antagonista. Por lo que, en una hipotética realidad victoriosa, eso desencadenaría otro nuevo enfrentamiento para construir esta vez el sistema de cada uno de los elementos de la unión de contrarios, o la directa fagotización de uno de los grupos al otro.
En el plano teórico es lógico, en el histórico un hecho. Utilizaré la última guerra civil española como ejemplo práctico, puesto que las alianzas de opuestos se dieron en los dos bandos. En el Frente Popular los anarcosindicalistas que engrosaban las filas de la CNT contaban con un millón y medio de militantes, el mayor sindicato español. Aprovechando la coyuntura golpista, comenzaron una revolución libertaria que llegó a controlar el 75% de la industria de varias comunidades, colectivizando y comunizando la economía y la sociedad. Menos de un año más tarde (1937), sus aliados en la guerra civil comandados por Largo Caballero disolverían sus estructuras y serían ilegalizados con Negrín. Así, las fuerzas comunistas y contrarevolucionarias socialistas, pese a pertenecer a la misma alianza, exterminaron una revolución anarcosindical y libertaria.
En el Bando Nacional, la situación de las fuerzas revolucionarias no fue mejor. Pese al comunicado de Jose Antonio que decía que “Falange Española de las JONS no apoyará ningún alzamiento desde ninguna de sus jefaturas y cualquier Jefe Territorial, Provincial o Local que apoye este levantamiento armado será expulsado de Falange, siendo divulgada esta expulsión por todos los medios que estén a nuestro alcance“, los militantes nacionalsindicalistas pronto tomaron las armas por parte del bando nacional. Un año más tarde, el 19 de Abril de 1937, Franco creó el decreto de unificación forzado con la Comunión Tradicionalista que era contrarevolucionaria, lo que supuso la desaparición del nacionalsindicalismo como estructura y la imposibilidad revolucionaria jonsista. Todo aquel que se opuso a esta unificación forzada fue perseguido y encarcelado, como el caso de Hedilla. Una vez más, una alianza de fuerzas revolucionarias con contrarevolucionarios acaba con la desaparición de los primeros a golpe autoritario de los segundos.
No pretendo abrir un debate ni revisar la historia de la última guerra civil, sino exponer en el plano de los hechos la teoría que trato de explicar. De hecho desde ya hace bastante tiempo que rehúyo cualquier conversación sobre esa guerra, más aun cuando es utilizada por gobiernos y asociaciones de dudosa honestidad para crispar y dividir aun más una sociedad que nada tiene que ver con la de entonces. Este tipo de imposibilidades de alianzas se han dado a lo largo de la historia innumerables veces, lo que demuestra que las uniones contra un enemigo común jamás han funcionado, ni en tiempos de paz (Mayo 68) ni en tiempos de guerra (revolución rusa o guerra civil española). Esta reflexión simple y clara debe por lo tanto recrear una táctica que no es nueva, la del frente transversal. La alianza de extremos, a lo sumo, funcionaría para hechos y actos concretos de protesta y desestabilización, no más.
Entiéndase por transversal una denominación superadora de esquemas parlamentarios y dialécticas artificiosas, un haz de voluntades y empeños que verdaderamente actúen en sinergia no sólo por un mismo fin destructivo, sino por compartir elementos constructivos y analíticos más allá de cualquier dogmatismo o paradigma trasnochado. Se trata de una superación de las etiquetas y estructuras anquilosadas en el historicismo, un empuje al servicio de las Ideas una vez estas se hayan purificado de cualquier emponzoñamiento sectario. Una común voluntad de cambiar para crear, es decir basada igualmente en el primer paso, subversión destructiva, como en el segundo y más importante, la creación de una realidad revolucionaria.
Este frente es asimétrico y multiforme, ya que según el campo territorial variará, siguiendo la máxima: a problemas locales, soluciones locales; a problemas globales, soluciones globales. La mayoría de problemas locales son de causa global, sus raíces están por encima de su pequeña territorialidad. Los problemas a los que se enfrentan las soberanías nacionales y las luchas y reivindicaciones sociales no pueden ser combatidos a nivel local, ni siquiera a nivel nacional. Es un problema global y por lo tanto deberá actuarse en base a esta nueva realidad socio-económica. El frente transversal es la alienación positiva de una misma lucha, que parte de la detección de una misma problemática y el resultado de un mismo objetivo.
El problema mayor es el mundialismo, un conglomerado de intereses supranacionales al servicio del Capital. Hoy, las grandes corporaciones tienen mucho más poder económico que las principales economías nacionales del mundo. Peligran las soberanías de las naciones, bastiones estructurales de la independencia popular frente al salvajismo globalizador mercantilista, si bien los estados actuales actúan más como peones del nuevo orden que como plataformas populares de combate nacional. Por ello no merecen ningún respeto, todo lo contrario, ni los cuerpos ni los organismos encargados de mantenerlos. La soberanía no sólo debe ser nacional, sino independientemente económica. Un estado nacional títere del gran Capital es un estado enemigo. Por ello la revolución social tendrá sentido en un marco de nación popular, para que en sinergia actúen todos los agentes por la independencia nacional y social del pueblo.
Existen numerosos movimientos en el mundo que hacen de esa lucha dual, por lo social y la soberanía, su causa revolucionaria. Y es preciso que todos los pueblos que luchan por escribir su propio destino en Justicia estén en el mismo frente.
Existen numerosos movimientos panamericanos de la izquierda nacional que ya han iniciado su andadura nacional revolucionaria. Asistimos, pues, a un surgimiento de un polo patriótico transnacional en el centro y sur del continente americano, liderado por el socialismo patriótico de Chávez, que se va articulando en base a ese frente transversal que en estas líneas se defiende. La vía, la de reforzar la soberanía popular en el contexto de un estado fuerte, independiente económicamente para poder articular una revolución completa. En España suele existir una reticencia a las revoluciones nacionales en América, la mayoría de veces por un residual espíritu colonial o nacional-economicista, esto último provocado por la estúpida interpretación del conflicto de las empresas “españolas” en aquellos países como algo nuestro. El eje sur y centro americano desestabiliza a los principales poderes mundialistas, sobre todo al área estadounidense, lo que refuerza la teoría transnacional y transversal no sólo para lograr la ruptura de un sistema, sino para la creación de uno nuevo: patrias socialistas.
Así mismo asistimos a numerosos movimientos de liberación nacional en los países árabes. Si bien hemos asistido prácticamente a la derrota del glorioso socialismo árabe y de su concreción en países como Iraq con el Baaz como órgano y partido nacional revolucionario, la lucha por la soberanía de Palestina, Líbano o Irán (en diferentes niveles, se entiende) es más que plausible. Si el panarabismo consigue recrear de nuevo un frente transversal y transnacional, conseguirá seguramente liberar muchos de los pueblos que ahora se hallan bajo el yugo del eje EEUU-Israel, concreción del mundialismo economicista y del nacionalismo radical israelí, el sionismo.
Estos dos ejes, el árabe y el sud y centro americano están además trabajando en un frente amplio, como se ha podido ver últimamente en trabajo conjunto entre las naciones soberanas de Irán y Venezuela. Aunque el establishment trate de vender que esta unión nace únicamente por la necesidad de estas naciones (representativas de luchas más grandes) de romper con el sistema imperante, lo cierto es que coinciden en el segundo punto comentado al inicio del artículo; la coincidencia en un objetivo común: la liberación de los pueblos y la revolución social (binomio inseparable).
África y Europa son dos continentes heridos por el mismo arma. En otros tiempos víctima y verdugo, hoy sus pueblos subyugados ante el mismo poder y sin aparentes vías de subversión ni alternativa visible. Existen numerosos movimientos africanos que se articulan tímidamente pero que carecen de independencia suficiente y, en muchos casos, viven en el exilio o en las masas inmigratorias en la propia Europa, como es el caso del reciente movimiento Kemi Seba, que lucha por la vuelta de los africanos a África, la soberanía e independencia de sus pueblos y una renovación social y cultural de sus sociedades. Así mismo existen numerosos movimientos revolucionarios y nacionales en Europa, sin apenas representación política y con una labor socializadora aun por construir. En un futuro no muy lejano, si los movimientos sociales europeos quieren ser algo más que una anécdota social y política, deberán unirse primeramente entre ellos en un frente europeo transversal y transnacional y, finalmente, sumarse al gran frente de la liberación de los pueblos que he comentado anteriormente.
La hegemonía mundialista, basada en la desestabilización nacional, eliminación del poder popular y la dominación del mercado sobre todo, debe ser combatida del mismo modo que ella ejerce su poder, a nivel global. La liberación de los pueblos, la revolución social y la libertad de sus gentes dependerán de como se articulen los distintos movimientos alternativos, y la Victoria -lejana y difícil- dependerá del frente transversal, desde el municipio hasta todo el planeta.
