INMIGRACIÓN, SER E IDENTIDAD NACIONAL.
Si las naciones de Europa no saben encauzar y dirigir este fenómeno creciente e hirviente, los problemas para su identidad e historia se tornarán muy graves. Alguno de sus efectos nocivos se está haciendo notar ya.
Hablemos de España. No se trata de elevar a la categoría de dogma el propio pasado histórico y con ese dogma construir un futuro inamovible. No; porque el futuro siempre será nuevo y distinto del pasado. Además dogma e Historia, Historia y dogma deben ser incompatibles por cuanto aquélla, como maestra, ha de ser el purgante de todos los dogmatismos. El conocimiento de la Historia debe ser precisamente el decantador, la criba de todo pensamiento rígido o fanático que impida o aherroje la mayor y más sublime conquista del hombre: la libertad.
Sin embargo, el pasado que es la Historia acontecida, es el cimiento o cimientos sobre el que el edificio de la nación se reconstruye y modifica como se hace con el hogar a medida y a la vez que la familia cambia o se expande al llegar nuevos miembros.
De ese futuro en constante construcción, la inmigración representa hoy a los nuevos miembros que se incorporan a la tradicional familia en su viejo solar, en este caso el solar hispánico. Y éste es el punto y momento en que es obligado preguntarse quién es quién, qué fines, qué intereses, qué creencias, qué información tiene de la casa-nación el inmigrante que llega a ella. Tales fines ¿son simplemente económicos, de mejora de su nivel de vida?, ¿viene para estar unos años y volverse a su tierra?, ¿su intención es quedarse para siempre? Si es ésta la última intención, si quiere incorporarse para siempre a esta comunidad nacional que pertenece a una civilización, la occidental, cuyo componente cristiano es la base y cimiento cultural, ético y moral de la misma, con el principio intocable de la libertad individual y colectiva, es nuestra obligación hacérselo saber. No puede confundirse ni debe ser confundido.
Es obligado analizar el origen e idiosincrasia de los inmigrantes porque aquellos, como los hispanoamericanos, que históricamente tiene las mismas raíces civilizadoras que nosotros, ninguna o muy pocas dificultades tendrán para entenderse y ser entendidos. Pero aquéllos otros, y vayamos por derecho, que pertenecen a la civilización mahomentana, cuyo calendario es 622 años posterior al cristiano, lo que se nota mucho en su pensamiento retardado, y cuyo dogmático fanatismo es evidente en declaraciones, intenciones y actos de muchos de sus líderes y secuaces, tienen que saber, es necesario hacérselo saber, que venidos a España a trabajar, a mejorar las condiciones de vida propias o de sus familias, están en uno de los solares de esa otra civilización, la cristiana; han de saber que los principios de ésta, las leyes, valores, costumbres, tradiciones e historia no se formaron en un día; que no se pueden cambiar sin más por ellos y para ellos. Trabajo, todo el que haya, bienestar para todos, riqueza compartida; pero el solar es intocable, desde sus cimientos helénico-romanos, su filosofía cristiana y su personalidad hispánica. Y no vamos a recordar cómo se ha formado ésta en veintitantos siglos, ocho de los cuales fueron de lucha para recuperar la Península Ibérica después de la invasión que Tarik y Muzza hicieran por la puerta de Gibraltar, abierta por unos felones en aquel malhadado año de 711.
A Dios, Alá o Yavhé como más se le honra es respetando a aquel que cree en uno de ellos aunque no lo haga en los otros dos; incluso a aquél que no cree en ninguno; porque a Dios, Alá o Yavhé, la Absoluta Inteligencia, se le supone el absoluto respeto, que es la mayor lección que un Ser Supremo puede dar al género humano. Dejemos que ese Ser Supremo nos juzgue cuando lleguemos al más allá sin que ningún hombre ose hacerlo y menos condenar a otro hombre acá en la Tierra, que eso es pecado de ingerencia y soberbia frente a aquel Ser Superior.
La emigración incontrolada puede convertirse en el Caballo de Troya cuya panza encierre y esconda a fanáticos e iluminados que con sus teas religiosas arrasen la ciudad eterna de la libertad. Y con la sinceridad que obliga a buen caballero diré que yo no me veo con alfanje colgante y rodeada mi cabeza de hermoso turbante. De niño luché al lado del Guerrero del Antifaz y ni de mayor se me ha pasado la querencia.
Mientras tanto aprendamos la Historia propia, con las revisiones inherentes a toda obra humana, en este caso la de España, porque aquí nacimos y vivimos. Y hemos dicho que si de los emigrantes que llegan hay quien quiere quedarse con nosotros para siempre tiene que saber que tenemos escuela propia, lengua propia, civilización y cultura propia, costumbres, tradiciones, principios y valores propios…porque de la contrario esto no sería ya España, a la que han venido buscando bienestar y, muchos, libertad; esto sería todo Babia, que por cierto es una parte muy pequeña y tranquila de España. O podría llegar a Babelia, sí, la de la Torre de Babel, la de la confusión de lenguas, de la que ya sabemos como acabó y a cuya conversión, ningún español nacido de buena madre está dispuesto a cooperar.
Tampoco queremos que España acabe en Bobelia, nación de todos los bobos del mundo, en la que también viven nuestros separatistas, españoles para su desgracia y la nuestra, y de los que los emigrantes han oído hablar, también para su desgracia, por los bombazos que ponen o mandan poner.
Así que a trabajar todos juntos por un proyecto de vida abierto, común, español, europeo y universal Y ¿la religión? Quien la tenga que la guarde como carné individual en la cartera del alma con un lema eterno:”amaos los unos a los otros…”, dentro del infinito campo de la libertad.
Pedro Conde Soladana

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