SE COGE ANTES A UN MENTIROSO QUE A UN COJO. EL IMPACTO REAL DE LA INMIGRACIÓN... ¿NO QUEDAMOS EN QUE ERA TAN BUENA PARA ESPAÑA? ("EXPANSIÓN" 18/I/07).
La renta per cápita española sufre ya el impacto de la inmigración
El Instituto Nacional de Estadística (INE) despertó a los españoles con una mala noticia la primera mañana laboral de enero: son un poco más pobres de lo que pensaban en Nochevieja.
El ritmo de avance del PIB se acerca a ritmos del 4% y, sin embargo, la renta per cápita ha iniciado ya la senda descendente. Los españoles, así, no siempre notan en el bolsillo que España es una de las economías que más crece de Europa.
Dos son los responsables de este cambio de tendencia. De un lado, el envejecimiento de la población, y, de otro, el fuerte boom de la inmigración, dos factores que se han unido para disparar los datos de población. En concreto, España entró en 2006 con 44.103.000 habitantes.
En junio, el INE presentó el censo de 2006, computando entonces un total de 44.395.300 españoles. ¿Era la cifra definitiva? No, tampoco lo era en esa ocasión para uno de los países europeos con mayores flujos migratorios. El dato final de 2006 lo dio en enero de este año, cuando revisó sus estadísticas para anunciar que en España viven 44.708.964, es decir, unas 600.000 más que las estimadas doce meses antes. A esta cifra habría que añadir después el colectivo de inmigrantes sin papeles, que ascienden a más de un millón –cifra que se obtiene al compara la población total extrajera empadronada con los que tienen sus papeles en regla–.
El impacto sobre la renta por habitante es inmediato: hay el mismo dinero –el volumen total del PIB en 2006 era de 975.000 millones de euros, importe que llegará al billón este año– para repartir entre más gente. En concreto, el PIB por habitante, que hasta 2005 recorría la senda ascendente superando los 22.000 euros, se quedó en 2006 en niveles cercanos a los 21.800, cantidad que aún podría reducirse hasta poco más de 21.600 euros per cápita si el ritmo de aumento de la población prosigue en las proporciones actuales.
La explicación radica en que los trabajadores inmigrantes que se han incorporado al mercado laboral español han ayudado a reducir a mínimos el paro; y, de hecho, este colectivo ha sido muy beneficioso para la economía nacional, aumentado la riqueza española durante los últimos años gracias al incremento del consumo privado. El primer impacto de la inmigración, así, se tradujo en un avance de la convergencia con la UE.
Sin embargo, según pasa el tiempo, el escenario presenta una contrapartida: al concentrarse en sectores de baja cualificación, como la construcción o el servicio doméstico, también han reducido la productividad, que avanza a exiguas tasas del 0,6% y tampoco en 2007 llegarán al 1%. Este efecto continuará durante este año, en el que Eurostat estima que España recibirá el 30% de los inmigrantes que elijan Europa como lugar de residencia.
La economía nacional, así, no logrará escalar puestos en el ranking comunitario: según las previsiones de la Comisión Europea, España se sitúa como el octavo país de la zona del euro en términos de crecimiento por habitante, pese a que el diferencial de avance del PIB supera un punto porcentual. El proceso se agrava si se tiene en cuenta que, además, también es la segunda economía de los Doce en caída del poder adquisitivo de los salarios, que sufren los coletazos de las elevadas tasas de inflación.
