Hace ahora 521 años, en el mes de julio de 1486, contando con 26 de edad, caía en una emboscada tendida por las espadas islámicas en las fangosas tierras de la vega granadina, un joven guerrero español. Recogido su cuerpo por su padre, y llevado a Sigüenza años más tarde, donde la familia había adquirido, en la Catedral, una capilla de la cabecera, descansa eternamente inmortalizado por la figura de un caballero que ha muerto peleando "en Cruzada" contra los infieles. Tiene un libro en las manos, y medita con la mirada perdida sobre el suelo, después de haber leído. En el pecho luce la colorada cruz de la Orden de Santiago de la que es caballero. A los pies, sobre su celada metálica, un pajecillo le mira, y llora. El Doncel de Sigüenza es la representación máxima de la cultura medieval, el uso de las armas para defender la fe, la lectura para alcanzar la sabiduría. La mirada siempre perdida en el más allá, segura residencia del alma.
Casi mediomilenio después, un frió día nueve, del mes de febrero de 1934 otro joven perdía se vida en similar emboscada tendida por los enemigos de todo aquello que defendió aquel joven del medioevo - “Muere en el umbral de una España mayor, como aquel doncel de Sigüenza, don Martín Vázquez de Arce, hombre de letras y de armas” (1).
Aquel joven se llamaba Matías Montero y Rodríguez de Trujillo y si quisiéramos saber más de lo que aconteció aquel 9 en la calle Juan Álvarez de Mendizábal, en el barrio de Argüelles de Madrid, solo tendríamos que leer alguno de los documentados artículos publicados por el Frente de Estudiantes Sindicalistas (2) o por Gallos de Marzo (3) en sus respectivas webs, pero creo que más allá de la resemblanza históricas deberíamos reflexionar sobre su muerte y lo que nos legó.
¿Cuál fue la causa de su muerte? ¿Por qué tanto ensañamiento?.
Si buscamos causas, algunos tratan de buscarlas en su participación en el asalto a la Facultad de Medicina de San Carlos en la que resultó herido un joven fueista, pero en realidad su asesinato solo era uno más en la escalada de violencia izquierdista desatada en el otoño del 33, en la que le precedieron las muertes de José Ruiz de la Hermosa (2 de noviembre del 33. Daimiel), Juan Jara Hidalgo (8 de diciembre. Zalamea de la Serena), Tomas Polo Gallego (26 de diciembre. Villanueva de la Reina), Francisco de Paula Sampol Cortés (11 de enero. Madrid), Vicente Pérez Rodríguez (27 de enero. Madrid), y los atentados contra José Antonio Primo de Rivera (12 de noviembre. San Fernando), Nemesio García Pérez (1 de enero. Valderas), José María Oyarbide (13 de enero. Eibar), Manuel Baselga de Yarza (18 de enero. Zaragoza), Gonzalo Jiménez Herrera y Felipe Pérez Alonso (3 de febrero. Madrid). Casi todos ellos con igual o muy parecido “modus operandi” (seguimiento, emboscada y tiro por la espalda) y nivel de ensañamiento.
Es inútil sostener como Pio Moa la teoría de su participación en el asalto como razón de su asesinato, posiblemente su sola significación como triunviro de medicina del SEU le había hecho candidato a los dos disparos que causaron su muerte y a los tres restantes que ya cadáver, buscaron su vientre en un primitivo ensañamiento que por atávica venganza buscaban cortar la virilidad de ese joven, tan hombre como para permanecer en su puesto aun a sabiendas que la muerte le buscaba por las esquinas.
“Vindicación”,¡Venganza! era el nombre del grupo al que pertenecía su asesino. No un estudiante de la F.U.E., si no un obrero de las Juventudes Socialistas de Santiago Carrillo. ¡Venganza! ¿Venganza de que agravio?, ¿golpes intercambiados entre jóvenes de igual a igual?, ¿roturas de mobiliario?, ¿Carteles, pintadas, periódicos ofrecidos al que quisiera oír otra verdad?. Posiblemente eso, a veces la verdad es demasiado dura para quién no encuentra en su interna moral argumentos que avalen su resentimiento.
Tiros en la nuca, bombas, ensañamiento, terror. Todo para apagar la verdad. Vindicación contra antiguos odios que justifican la agresión?. ¿Os suena todo esto?. Espero que si, porque si sois incapaces de ver el analogismo con nuestros tiempos es que estáis tan embotados como aquellos viejos derechones que gobernaban en aquel momento, confiados en sus poltronas y que pedían más acción-reacción contra el “enemigo común” mientras hurgaban en la miseria de esas infelices bestias acorraladas.
“Es muy fácil aconsejar” espetó José Antonio a aquellos que desde el ABC decían que “un fascismo así es solo literatura”, sin entender que ese supuesto “fascismo” ni siquiera era tal, pero empezando a entrever la amenaza que para sus intereses suponía esa generosa entrega de sangre sin venganza que agotaba sus últimos esfuerzos para romper la costra de odio y resentimiento de aquellos que los asesinaban, sin comprender que era por ellos por lo que luchaban los que morían.
La muerte de Matías Montero no fue en absoluto inútil, marcó en primer lugar la ruptura entre el José Antonio del Teatro de la comedia y el del Cine Madrid, quién íntimamente sintió retorcerse sus entrañas al pensar que estaba de caza cuando los suyos eran a su vez cazados, lo que le hizo exclamar: “Se acabaron en mi vida los actos frívolos”. A partir de ahí comenzó la preparación para su cita con la muerte un 20 de noviembre.
La muerte de Matías Montero fue el refrendo de aquellos “Guiones” publicados en FE un par de semanas atrás (4): El quebranto de la “Disciplina” de aquellos que decidieron actuar aun en contra de las órdenes de su jefe, el acertado rechazo de José Antonio a entrar al trapo del acuciante afecto de los que le instaban a saltar a un “Terreno de lucha” que él no había elegido, la respuesta a la “Murmuración” de aquellos que le preguntaban si se iban a dejar matar como moscas y a los cuales contestó – “No, pero tampoco nos vamos a convertir en una banda de asesinos”, el “Silencio” de quién como dijo José Antonio – “Se limitó a salir a la calle a cumplir con su deber, aun sabiendo que probablemente en la calle le esperaba la muerte”, y por último “El honor de la Falange” que tantos enaltecieron con su vida, su muerte y sus actos, y tantos ensuciaron y ensucian hoy en día con sus mezquinas venganzas o su entreguismo.
Por último una reflexión. Matías Montero como todos los que le precedieron desde Ruiz de la Hermosa, murieron sin haber vestido una camisa azul, sin haber cantado un Cara al Sol, sin un ¡Arriba España! en sus bocas o sobre sus tumbas, y sin embargo ¿Quién más falangista que ellos?. Porque el azul se debe llevar en el corazón antes que en la camisa.
En la boca de Martín como en la de Matías podría haber florecido por igual esta plegaria que nos dejo Sánchez Mazas:
“Tu no nos elegiste, Señor, para que fuéramos delincuentes contra los delincuentes, sino soldados ejemplares, custodios de valores augustos, números ordenados de una guardia puesta a servir con amor y con valentía la suprema defensa de una Patria. Esta ley moral es nuestra fuerza.. Con ella venceremos dos veces al enemigo porque acabaremos por destruir no solo su potencia, sino su odio” (5).
Y por eso ambos dos descansan la mirada siempre perdida en el más allá, segura residencia del alma.
…………………………………………………………………………………………..
(1) – Artículo de la Redacción de FE (Feb. 1934)- “La Rebelión de los Estudiantes” – David Jato (Pag. 182).
(2) - RES FES
(3) - Gallos de Marzo
(4) – Guiones - FE, núm.3, 18 de enero de 1934
(5) - De la "Oración por los muertos de la Falange"

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados