La Coctelera

Categoría: OPINIÓN

EL CORDÓN UMBILICAL (PEDRO CONDE EN "MINUTO DIGITAL").

Al querer acabar con el ser de España, con su Historia, pasado y tradiciones, quienes lo intentan desde hace más de un siglo para sustituirla por pedazos informes de ese propio ser, han venido a mostrar su ínfima calidad como personas, como ciudadanos y como políticos, en los últimos treinta y tantos años de esta democracia que les ha permitido su juego destructor.

La amalgama que conforma esa masa-minoría separatista de nativos, oriundos, renegados, chaqueteros, conversos...ha dejado ver su raquítica talla intelectual y su nula ética. Por el contrario, y sustituyendo a estas carencias en la virtud y en los valores, han puesto a la vista sus grandes vicios: espíritus corrompidos y corruptores, nepotismo descarado, alma de traidores, con un solo criterio y objetivo cual es la ambición de poder acompañada de la rapiña y saqueo de la hacienda pública.

Y con esos mimbres quieren construir no sé qué nuevas naciones, paridas por el vientre muerto de la madre asesinada. ¿Qué podría nacer ya de ésta que no sean fetos malformados si es que llegan a supervivir a ese parto abortivo? Sí, fetos-nación como no podrían ser otra cosa las presuntas nación vasca, catalana, gallega o cualquier otra. Y a su frente y gobierno unos personajes mediocres, usurpadores, insolventes, demagogos, tramposos, mentecatos, asesinos de la verdad, viles hasta la traición, prevaricadores; individuos sin honor y, finalmente, fugitivos porque nunca se atreverán a encarar la hora de su gigantesca responsabilidad ante la Historia. Ironías del destino, siendo enanos de espíritu, sus acciones les han convertido en gigantescos monstruos de destrucción.

¿Hay motivos para la esperanza de que las cosas no sigan este derrotero hasta la desmembración de España a manos de fulleros metidos a políticos? Cualquier proyecto puede ser digno de respeto si nace de la sana creencia y querencia, si no está manchado por la falsedad y, en este caso, además por la ambición de cabezas de ratón y la rapacidad propia de bucaneros.

En esos días cercanos de fervor patriótico, en los que la bandera ha salido a la calle sin los complejos que durante todos estos años de democracia habían impedido que aquélla flameara en sus propias tierras de España, se ha hecho un hueco a esa esperanza. Y por qué motivo tan simple pero tan entrañable: la selección española de fútbol ha ganado la copa del mundo por primera vez.

Muchedumbres, familias, ancianos, niños, jóvenes, mujeres, hombres...han lucido esa bandera o la camiseta y sus colores con fervor, con pasión de Patria. Esos cánticos de "yo soy español, español" y los otros vibrantes y multitudinarios vivas a España; ese himno, hoy sin letra, tatareado desde el fondo de las gargantas; esas enseñas en balcones, ventanas, bares; o portadas por coches, camiones, autobuses, incluso en carretillas de jardineros como yo mismo he visto durante días desde mi ventana, son el cordón umbilical por donde corre la sangre entre la Patria y su pueblo. He ahí nuestra esperanza. He aquí el recuerdo expectante de otras ocasiones en que España ha estado en peligro y en el mismo límite de la última hora ese pueblo, el español, se ha levantado por su Patria. Cabe la esperanza. Cuando presiento las angustias de esa última hora, me acuerdo siempre de la anécdota que el navarro José Antonio Jáuregui, catedrático y antropólogo, contaba de su viaje a EEUU para ocupar una cátedra. Al embarcar en el aeropuerto de Barajas, le dijo a un guardia civil que le cuidara hasta su vuelta a la sufrida o dolorida o decaída España. A lo que el agente le vino a contestar que no se preocupara, que España había salido siempre de todos los momentos difíciles y la prueba era que aquí seguía.

Ya sé que la celebración de la victoria en el fútbol puede verse como un fervorín patriótico. Y lo es; pero nadie puede negar que en esa relación causa efecto aunque la causa parezca tan nimia, el efecto ha sido impresionante, y por qué no, sorprendente.

Quizá habría que preguntarse también por qué esa eclosión de patriotismo ha saltado por un motivo tan elemental y aleatorio y no lo hace por otros más profundos y trascendentales o dolorosos como el terrorismo; o contra un Estatuto secesionista, o por una economía nacional destruida por la incompetencia y la insensatez. Yo no tengo duda. La respuesta es una clase política dirigente que sabedora de la baja formación y cultura de ese mismo pueblo, de las que ella misma es responsable, manipula, desvirtúa, mercadea con asuntos tan graves como el propio ser de España, en vez de poner los remedios justos, exactos y, en su caso, radicales. En su lugar, se dedica a defender sus intereses de partido y clase privilegiada en vez de hacerlo con los intereses generales de España. Esto el pueblo lo ve y lo sufre; y eso al pueblo le produce hastío, peligrosa indiferencia y asco. Sí, asco de la política.

Precisamente estos días, al ver en las calles a las masas enfervorizadas con sus banderas en las manos se me ocurría no sé si una extravagancia, una prueba o un deseo. ¿Qué hubiera ocurrido en esos momentos si por los altavoces de toda España se hubiera oído al unísono la proclama de aquel alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, en mayo de 1808 contra la invasión napoleónica: "Españoles, la Patria está en peligro, acudid a salvarla". Ante el rugido del pueblo, los mercachifles y traidores se hubieran arrojado al mar.

El pueblo español quiere tener su Patria y nadie se la puede arrebatar. Sólo depende de un liderazgo sabio, leal, decente y sentido. Como siempre: "Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor".

UNA SORPRESA AGRADABLE EN "HISPANIAINFO". "LA CASA DE LOS PERROS".

EN MEDIO DE LA BASURA EN QUE HAN CONVERTIDO LOS FOROS DE INTERNET LOS DEFENSORES DEL SECTOR OFICIALISTA DE FE-JONS -QUE HAN HECHO DEL INSULTO SISTEMÁTICO UN ARMA POLÍTICA DE INTENSIDAD DESCONOCIDA HASTA AHORA EN NUESTRO UNIVERSO POLÍTICO- PODEMOS ENCONTRARNOS CON INTERVENCIONES POSITIVAS COMO LA QUE TRANSCRIBIMOS, FIRMADA POR UN CAMARADA QUE FIRMA "FES". LOS ANTIGUOS MIEMBROS DEL FES AGRUPÁNDOSE, DE NUEVO, BAJO LA BANDERA ROJA Y NEGRA  EN EL COLECTIVO "LA CASA DE LOS PERROS" (UN ALBERGUE DE LA GRANJA EN EL QUE SE REUNÍAN EN LOS AÑOS 60 Y 70). REPRODUCIMOS ESA INTERVENCIÓN COMO MUESTRA DE QUE NO TODO ESTÁ PERDIDO, Y DE QUE ES POSIBLE SEGUIR ENCONTRANDO EJEMPLOS POSITIVOS ENTRE LA MEDIOCRIDAD, LA ESTUPIDEZ Y LA DECADENCIA. ESPERAMOS UN DÍA CONOCER AL AUTOR DE ESTAS LÍNEAS Y ESTRECHAR SU MANO. ESTE ES SU TEXTO: 

Para conocer la Falange es necesario conocer la doctrina joseantoniana. Pero no es suficiente. Es imprescindible "vivir la Falange".

Me lo comentaba el autor de este artículo en fecha reciente. Me hablaba de un "camarada" dudoso con un magnífico "pedigree" falangista: hijo de un antiguo seuísta que escribía como los ángeles. Hace cuarenta años tratamos, por poco tiempo, a un supuesto "Príncipe azul" de la Falange, como le llamaron desde el Diario PUEBLO de nuestro admirado periodista Emilio Romero, que hizo sinceros elogios de los militantes del FES, de los que no voy a hacer reseña por razones evidentes. Pero refiriéndonos a aquel "Príncipe azul -del más ilustre apellido de la Falange- la constancia que nos queda es que se bañaron vestidos en la piscina del Palacio de la Zarzuela el Príncipe de España, Juan Carlos, y el "Príncipe azul", Miguel, cuando éste corrió a contarle -como amigo personal- que en el Consejo del Reino se había acordado proponerle como sucesor a la Jefatura del Estado, a indicación de quien tenía que decidir al respecto. Cosas de aquel Régimen de la Democracia Orgánica.

Cuento lo de estos dos dudosos camaradas -a los que respeto muy sinceramente a nivel personal y político- para confirmar la teoría del autor de este artículo de que para ser falangista hay que "vivir la Falange". No basta con los "genes", ni con haber tratado y admirado muy de cerca a falangistas de la familia. Tampoco confirma la condición falangista el ser un estudioso de la filosofía política de José Antonio Primo de Rivera.

El artículo de este integrante del colectivo "Desde la Casa de los Perros" es, sencillamente, magnífico. Por lo que quiere decirnos y por lo muy bien escrito que está. Conocer la Falange, vivir la Falange y ser falangista son tres etapas inevitablemente consecutivas. Nunca podremos pagar muchos de nosotros la deuda con aquellos jóvenes mandos de las Falanges Juveniles de Franco y del Frente de Juventudes, que nos enseñaron -viviéndolo- a ser falangistas de José Antonio. Marchas, campamentos, albergues, formación doctrinal y humana, rebeldía, amor a la justicia social, a España, al esfuerzo y al sacrificio personales para ser un poco mejores cada día, canciones que nos llenaban el corazón de patriotismo, de espíritu de servicio, ..... Y sobre todo -por encima de toda otra consideración de militancia- poner siempre primero La Santa Hermandad de la Falange.

Esa fue la semilla que alguien puso en el alma del autor de este artículo, para la historia personal que tan brillantemente nos ha dejado en Hispaniainfo. El y yo hemos cantado, muchas veces, con nuestros camaradas del FES, aquella estrofa del himno de la Academia de Mandos José Antonio: "... y en las tinieblas que hoy en luz torné/aguilas de imperio volarán/sobre el afán que yo sembré en tu corazón...".

Conocer la Falange. Vivir la Falange. Ser falangistas. ¡Reconstruir la Falange de José Antonio!

PROHIBICIÓN DE LOS TOROS EN CATALUÑA (RICARDO SAÉNZ DE YNESTRILLAS EN SU BLOG).

En tiempos de Franco quienes tenían interés en ver películas porno, se veían en la obligación de cruzar la frontera y acudir a Francia a presenciarlo, porque aquí, en España, estaba prohibido.

Ahora no es preciso cruzar la frontera para eso, mas sí para vivir en paz. En España, y eso incluye Cataluña, se prohíbe hablar, y aprender y escribir la lengua oficial española en varias de sus comunidades, bajo pena de fuerte sanción administrativa. Se prohibe la exhibición de banderas nacionales en los balcones oficiales de los ayuntamientos españoles, y eso incluye Cataluña. Y, siempre que se puede, se evita y se sanciona, y se persigue su exhibición pública en cualquier lugar de Cataluña. Se quieren eliminar las muñecas flamencas, y luego vendrá el flamenco y todo lo demás que suene o huela a raíces españolas e históricas. 

En el resto de España, mientras, se prohíbe conducir a más de 120, 90, 60, 50  kilómetros por hora, o menos, en según que vías. Velocidades en vigor hace cerca de un siglo cuando las carreteras eran apenas caminos de cabras y los vehículos, bicicletas grandes con un pequeño motorcillo. Hoy día, casi cualquier vehículo alcanza los 180 kilómetros por hora, y muchos de ellos los 200 o más sin suponer ningún esfuerzo para su motor, y lo hacen sobre carreteras amplias, firmes, sólidas y de dos, tres o cuatro carriles. Pero las velocidades máximas, bajo sanciones desproporcionadas y despojamiento del permiso de conducir, son las que he mencionado más arriba.

Se prohíbe fumar. En una sociedad en la que, los de mi quinta, nos criamos con la imagen de nuestros padres con el pitillo en la boca todo el día y nuestros máximos referentes cinematográficos haciendo gala y exhibición de la hombría en unos casos, y la feminidad en otros que tal "hábito" suponía. Campañas multimillonarísimas de publicidad para convencer explícita o implícitamente de lo chulo que es el fumar y para generar beneficios desorbitantes que el Estado asume en la mitad de los ingresos de la venta del tabaco para ,ahora, que se siguen llevando buena parte del beneficio, prohibirlo en casi todas partes. 

Esta prohibido conducir sin cinturón, circular en moto sin casco -cuando es exlusivamente la propia seguridad la que está en juego-, hablar por el móvil en el coche -como si no se distrajera uno igual hablando mediante el manos libres-. Y beber. Y  leer, difundir, editar o escribir determinadas cosas. Esta prohibido pensar, en general, y de una forma que cuestione el sistema partitocrático, en particular. Incluso, en España, ¡ES DELITO!porque el Estado de las libertades no es sino EL ESTADO DE LA REPRESIÓN. 

Quienes me conocen saben que no soy especialmente aficionado a las Corridas de Toros. Hace unas semanas me invitaron unos amigos míos y, al atravesar el patio inferior de la plaza, todos ellos firmaron a favor de conservar la Fiesta Nacional. Yo no firmé. Pero respeto por encima de todas las cosas LA LIBERTAD. 
Los Toros, además de una Fiesta Nacional, que es lo que molesta en realidad, es un negocio que da de comer a miles de personas. Ninguna abandonará tal negocio sino que lo trasladará al resto de España provocándose con ello que los aficionados taurinos atraviesen los límites de Cataluña -cada vez más parecidos a una frontera por medio de los peajes- para disfrutar de su afición y su negocio. Como antes con el porno.

Casualmente quienes han apoyado LA PROHIBICIÓN de los Toros en Cataluña, son los mismos que han excluído de la misma la tortura que supone la fiesta de los correbous. En los municipios de las tierras del Ebro las celebraciones con toros son una tradición centenaria que ningún partido político, especialmente los nacionalistas catalanes, se atreve a cuestionar. Los correbous [corretoros, en traducción literal del catalán] son los encierros propios de las fiestas mayores en las localidades de la zona. En ellos, los animales son cercados y más o menos maltratados según el lugar, la tradición -en algunos pueblos se le ponen bolas de fuego en los cuernos- o las ocurrencias improvisadas de los jóvenes armados con palos y barrotes durante las fiestas.
Los políticos asumen que prohibirlos supondría un coste político impagable. Por ello desde el inicio del debate aseguraron a las bases locales que la prohibición a las corridas iría de la mano de una norma que blindaría a los encierros con una ley específica. El argumento consensuado es que a estos toros locales no se les da muerte...

No se les da muerte ante el público. Se hace mediante una descarga eléctrica en los correspondientes campos de exterminio

Son los mismos que apoyan la ley del aborto, y lo desean libre y gratuito, porque maltratar un animal, según quién lo haga y dónde, está bien o hay que prohibirlo. Pero el asesinato de bebés inocentes e indefensos en el seno materno hay que promocionarlo en cualquier lugar.

Son estos "progresistas" de palo, los que prohibirían de nuevo el alcohol, ya intentan prohibir el tabaco y prohiben el consumo de drogas del que se financian gobiernos y estados sobre la sangre de miles de hombres y mujeres inocentes y míseros, por su empecinamiento de no legalizarlo.

El toro y su final, a quienes han conseguido prohibir la fiesta, les importa un carajo. Sólo tratan de manipular, una vez más, a su antojo,  a las multitudes que les jalean mientra torturan a los mismos en los encierros y los  correbous, que después serán exterminados con una descarga eléctrica.

Hago mías las célebres palabras de Voltaire: "No estoy de acuerdo con lo que dices (o haces), pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo."

Frente a la HIPOCRESÍA Y la REPRESIÓN, yo abogo por la LIBERTAD.

ASOMBROSO. BAKUNIN PREDIJO LAS ACTITUDES DE "LA CAMARILLA" YA EN 1.869.

Ya en el año 1.869 el genial MIJAIL BAKUNIN adivinó el peligro que, para cualquier organización revolucionaria, supone la ocupación de sus cargos dirigentes por personas de escasa instrucción, recelo hacia individuos más educados de otra clase social y constante temor de ser desalojados de sus pequeños ámbitos de poder por personas de una educación más completa. En la pugna que estamos manteniendo con el sector oficialista de FE-JONS hemos podido ver cómo se hace un arma política del resentimiento social, primando la procedencia popular de determinados individuos para ejercer cargos dentro del partido frente a personas de otra extracción social, al parecer más elevada (siempre al decir de estos curiosísimos y estrafalarios elementos). En concreto, de los falangistas de la Sierra se ha dicho de todo y siempre cómico (demostrativo de la escasa talla del adversario): que vivimos todos en urbanizaciones privadas, que somos todos millonarios, que tenemos servicio filipino, que somos falangistas armani que ejercemos mal nuestra profesión, que no sabemos plantear querellas... siempre utilizando nuestras características sociales o profesionales para atacarnos. En especial, esto se ha manifestado de manera durísima en la persona de NACHO TOLEDANO, haciendo gala de unos modos y actitudes en el ataque nunca vistas antes en nuestro universo político, y esgrimidas con el único fin de hacerle abandonar en sus posturas críticas (por cierto, siempre expresadas de una forma correcta de la que estamos TODOS orgullosos).

Esta absolutamente aberrante interpretación revolucionaria hubiera excluído de los cargos de responsabilidad en la organización a personas tales como, por ejemplo, el propio José Antonio. Y es que un abogado con Despacho en la Calle Serrano, hablando tres idiomas, Marqués, Grande de España, elegante en el vestir y en el trato social, y provisto de un altísimo nivel adquisitivo no hubiera pasado el test de estos modernos integristas. No hubiera encajado -en absoluto- en el mundo del "trabajo bien hecho" y de las explicaciones para tontos.  Estas visiones surrealistas del papel de las personas según la clase social a la que pertenecen, eran más propias -en el pasado, porque ya ni ellos las practican- del marxismo más rancio y ortodoxo que del nacionalsindicalismo. Erradicar estas ignorantes afirmaciones es otra de las asignaturas pendientes de nuestro movimiento.

Esto es lo que dijo BAKUNIN... ¿os suena de algo? ¿a quién os recuerda? 

Cuando hablamos de la necesidad de una exclusión absoluta del elemento burgués, de toda influencia y alianza burguesa, de la organización del nuevo poder del proletariado, entendemos por ello la exclusión de la burguesía como clase, la de todo pensamiento y de toda política burgueses, y no la de individuos convencidos y devotos que, si bien nacidos y educados en el medio burgués, dan la espalda a su clase y, rompiendo todas las relaciones de interés, de vanidad y de sentimiento con ella, terminan por entregarse en cuerpo y alma a la causa del proletariado, identificándose con sus aspiraciones, abrazando sus pasiones legitimas y aceptando todo su programa, que es al mismo tiempo el del futuro. Estos individuos son preciosos a causa de su instrucción y del conocimiento de la política burguesa, que aportan -no la política sino su conocimiento indispensable- a las masas obreras... Existe en la clase obrera un pequeño número de obreros a medias literatos, vanidosos, ambiciosos, y que con toda justicia podrían ser llamados obreros-burgueses. Les gusta aparecer como jefes, como los hombres de Estado de las organizaciones obreras, y se entiende que teman la competencia de los hombres salidos de la clase burguesa, a menudo más devotos, más modestos  y menos ambiciosos que ellos mismos, pero que podrían, sin quererlo, eclipsarles y aplastarles con la superioridad de su educación. Siempre he visto que esta protesta contra la admidsión de los bugueses francamente devotos no procedía de la masa obrera, la cual, con el sentimiento de su propia fuerza, no conoce esos temores mezquinos, sino precisamente de esos jefes pretenciosos y ambiciosos que, escondiendo bajo su blusa obrera intenciones muy poco socialistas, y prestándose de buena gana a todas las intrigas de la política burguesa, con gran frecuencia se convierten en factores de la reacción. 

 (MIJAIL BAKUNIN. UNAS PALABRAS A MIS JÓVENES HERMANOS DE RUSIA (1869). Edición Colección Austral. Página 309).

DEBATE EN "HISPANIAINFO". JUAN FERNÁNDEZ KROHN EN CONTRA DE LA SINDICACIÓN MILITAR.

En pleno verano, con muchas semanas todavía de vacación estival delante nuestra -para los unos o para los otros-, es tal vez mucho pedir a algunos -¿muchos, pocos?- el tener presentes en el recuerdo o dedicar un minuto de atención siquiera a los militares españoles destinados mundo a través en diferentes zonas del planeta, teatros de conflictos armados, ya sea en estado latente como en el Líbano; o en el Afganistán en llamas en cambio. Y del estado de indiferencia generalizado en la opinión nos dejamos contagiar mas o menos todos, lo confieso.

Hasta el punto que hacen falta a veces toques de clarín para llamarnos al orden. Como lo habrán sido ahora las voces en favor de un sindicalismo militar al socaire del recobro de actualidad de todo un panel de problemática militar en relación estrecha con la nueva ley de derechos y deberes de los militares que se viene a sumar -en la misma linea de voluntad reformista del ejecutivo socialista- a la ley de la Carrera Militar, para lo que se tiene anunciada una manifestación el próximo mes de octubre en Melilla. Sindicalismo y milicia, "contradictio in terminis"

Y pronunciándome así se diría que me sitúo voluntariamente casi un siglo atrás resucitando la polémica que arrastraría la aparición de las Juntas de Defensa y su corolario fatal de rivalidad y oposición entre militares junteros y africanistas que se acabaría saldando a favor de estos últimos con la Dictadura de Primo de Rivera. "Son una maravilla los argumentos de esos traidores" escribía el duque de Alba en relación con los insurrectos protestantes. Y sin querer ofender a nadie diré aquí que no dejan de parecerme una maravilla de elocuencia también la gama de argumentos que desplegan ahora los partidarios de la formación de sindicatos militares.

Olvidan, se les va de la cabeza en la discusión un dato o elemento fundamental y lo es la guerra, rezón de ser de todos los ejércitos. Sol negro que hace madurar a los hombres, surcado hoy como ayer de enigmas y de misterios. Y que algunos intentaron de siempre descifrar por la vía fácil de la negativa, y me refiero al pacifismo y a los pacifistas. En el diario belga Le Soir, en su numero de hoy, viene un reportaje a toda plana y en doble pagina de un caso -de "colaborador"- de pacifismo emblemático si lo haya y es el de los pacifistas pro/alemanes que cundieron como hongos en los países europeos en el período de entreguerras que predicaban un acercamiento a la Alemania nazi con el fin declarado (casi exclusivo) de evitar una nueva guerra como la del 14.

En España, el fenómeno no se dió por razones obvias, a saber la guerra civil y también la neutralidad española en la primera guerra mundial que nos libró -al contrario de lo que fue el caso en la mayor parte de los demás países europeos- de todo un aluvión de testigos desencantados de la guerra y de la vida en las trincheras, en primera linea de frente o en la retaguardia; si se exceptúan no obstante casos aislados y un tanto atípicos de antiguos combatientes (u observadores en directo) de la guerra colonial a izquierdas como a derechas como lo ilustran, en paralelo, los casos de Ernesto Giménez Caballero o de Lluys Santa Marina, por un lado; y del otro, el de Díaz Fernández o Arturo Barea (azañista el uno, anarquista el otro) Y el carácter atípico de sus testimonios lo sería por partida doble por decirlo así; en la medida que la guerra colonial en Marruecos ofrecía igualmente no pocos trazos atípicos por tantos y tantos conceptos.

Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla. Y está claro que los apóstoles del (nuevo) sindicalismo militar -donde quiera que se vean situados, a izquierdas como a derechas- sufren por lo general, sino de amnesia, sí de una falta de conocimiento cabal y profundo de ciertos capítulos de nuestra propia historia, y me refiero a la guerra civil ya sus prolegómenos por cierto; y sufren también -algo poco realzado y subrayado- de falta de atención o de desinterés por la historia comparativa, quiero decir relacionada con la historia de otros pueblos, incluso en lo que se refiere a la historia de los paises hispanos.

Porque está claro hoy -y el paso del tiempo no hace más que afianzarnos en la idea- que el alzamiento cívico/militar chileno del 11 de Septiembre del 73 -o para entendernos mejor el golpe/de/Pinochet- ofrecería la confirmación de una de las grandes lecciones que nos legaría el estallido de la guerra civil española y fue que la división de la cúpula militar -con su colorario fatal del fracaso inicial del Alzamiento o de la Gran Conspiración como lo llamaría Ricardo de la Cierva-, en ciertos puntos claves en donde, en pura lógica militar, no tendría por qué haber fracasado, fue la causa principal y determinante del estallido de la guerra civil; lo mismo que la unión del ejército en Chile garantizó en cambio el triunfo del alzamiento militar desde los primeros momentos evitándose así una guerra civil entre chilenos.

Y entre las causas de división figuraría en primer lugar la política anti-militar -de cuño azañista- de la II República; pero también -entre los factores de caracter endógeno- un resurgir por aquellos años de la vieja tradición juntera. Disciplina, virtud castrense y razón de ser y ley de supervivencia de los ejércitos y de las naciones a las que sirven. Como lo ilustraría sin ir mas lejos el ejemplo del propio Franco.

Confieso que sin tener (creo) un problema particular con el cumplimiento de deberes de obediencia a los que me habré visto obligado a lo largo de mi vida, no es la disciplina la faceta que más me sedujo hasta hoy del ideal de la milicia o de la vida castrense. En el campamento del Robledo, en la milicia universitaria, al que "sobreviví" por así decir pero en el que no todo fue color de rosas, como no lo fue tampoco del todo en mi período de prácticas de sargento de IPS -que tuvo algo de purga (o persecución) política, como aquí ya cereo haberlo contado a veces- circulaba de moneda corriente la expresión (de claro signo despectivo) de "prusianos" para designar a los que mas se destacaban o por su vocación militar o por su afición a todo lo relacionado con ese género de vida y en particular con la vida medio campamental, medio cuartelera que allí dentro (al are libre) llevábamos. Nunca me ví así tratado -entre paréntesis-, que conste.

"Corruptio optimi pessima" reza el adagio escolástico. Lo peor es la corrupción de lo mejor. Y sin duda que en la obsesión prusiana (y germánica) por la disciplina llevada a unos extremos de inhumanidad en la historia de aquella nación que se harían tan proverbiales, se escondía una deformación de raíz de la virtud de obediencia castrense, sanamente practicada y entendida.

Corre una leyenda paralela a la leyenda negra o si se prefiere formando indisociablemente parte de ella que las guerras de Flandes se perdieron por una indisciplina secular que hacia estragos en las filas de los tercios españoles. Y no hay nada mas falso desde luego. Lo que no dejaría no obstante de agravar el pesado sentimiento de inferioridad nacional -en relación con otro s países- que arrastramos los españoles tras siglos de decadencia. Y en particular por culpa de esa imagen en negro que los otros no dejan de proyectar sobre la forma de ser de los españoles; de seres anárquicos e indisciplinados.

La guerra en los países bajos se acabó perdiendo -pero no en Flandes como ya habremos visto- por falta sobre todo de visión política y a la vez histórica y estratégica por supuesto, en las mas altas instancias dirigentes de la monarquía de los Austrias. E incluso el fenómeno endémico, es cierto que tanto se invoca, de los motines de tropas mal pagadas -o sin verse (casi) nunca pagadas siquiera- acabaría viéndose integrado para pasar a formar parte decisivamente en el buen funcionamiento interno del engranaje o maquinaria de guerra de los tercios de Flandes; e incluso de su propia logística o sistema de economía de guerra.

Y una lectura detallada y minuciosa de aquel capítulo de nuestra historia muestra que las tropas mas amotinadas eran con frecuencia las mas heroicas y aguerridas -lo que no dejan de recordar (a su manera) las aventuras del capitán Alatriste en las novelas de Pérez-Reverte- como ocurrió en el (llamado) "saco de Amberes" en donde se acabaron concentrando en búsqueda de redención -quiero decir del perdón de sus propios mandos- tropas amotinadas en diferentes lugares de las zonas de los países bajos de entonces afectadas por el conflicto.

Otra lección de crucial importancia nos la ofrecen los cuarenta años de lucha que arrastramos todos los españoles contra la agresión terrorista en el país vasco. De entre las lista innúmera de las víctimas de la ETA es notorio que un gran porcentaje lo constituirían miembros de los institutos armados. Y en ningún caso se puede decir que su muerte corriera pareja con un quebrantamiento cualquiera de la disciplina.

Y en algunos casos incluso se puede decir que su suerte trágica se vería decida en la situaciones particularmente expuestas en las que se veían colocados precisamente por obediencia y disciplina y me viene a mente el caso tan emblemático y revelador del comandante Ricardo Saenz de Ynestrillas. Fueron disciplinados al precio de sus vidas. Pero la culpa (de su muerte) no fue suya ni de su actitud (ejemplar) de obediencia y disciplina -en lo castrense me refiero-, sino de las más altas instancias del gobierno de la nación que tenían encomendados el deber sagrado de defenderles y de protegerles.

Franco practicó durante los años de su carrera militar el culto a la disciplina al precio incluso de sus propias convicciones personales, como lo ilustraría su actitud de acatamiento -rubricada por un discurso célebre- con ocasión del cierre, por orden de las nuevas autoridades de la república, de la Academia militar (general) de Zaragoza; y su cruce al final del Rubicón, en ruptura del juramento de disciplina prestado al gobierno legalmente/constituido, fue de esos actos fundacionales -de legitimación- que se explican y se cubren y justifican por si solos, y justifican a su vez todo lo que se les seguiría.

Y con todo lo que precede no quiero partir una lanza cualquiera ni contribuir a reabrir o resucitar tampoco el viejo debate y la vieja rivalidad histórica entre militares junteros y africanistas. Con el alzamiento del 18 de Julio, es cierto, triunfaron los africanistas; el ejercito de África que se había mantenido unido como un apiña mientras que en la península mas permeable a la mentallidad juntera se vería lo que se vería. La moraleja no puede estar mas clara a mi juicio...Y sin embargo en el primer acto institucional de los sublevados -la formación de una Junta de Defensa- se podía ver un homenaje de reconocimiento a la mentalidad juntera por discreto que fuera..

Y era porque todo se jugaba entonces en el plano de la reivindicaciones supremas; un ser o no ser de la nación lo que entonces estuvo en juego. Y mientras llegan esos momentos cruciales, asociados normalmente a grandes hitos históricos, el militar debe opta por propia definición en favor de la obediencia y de la disciplina. Y es la razón íntima y profunda del callejón sin salida -en la opinión publica y entre militares me refiero- en el que se encuentran los proyectos de reforma militar que han venido sucesivamente viendo la luz del día.

Porque parece como si las protestas emanadas mayormente de la izquierda contra un proyecto -el de las carreras militares- juzgado demasiado restrictivo vinieran a arrojar discretamente, en definitiva, una cortina de humo en torno al punto crucial del mantenimiento y salvaguarda de la disciplina castrense. Los socialistas -está claro- son enemigos del ejército y mas aun de este ejército descendiente del bando vencedor el Primero de Abril, que les ha caído en suerte -nunca mejor dicho- en virtud de la transición política y al cabo de los distintos avatares de cuarenta años de democracia.

Y se diría que las dos opciones destructoras que manejan con mas premura y destreza lo sean por un lado la vía de los ascensos ("políticos") y por otro el quebrantamiento de la disciplina. El sindicalismo/militar se ve aún oficialmente excluído en las reformas anunciadas; pero como ocurrió en el concilio todo hace temer que los textos acaben abriendo la puerta -la brecha que me diga- a las reformas en lugar de encauzarlas como deberían.

Peligro (inminente) de balcanización. Caveat rex! La disciplina (interna) castrense no se toca.

DEBATE EN "HISPANIAINFO". NACHO TOLEDANO A FAVOR DE LA SINDICACIÓN MILITAR.

Han sido los protagonistas más sacrificados, abnegados y silenciosos de la Transición. Se exigió de ellos un comportamiento excepcional en un tiempo también excepcional. Cumplieron de sobra. Con esta actitud serena y firme, los Militares Españoles rindieron un servicio innegable a la Nación pero, al mismo tiempo, hipotecaron su futura actuación a estos modos resignados y silenciosos. Este comportamiento excepcional -que exigían las concretas circunstancias históricas del momento- se convirtió sin embargo en norma y patrón constante de conducta, a pesar de que las circunstancias han cambíado. Contumaces mudos de uniforme. La resignación concebida como virtud castrense y el silencio entre los valores militares. Y así, año tras año, se ha ido conformando un nuevo -y particularísimo- perfil del Militar Español. Ciudadanos sin opiniones visibles, parecen no tener criterio alguno sobre las gravísimas materias que, ahora más que nunca, nos están afectando a todos. Difícilmente encontraremos un ejemplo similar. El caso de un colectivo que, no se sabe bien si por voluntad propia o por imposición ajena, ha perdido la voz, constituyendo un especialísimo grupo profesional dentro del conjunto de la sociedad española. Un grupo al que no se escucha porque -entre otras cosas- ha perdido toda posibilidad de manifestar sus inquietudes y sus puntos de vista. De esta forma, han asistido impasibles a la adopción -por los sucesivos Gobiernos habidos desde finales de los años setenta- de medidas que les afectan sin poder manifestar nada al respecto. Nada que no sea la más firme adhesión a las mismas, por supuesto.

Se podrían relatar esquemáticamente los acontecimientos históricos de los últimos años españoles marcando como hitos las sucesivas renuncias y demás pérdidas de derechos de los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas. En progresión constante, esta pérdida se ha manifestado no tanto en la pérdida de poder adquisitivo derivada de los salarios militares, sino también en aquellas materias de orden moral -espiritual- que contribuyen a forjar los caracteres propios de cualquier agrupación castrense. Las últimas noticias al respecto vuelven a marcar algunos de estos hitos. Por ejemplo, los recortes salariales aprobados por el Gobierno Zapatero o la privación, por parte de la gestión de la Ministra de Defensa Carmen Chacón, de inveteradas tradiciones castrenses en determinadas ceremonias o ritos.

Mucho se ha venido hablando en estos días del llamado descontento militar a raíz de estos últimos acontecimientos. Y lo primero que debemos plantearnos, siempre y al hablar de este espinoso tema, es -si de verdad- existe tal estado de descontento entre nuestros militares. Porque cabe la posibilidad de que, tras tanto repetir que nuestros soldados carecen de opinión, ellos mismos se lo hayan acabado creyendo. Es posible que, tras años y años de presión gubernamental -más o menos sutil- sobre los Ejércitos, se haya convertido el Militar Español en un ciudadano preocupado únicamente por aquellos extremos indispensables para el desarrollo correcto de su labor profesional. Fuera de estas tres o cuatro cosas esenciales, bien pudiera ser que a nuestros miltares no les interese un comino ni la recesión, ni el ascenso nacionalista, ni la crisis bancaria, ni los instrumentos democráticos de participación directa, pongo por ejemplo. La eterna ficción no sólo de que los soldados no opinan sino de que, además, no tienen derecho a intervenir en la vida pública en ningún caso. Esta circunstancia está en íntima conexión con su prohibición de sindicarse en defensa de sus intereses profesionales.

Creo que los militares tienen derecho no sólo a hablar, sino a luchar por sus legítimos derechos. A crear Sindicatos que les defiendan y que, a la vez, sean el germen de una forma futura de participación en nuestra vida pública. No resulta lógico propugnar una sindicalización de la vida española no reconociendo, al mismo tiempo, este derecho a un importantísimo sector profesional. Tal sería, además, el paso indispensable hacia el modelo de Fuerzas Armadas que estamos propugnando. Siempre y cuando estemos propugnando alguno, claro está. Y es que, para los que creemos que los soldados deberían tener la posibilidad de constituir sindicatos y a trabajar en ellos en defensa de sus intereses propios, la prohibición contenida en el artículo 1 de la Ley de Libertad Sindical resulta demasiado tajante en su limitación. Máxime como cuando, en el caso de España, el art. 28 de la Constitución no prohibe la sindicación militar, sino que la permite en la forma y condiciones que requiera su especialísima función. La cuestión no ha dejado nunca de replantearse. Desde una perspectiva jurídica no han faltado voces que manifiestan que esta prohibición es contraria, además, a la legislación internacional al respecto. El poder político ha venido a limitar todo lo posible la posibilidad de agrupaciones profesionales dentro de los Ejércitos. España y su tradición juntera y ese miedo ancestral de los civiles a cualquier clase de influencia militar en la vida pública.

Y ello es injusto. La inexistencia de sindicatos provoca -de manera directa- una imposibilidad práctica del soldado en canalizar adecuadamente su descontento. De este simple derecho de agruparse y protestar -que disfrutamos todos los españoles por el solo hecho de serlo- carecen los miembros de las Fuerzas Armadas. Esto no deja de tener una importancia capital a la hora de contemplar el marco de las relaciones entre los militares y las distintas instituciones del Estado. Porque, por lógica, las reclamaciones de nuestros soldados no tienen la fuerza suficiente como para presionar eficazmente sobre sus responsables políticos. Muchas veces, no dejan de ser murmuraciones de café o rumores sin ninguna consistencia informativa, dejando al soldado al arbitrio absoluto de cualquier clase de decisión política.

Lo estamos viendo todos los días. Hoy es una carta en un periódico que, firmada por un Coronel retirado, protesta por el trato dado por la Ministra a La Legión. Ayer era la Bandera izada en el Monte Orbea por un grupo de soldados fulminantemente expedientados. Así sucesivamente. Quejas inconexas y aisladas. Protestas individuales y -casi siempre- expresadas en voz baja y con el mayor de los cuidados. Reclamaciones que, en el mejor de los casos, merecen un pequeño espacio en cualquier Diario de tirada nacional y la mirada hacia otro lado del resto de sus compatriotas.

La Transición los ha convertido en los tres monos de la sociedad española. Vivimos en la ficción social de que nuestros soldados ven, oyen y no opinan. Habrá de todo, pero yo creo que existen militares -tal vez los menos todavía- que se están dando cuenta que la situación económica y política ha dado un giro radical, que estamos viviendo un verdadero cataclismo financiero e institucional y que, por estas razones y por muchas más, está desmontándose muy rápidamente el esquema de valores construídos alrededor del consenso constitucional de 1.978. Existe un nuevo Soldado Español, al igual que existe un nuevo modelo de profesional en todos los ámbitos de la vida social y económica. Personas que han tomado conciencia de que se avecinan cambios importantes y que debe trabajarse por nuevas formas sociales más justas. Y así, al igual que ocurre en el resto de los sectores sociales europeos, el primer paso de estos soldados concienciados sería el reconocerse. El segundo, agruparse. Y el tercero, ponerse a trabajar en ello.

Se está avecinando un mundo nuevo. Vivimos un momento verdaderamente excepcional y único. La sociedad está cambiando, y todo ciudadano español tiene derecho a manifestar su opinión respecto a esta sociedad en tránsito. Incluso nuestros militares. Deberían tener la oportunidad de debatir y pronunciarse sobre cuestiones tales como las actuaciones de política exterior de España, dotación presupuestaria, política de ascensos y personal, respeto a las tradiciones militares, progresión nacionalista y unidad nacional o las nuevas condiciones económicas y sociales. En otras palabras... lo normal entre profesionales que quieran defender sus puntos de vista frente a sus respectivos responsables. Partiendo de la base de que existan militares provistos de estas inquietudes, y a la espera de las oportunas reformas legales que permitieran la sindicación militar, puede afirmarse que sólo una adecuada agrupación de estos profesionales -según sus sensibilidades respectivas- podrá servir de palanca de presión eficaz sobre el poder político. Sólo formando núcleos activos dentro de los Ejércitos se podría inquietar lo suficiente a sus responsables políticos como para tomar en consideración sus demandas. Germen de un modelo de sindicación militar alejado de los intentos que, hasta este momento, se han estado realizando sobre la base de un sindicalismo de clase de corte tradicional.

Esos intentos corporativos han demostrado no ser válidos para la realidad militar, si bien nos han ofrecido ejemplos y valiosas experiencias prácticas. En este sentido, y como ejemplo, basta recordar los esfuerzos asociacionistas dentro de la Guardia Civil. En esencia -y en lo que tendrían de novedad- el funcionamiento de estos núcleos -en un primer momento- podría articularse de esta sencilla forma, y a través de la siguiente mecánica de trabajo:

Una primera fase organizativa, en la que se agruparían los integrantes de estos núcleos en función del lugar en el que están destinados. De esta forma, quedarían agrupados estos profesionales por razones de proximidad en un mismo cuartel o situación administrativa. Estos núcleos quedarían coordinados y dirigidos por alguna clase de Mesa Nacional elegida democráticamente. En un primer momento, y dada la casi absoluta certeza sobre la existencia de expedientes disciplinarios y sanciones, no debería darse a conocer públicamente la identidad de los integrantes de estos grupos de trabajo.

Constituído ya el núcleo en cuestión, y después de determinada la forma y condiciones de trabajo, comenzaría su papel de debate y análisis de los puntos a estudio, así como la elaboración de discusiones y propuestas.

En una última fase, las conclusiones, ideas y peticiones se publicarían en todos los Medios de Comunicación que pudieran estar interesados en su difusión. La importancia de la publicación de un documento de esta clase queda fuera de toda duda.

Valgan estas opiniones como una primera reflexión, pero dejando abierta la materia a cualquier reflexión o debate serio. Camaradas habrá con muchísimo más conocimiento que el mío de la cuestión. Abrir un debate acerca de la misma es ya -en si mismo- un factor positivo y dinámico.

LA FALANGE Y LOS SINDICATOS OBREROS III (CEFERINO MAESTÚ EN "HISPANIAINFO").

III UN AÑO DE TRANSICIÓN

1932 fue una etapa de transición para aquella incipientes JONS. Los contactos que, en 1931, se habían establecido con los muchachos de Onésimo Redondo Ortega, que editaban en Valladolid el semanario "Libertad", cuajaron en la unidad de las JONS, cuyo manifiesto firmó, con Onésimo y Ramiro, Antonio Bermúdez Cañete, cordobés procedente de la derecha.

De aquel grupo de Onésimo, diría Ramiro en 1935, tras su separación de la Falange: "Este grupo no ofrecía muchas garantías de fidelidad al espíritu y a los propósitos de las JONS, pues estaba compuesto, en su mayoría, de antiguos "Luises" y con plena formación reaccionaria". Pero Ledesma y los demás fundadores consistas, deseosos de ampliar el radio de la organización y utilizar en lo posible el máximo de colaboraciones, en la creencia de que más tarde llegaría la formación consista de los militantes, no mostraron inconveniente en gestionar el ingreso de este grupo en las JONS, ofreciendo, además a Onésimo Redondo, un puesto en la dirección nacional de Partido.

El 2 de Abril de 1932, Ramiro Ledesma intenta la exposición de sus tesis consistas en la tribuna del Ateneo, pero el público hostil no le dejaba hablar y todo termina a mamporros. Pero se había hecho un acto público de valiente presencia en la forma más audaz que en aquella época era posible concebir.

Guillén Salaya, en su libro, "A las sombras de nuestras vidas", cuenta que la C.N.T. fue la única organización obrera de tipo extremista que permaneció neutral en la reacción izquierdista contra la audaz aparición de las JONS en el panorama político del país.

Dentro de la C.N.T, -sigue diciendo Guillén-, había muchos elementos que tenían grandes simpatías por el nacional-sindicalismo. Su odio al marxismo y su trato continuo con las mentalidades absurdas, obtusas y disparatadas de los ilusos cretinos o criminales anarquistas, los hizo ir percatándose de que era llegado el  momento de ir quemando las tiendas libertarias, con sus espesos sueños utópicos e ingresar en el Nacionalsindicalismo. De aquí que cuando apareció el primer manifiesto antijonsista, con en el que figura la firma de un vocal de la Regional de la C.N.T., esta se apresuró a conminar a quien había hecho tal cosa, haciendo con el ello el juego a los propagandistas de Moscú. Digamos que el firmante -añade Guillén- era un mandante de mucho cuidado. Se hacía llamar Wilkens -era maestro asturiano-, y estuvo condenado a muerte en Rusia en el año 21, ¡por pertenecer a una banda de ladrones de cadáveres!. De la cárcel de Moscú lo sacó el profesor judío marxista Fernando de los Ríos. Wilkens, sin duda, estaba en la organización cenetista al servicio de los socialistas.

Al fracasar el golpe de Estado de 10 de agosto (el organizado por Sanjurjo y que estalló principalmente en Sevilla y Madrid, con éxito parcial solo en la capital andaluza), las JONS sufren una persecución enconada. El Gobierno se propuso acabar - y claro es, no lo consiguió, comenta Guillén, - con aquel brote juvenil e hispánico que con tanto ardor se había tirado al ruedo de la política... La policía de Madrid se desplegó en busca y captura de Ramiro. Pero no logró dar con su paradero. Onésimo, sobre cuya cabeza pesaban catorce años de presidio, con que deseaba obsequiarle el fiscal, huyó primero a Braganza y luego a Oporto. La policía de Valladolid, queriendo quedarse con prensa consista, detuvo a triunvirato local... Con la ausencia de Onésimo muere "Libertad", el gran semanario de combate nacionalsindicalista, dice Guillén Sala, mientras agoniza aquel año de transición que fue 1932 para las JONS.

Pero, antes los consistas ya habían iniciado su acción sindical preparatoria de una operación de altos vuelos.

Con la aparición de las primeras JONS en Madrid, Valladolid y Zaragoza y algunas capitales más de España - cuenta Palma - comenzó la agitación nacional-revolucionaria en las dos grandes centrales sindicales que ejercían el control de la casi totalidad de la clase obrera sindicada, UGT y CNT. Por el triunvirato nacional de las JONS, constituido por Ramiro Ledesma Ramos, Bermúdez Cañete y Onésimo Redondo, se cursaron, por orden circular, a todas las provincias en que había grupo jonsista, las primeras consignas para llevar a cabo una labor eficaz de captación y agitación dentro de las centrales sindicales mencionadas.

Eran estas:

1 Inyectar dentro de los grupos sindicales de dichas centrales todos los elementos obreros afines a nosotros.

2 Que estos camaradas se encarguen de al agitación revoluciona nacional-sindicalista dentro de esos grupos sindicales, hasta conseguir formar una gran potencia de oposición nacional-sindicalista que descomponga la unidad sindical.

3 Una vez desarticulados los cuadros sindicales marxistas y anarquista nos será fácil la constitución de sindicatos revolucionario nacionales y anticlasistas.

4 La forma más fácil y eficaz de conseguir lo que nos proponemos es que, apoyados en la inmoralidad política y económica, y en la traición de que son responsables a diario los jefes marxistas y anarquistas ante los trabajadores de España, se les flagele violentamente en las reuniones y asambleas sindicales para que, poniendo de manifiesto sus conducta, se les desprestigie y se les anule para la acción sindical revolucionaria.

No sabemos si estas consignas - sigue diciendo Palma - llegaron a todos los lugares que se enviaron, por que el servicio de Correos, en manos de los marxistas, intervenía y boicoteaba la correspondencia nacional-sindicalista. Creemos que no, por qué nada se hizo en ese sentido; a Valladolid sí llegaron por qué Onésimo Redondo, que había intervenido en sus elaboración en Madrid, a su regreso las trajo consigo. No había que perder tiempo para probar si éramos capaces de dar la batalla al marxismo y al anarquismo en su propio terreno. Así lo dijo Onésimo el día siguiente de llegar de Madrid con las consignas.

Por entonces, al frente de las JONS de Valladolid - continua escribiendo Gutiérrez Palma - había un triunvirato compuesto por Onésimo, Zataraín y González. Este último era el primer obrero incorporado al nacionalsindicalismo. Trabajaba en el ferrocarril del Norte y nunca había militado en organizaciones de tipo internacionalista... Su gran amor a la causa nacionalsindicalista le llevó a la cárcel y a perder el jornal con que atendía a las necesidades de su casa.

LA FALANGE Y LOS SINDICATOS OBREROS II (CEFERINO MAESTÚ EN "HISPANIAINFO").

II LA HUELGA DE LA TELEFÓNICA

Entonces -sigue diciendo Ramiro- primera semana de Julio (1931), tuvo lugar la famosa huelga telefónica, primera acometida revolucionaria que se desencadenó contra el timorato Gobierno provisional. Pudo ser en efecto el camino de la toma del Poder por los Sindicatos y el ensayo a fondo, de la Revolución social Española. "La Conquista del Estado" encontró en la huelga motivo de agitación contra el pulpo capitalista yanqui, aposentado en la Compañía Telefónica.

De ahí que no ahorrase esfuerzo en favorecer la huelga aun sabiendo, de sobra, el director (del periódico) que tras ella existía un propósito y un plan subversivo para derribar el Gobierno provisional.

Este, tanto por miedo a las represalias del capitalismo estadounidense como por miedo a dicha subversión revolucionaria, se encontraba nerviosísimo ante el desarrollo de la huelga.

"Los sindicalistas que formaban el Comité encargado de dirigir el conflicto, tenían la seguridad de que su misión histórica era servirse de él como palanca revolucionaria. A estos efectos buscaban colaboradores, argumentos, y recibían y aceptaban los ofrecimientos múltiples que se les hacían desde los más variados sectores, no el menor el de la misma policía.

Pero la C.N.T no contaba con un equipo de diez o doce hombres con capacidad de conductores ni de organizadores triunfales de la revolución, entonces ya casi madura pues se daban las circunstancias de un régimen sin constituir, ingenuo y con las defensas fáciles de vulnerar por múltiples puntos. La C.N.T no contaba más que con esa heroica capacidad elemental y primitiva, muchas veces heroica, de sus militantes pero sus hombres, por vicio y defecto inexorable de la ideología anarcosindicalista eran entonces, y lo han sido siempre, en absoluto incompatibles con una técnica revolucionaria eficiente.

El fracaso de la huelga telefónica marca el descenso o, por lo menos, la paralización revolucionara de la C.N.T en 1931. Muchos de sus dirigentes se convencieron de la impotencia cenetista para vencer al Gobierno provisional. Así lo confesaron, en la redacción del periódico, dos o tres de ellos.

Para "La Conquista del Estado", dicha huelga supuso, así mismo, un grave quebranto. No de lectores ni de eficacia, que en eso aumentó, sino de económico y represivo. Económico, por que diversas acciones y actividades, con motivo de la huelga y de la campaña contra la Telefónica, debilitaron la caja del periódico en unas cinco mil pesetas. Y represivo porque, en vista de la de la violencia con que se efectuó esa campaña, enlazándola naturalmente, con la traición del Gobierno, que favorecía de un modo lacayuno los intereses yanquis, se dispuso la Dirección de Seguridad acabar con el Semanario.

A más del encarcelamiento de Ledesma, lo que es lógico supusiese grave contratiempo, se recogía el periódico de una manera sistemática, llevándolo la misma Policía al fiscal. Cinco semanas seguidas fue procesado el directos por diversos títulos, siempre relacionados con la Telefónica o con los separatistas.

Efectivamente, las consecuencias para el incipiente movimiento fueron buenas y malas, como dice Ramiro. Malas porque aquella adhesión a la huelga revolucionaria representó persecución y quebranto económico, pero buenas, sin duda alguna, porque vinculó a los hombres de Ledesma al movimiento obrero más intransigentemente revolucionario, y a sus dirigentes, de lo que se deduciría la posterior incorporación militante a las JONS de hombres como Olalla, Sinforiano Moldes, Nicasio Álvarez de Sotomayor, que tan activo y destacado papel había jugado en la C.N.T.

El 25 de Julio, la Policía intervino la edición de la "Conquista del Estado" cuando ya iban editados 2.000 ejemplares, pero los camaradas saltaron la tapia, por detrás del edificio, y se los llevaron. Se suspendió la salida del periódico y solo pudo reanudarse el 3 de octubre del 1931.

Convencido Ramiro de la necesidad de  promover algo más que un periódico político, el 10 de octubre de 1931 dio a conocer la fundación con sus amigos y con los colaboradores que le quedaban en el periódico, de un movimiento político que bautizaron con el nombre de Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista.

El 30 de Noviembre siguiente presentaron los estatutos jonsistas en la Dirección General de Seguridad, y se iniciaba así una nueva etapa. En la anterior, los sindicatos obreros se acercaron a las JONS y el grupo fundador; en esta, serán los jonsistas los que abran camino propio y se apresten a ala competencia revolucionaria. Al iniciar aquella etapa, las JONS de Ramiro Ledesma contaban con nueve militantes.